Jue 22 oct 2009
“Noche sangrienta” (Las guerras de los minotauros, vol.I), de Richard A. Knaak
Creado por Gornon en Crítica literaria
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¿Dónde están los minotauros?, por Gornon.
Vaya por delante que soy desde hace mucho tiempo admirador e incluso defensor de la obra de Richard Knaak, sobre todo de su labor dentro de la saga Dragonlance. Y como admirador tanto del autor como de la serie me duele mucho decir que Noche sangrienta es uno de los libros más flojos que me he leído en los últimos años.
Esta crítica se podría resumir con facilidad en una enumeración de todos los puntos negativos que podemos encontrar en la novela. Pero, por lo que he dicho antes, creo que le debo al autor la oportunidad de averiguar las razones por las que este libro ha salido así.
La primera causa la podríamos encontrar en el mal endémico que asola a casi todos los primeros volúmenes de las tradicionales trilogías de fantasía épica: se utiliza gran parte del libro en poner el marco para el desarrollo posterior de la historia. No voy a decir que no pase nada en las trescientas páginas que componen la novela (no en vano la historia empieza con el derrocamiento de un emperador a punta de espada), pero sí es verdad que se nota que el autor se guarda lo verdaderamente importante para los volúmenes siguientes.
Consecuentemente, las pinceladas de lo que puede pasar a partir de ahora son tan superficiales o están tan escondidas que obliga al lector a un ejercicio de imaginación personal que pueden sacarlo de la historia en más de una ocasión. Un ejemplo claro podemos verlo en las condiciones del pacto con los ogros, tan secretas, tan escondidas y a la vez tan terribles que, cuando se desvelan en las últimas páginas, lo único que se te pasa por la cabeza es cómo ha accedido el nuevo emperador minotauro a semejante atrocidad. ¿Qué les ha pasado a los minotauros desde el Verano de Caos para que alguno siquiera considerara la oferta de los ogros?
Y es en la respuesta a esta pregunta donde encuentro la razón por la que Noche sangrienta defrauda: estos no son los hijos de Sargas que yo recuerdo. Para los que hayan leído Kaz, el minotauro o Monstruos del Mar Sangriento supondrá un choque frontal encontrarse una sociedad en la que el honor (que, curiosamente, es el desencadenante para deponer al emperador) deja paso a los intereses personales de unos y otros; por no hablar del fanatismo religioso implantado en el mismo corazón del imperio (aunque este hecho, lejos de suponer un factor en contra, podría dotar a la sociedad minotaura de unos matices hasta ahora desconocidos).
Si a ello añadimos además la poca profundidad de los personajes, arquetípicos y muy planos, nos encontramos con la imposibilidad de identificarnos con ninguno de ellos. Y eso es una herida mortal para una novela.
No voy a cuestionar la prosa de Knaak, ya que en este tipo de libros, quizá por el público al que van dirigidos, es probablemente el aspecto menos cuidado. Pero sí que voy a protestar con vehemencia por la traducción: un traductor debería amoldar el lenguaje extranjero al suyo propio, no limitarse a poner en español las palabras que encuentra escritas en inglés. Porque eso es lo que hace en este libro coma a coma, punto a punto y gerundio a gerundio. Se echa de menos a Mila López (si tenéis la oportunidad de leer Las crónicas perdidas, lo entenderéis).
Pero no todo van a ser cosas malas. La gran trama que nos propone Knaak para esta trilogía es más que interesante. Y si partimos del marco en el que se va desarrollar (en plena Guerra de los Espíritus), más todavía. Eso sí, reconozco que uno tiene que haber viajado por Krynn (y disfrutado con la travesía) para apreciar esos matices, pero no por ello voy a dejar de decirlo.
Incluso puedo avanzar que el segundo volumen, Marea sangrienta, apunta muchas más cosas sólo en los tres primeros capítulos que el que estamos comentando en todas su páginas.
En definitiva, un libro que leerás si eres fan de la Dragonlance y que, si no lo eres, no dedicarás más tiempo que el que hayas empleado en leer este comentario.
Noche sangrienta
Richard A. Knaak
- Editorial: Timun Mas
- Colección: Dragonlance
- Año de publicación: 2004
- Páginas: 320
- Formato: Tapa dura (cartoné)
- ISBN: 84-480-3358-2
- Página oficial de Richard A. Knaak
Entradas relaccionadas:
- “Marea sangrienta” (Las guerras de los minotauros, vol.II), de Richard A. Knaak
- “Imperio sangriento” (Las guerras de los minotauros, vol.III), de Richard A. Knaak
- “El despertar de las almas errantes” (Los héroes malditos, vol.I), de Alfonso Cea
- “El sacrificio de las almas gemelas” (Los héroes malditos, vol.II), de Alfonso Cea
- “Las mentiras de Locke Lamora” (Los caballeros bastardos, vol.I), de Scott Lynch
10 comentarios:
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Me temo que no lo leeré xD
Aunque me ha hecho gracia lo de una sociedad de minotauros ^^U XD
Cual es su origen en dragonlance?
Si te refieres al origen de los minotauros, la corriente que más adeptos mueve es aquella que fecha su origen en el momento en el que la Gema Gris campó a sus anchas por Krynn y produjo alteraciones en varias razas. Concretamente en el caso de los minotauros se trata de la transformación sufrida por los ogros del continente de Taladas.
Y quiero añadir, ahora que llevo más avanzado el segundo volumen de la trilogía, que Knaak ha vuelto por sus fueros. ¡Ahora sí que he encontrado a los minotauros!
“Y eso es una herida mortal para una novela.”
Me ha encantado el comentario y esta frase en concreto
.
Me temo que yo tampoco lo leeré.
Lo de la sociedad de minotauros me llama la atención, pero no sé… es que Teseo es Teseo. Y la leyenda de Pasifae y Minos me gusta tanto. Sin olvidarnos del gran Dédalo, que es influencia de todo aquel que haya metido en alguna historia suya un laberinto.
A estas alturas no tengo que contaros que me apasionan los laberintos, ¿o sí?
Ah, Lady Dragón, tocas un tema muy controvertido dentro de la Literatura Fantástica: la tergiversación de los mitos clásicos.
A estas alturas no soprendo a nadie si digo que soy un acérrimo defensor de esta técnica. Creo que un autor puede amoldar a su gusto todo lo que conoce para incluirlo en su obra. Los mitos, como los hombres, pueden evolucionar.
Sin embargo, y para no alejarme de tu postura demasiado, lo que sí abogo es por cambiar los nombres utilizados. Si ya se ha cambiado el origen y, sobre todo, la propia esencia del ser fantástico en concreto (como ocurre en esta novela y, por extensión, en todas las apariciones de los minotauros de Krynn), ¿por qué no se cambia la denominación?
Además, en la propia Dragonlance ya se hizo. ¿O es que alguien me va negar que los kenders no nacieron a partir de los halflings (para los autores, no su origen en Krynn, se entiende)?
Recuerdo una discusión en un foro sobre este tema en concreto, en el que se proponía como nombre el de Sargatauros o Sargotauros, en honor a Sargas, el dios que veneran. Por ejemplo, en el videojuego World of Warcraft reciben la denominación de Tauren.
Bueno, en realidad no creo que sea tan controvertido. Es evidente que todos utilizamos a nuestro antojo las mitologías que están a nuestro alcance. El asunto es 1) manejarlas con un mínimo de sentido común, 2) saber qué representan y mantener la simbología básica.
La ruptura de esa simbología me parece estupenda, siempre y cuando se haga con conocimiento de causa (a mí la apología de la ignorancia me da repelús).
Y, como bien dices, si se decide romper con el mito clásico y con la simbología que representa entonces lo lógico es que se le cambie el nombre.
Pero también creo que esto hay que hacerlo con cuidadito, porque no se trata de que cambiemos el nombre a todo, solo porque modifiquemos un detalle del ser fantástico.
Más bien considero que el cambio tiene que venir de la mano de la simbología y, en el caso de los seres mitológicos, de las características que los representan.
¿Tiene sentido cambiarle el nombre a un ser que es mitad hombre y mitad toro? En mi opinión, no, siempre y cuando esa sociedad de minotauros se base en la fuerza animal, en el deseo salvaje y la bestia indómita, que es lo que representa la unión de hombre y toro. Sin olvidarse, por favor, que el toro es una animal sagrado en un buen puñado de culturas (entre ellas la ibérica) que representa la fuerza vital y la fecundidad masculina. Vamos, moco de pavo.
Un enlace interesante sobre esto: http://www.kalathos.com/jul2001/letras/cortazar/cortazar.htm
En fin, ya me callo, que vaya rollo de profesora petarda que me acabo de soltar ;p
Sí que es controvertido desde el momento en el que se establecen límites para la adaptación de esa mitología, como los dos que sugieres. Y si se traspasan eso límites, ¿seguimos hablando de adaptación o se trata de un invención que, a pesar de todo, ha decidido coger algún detalle de un mito existente?
Por seguir con nuestros amigos los minotauros de Krynn, su sociedad efectivamente se basa en la fuerza animal (sus dirigentes se eligen por combate a muerte en el circo) y en el deseo salvaje y la fuerza indómita (lógicamente suavizados por la inteligencia de la se les dota, ya que podríamos representarlas en sus deseos ancestrales de conquistar y dominar todo el continente de Ansalon); pero también está basada en el honor, que es donde se separa del mito clásico hasta dotar a esta sociedad de unas características no ya ajenas sino casi antagónicas con el mismo.
¿Es suficiente para decir que estamos ante una raza nueva o nos quedamos con que son unos minotauros clásicos adaptados gracias a que se les ha dotado de inteligencia?
No sé si será controvertido, pero yo me lo estoy pasando como un enano (lógico)
De la RAE:
Controvertido, da.
1. adj. Que es objeto de discusión y da lugar a opiniones contrapuestas.
Vale, hay discusión pero las opiniones no son contrapuestas. En realidad creo que estamos diciendo lo mismo.
El asunto es saber definir bien las cosas y actuar con conocimiento de causa.
Tal como has definido la sociedad de minotauros, a mí me siguen pareciendo minotauros. El tema del honor no creo que haga que se alejen del mito, sino que añade una cuestión muy masculina al asunto. Es decir, para mí es lógico que una sociedad de toros acaben hablando del honor, tan unido a la fuerza y vitalidad masculinas
(y me remito al mundo de los toreros, donde el honor es parte clave del asunto).
Vamos que aquí no se han inventado nada, sino que han utilizado un mito y lo han adaptado. De ahí lo que digo del conocimiento de causa y de que hay que conocer la simbología y lo que representan para saber si estás inventando o no.
Lo que no quita que yo prefiera mantener la singularidad de Minotauro, como único y exclusivo. Pero este es otro tema, no tiene que ver con la adaptación de un mito, sino con que de ese ser mitológico único (como muchos de los seres mitológicos, por otro lado) se ha pasado a una raza, es decir, se ha eliminado la singularidad. Ya no hay un Minotauro, sino que hay minotauros (así, en plural), que es a lo que me refería yo en mi primer comentario.
Pues yo tengo que decir que este libro y toda la trilogia es de lo mejor que he leido de la dragonlance.He disfrutado muchisimo con los minotauros y el autor no baja la calidad que nos tiene acostumbrados.Ya estoy esperando su continuacion Ogre Titans.
La verdad es que la trilogía en conjunto promete (voy por el segundo), pero el primer volumen en sí es bastante flojito: muchas descripciones y poca acción; mucha atmósfera y poca identificación con los personajes.
Espero que el segundo confirme la mejora que creo percibir y que el tercero siga en esa línea.
En cuanto a Ogre Titans, ojalá me equivoque pero falta mucho para que Timun Mas se plantee editarla.
Gracias por tu comentario, imeko.
[...] de los Minotauros, que en su tercer volumen, Imperio sangriento, cierra la crisis surgida en Noche sangrienta y emplaza a la raza minotaura para afrontar su destino en el futuro inmediato de [...]