Vie 11 Abr 2008
8 Diciembre 2007
Fue un día de niebla, mucha niebla y frío. Vamos, un día perfecto para reunirse en el salón de una casa perdida en las montañas, a la lumbre de la chimenea, para jugar al rol
. La sobremesa empezó con una charla sobre los enemigos de un proyecto narrativo. Me salto la comida porque describir mis artes culinarias es un pecado. ¡Qué vergüenza me dio que estuviera todo frío! Lo siento mucho, chicos. En la próxima, que espero que haya, nos pedimos unas pizzas (o vamos a casa de alguien que sepa cocinar)
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A eso de las cinco, ya calentitos, nos pusimos a jugar. Arantxa (morena, delgada, con la inteligencia desbordando por sus ojos) se convirtió en una rica heredera, David (con una sonrisa que abraza) se convirtió en un parapsicólogo que atinaba poco en sus predicciones
, Manolo (sigue siendo Caramon, aunque no sé si este hace un pastel de jamón y queso tan rico) se transformó en Gordon (imposible imitar en papel el tono con el que lo decía), Ioana (la novia de Carlos) antes de que nos diera tiempo a conocerla ya se había vuelto una detective novata, Carlos se escondió detrás de su panel de máster y ahí estuvo, tejiendo y destejiendo toda la historia, por mi parte me volví una anticuaria que poco sabe de antigüedades y que disfrutó como una enana de toda la partida.
Cuando se acabó y os marchasteis -os vi desaparecer, literalmente, en la niebla- se me quedó un poco acongojada la casa, por lo vacía y callada. Fue iros y empezar a echaros de menos. ¡Qué sentimental que soy a veces!
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