¿Dónde están los minotauros?, por Gornon.

Vaya por delante que soy desde hace mucho tiempo admirador e incluso defensor de la obra de Richard Knaak, sobre todo de su labor dentro de la saga Dragonlance. Y como admirador tanto del autor como de la serie me duele mucho decir que Noche sangrienta es uno de los libros más flojos que me he leído en los últimos años.

Esta crítica se podría resumir con facilidad en una enumeración de todos los puntos negativos que podemos encontrar en la novela. Pero, por lo que he dicho antes, creo que le debo al autor la oportunidad de averiguar las razones por las que este libro ha salido así.

Noche sangrienta

La primera causa la podríamos encontrar en el mal endémico que asola a casi todos los primeros volúmenes de las tradicionales trilogías de fantasía épica: se utiliza gran parte del libro en poner el marco para el desarrollo posterior de la historia. No voy a decir que no pase nada en las trescientas páginas que componen la novela (no en vano la historia empieza con el derrocamiento de un emperador a punta de espada), pero sí es verdad que se nota que el autor se guarda lo verdaderamente importante para los volúmenes siguientes.

Consecuentemente, las pinceladas de lo que puede pasar a partir de ahora son tan superficiales o están tan escondidas que obliga al lector a un ejercicio de imaginación personal que pueden sacarlo de la historia en más de una ocasión. Un ejemplo claro podemos verlo en las condiciones del pacto con los ogros, tan secretas, tan escondidas y a la vez tan terribles que, cuando se desvelan en las últimas páginas, lo único que se te pasa por la cabeza es cómo ha accedido el nuevo emperador minotauro a semejante atrocidad. ¿Qué les ha pasado a los minotauros desde el Verano de Caos para que alguno siquiera considerara la oferta de los ogros?

Y es en la respuesta a esta pregunta donde encuentro la razón por la que Noche sangrienta defrauda: estos no son los hijos de Sargas que yo recuerdo. Para los que hayan leído Kaz, el minotauro o Monstruos del Mar Sangriento supondrá un choque frontal encontrarse una sociedad en la que el honor (que, curiosamente, es el desencadenante para deponer al emperador) deja paso a los intereses personales de unos y otros; por no hablar del fanatismo religioso implantado en el mismo corazón del imperio (aunque este hecho, lejos de suponer un factor en contra, podría dotar a la sociedad minotaura de unos matices hasta ahora desconocidos).

Si a ello añadimos además la poca profundidad de los personajes, arquetípicos y muy planos, nos encontramos con la imposibilidad de identificarnos con ninguno de ellos. Y eso es una herida mortal para una novela.

No voy a cuestionar la prosa de Knaak, ya que en este tipo de libros, quizá por el público al que van dirigidos, es probablemente el aspecto menos cuidado. Pero sí que voy a protestar con vehemencia por la traducción: un traductor debería amoldar el lenguaje extranjero al suyo propio, no limitarse a poner en español las palabras que encuentra escritas en inglés. Porque eso es lo que hace en este libro coma a coma, punto a punto y gerundio a gerundio. Se echa de menos a Mila López (si tenéis la oportunidad de leer Las crónicas perdidas, lo entenderéis).

Pero no todo van a ser cosas malas. La gran trama que nos propone Knaak para esta trilogía es más que interesante. Y si partimos del marco en el que se va desarrollar (en plena Guerra de los Espíritus), más todavía. Eso sí, reconozco que uno tiene que haber viajado por Krynn (y disfrutado con la travesía) para apreciar esos matices, pero no por ello voy a dejar de decirlo.

Incluso puedo avanzar que el segundo volumen, Marea sangrienta, apunta muchas más cosas sólo en los tres primeros capítulos que el que estamos comentando en todas su páginas.

En definitiva, un libro que leerás si eres fan de la Dragonlance y que, si no lo eres, no dedicarás más tiempo que el que hayas empleado en leer este comentario.

 

Noche sangrienta
Richard A. Knaak

Para comprarlo,   Casa del Libro

Entradas relaccionadas:

  1. “Marea sangrienta” (Las guerras de los minotauros, vol.II), de Richard A. Knaak
  2. “Imperio sangriento” (Las guerras de los minotauros, vol.III), de Richard A. Knaak
  3. “El despertar de las almas errantes” (Los héroes malditos, vol.I), de Alfonso Cea
  4. “El sacrificio de las almas gemelas” (Los héroes malditos, vol.II), de Alfonso Cea
  5. “Las mentiras de Locke Lamora” (Los caballeros bastardos, vol.I), de Scott Lynch