Las voces del vacío, por XayideYaxide.

Ray Douglas Bradbury es un escritor estadounidense. Sus obras más conocidas son “Crónicas Marcianas” (1950) y la distopía “Fahrenheit 451” (1953).

Hasta ahora yo había leído “Fahrenheit 451” y “El vino del estío”, y ambas me habían encantado. Así pues, cuando Káralan me regaló el relato “Calidoscopio” por mi cumpleaños di por hecho que sería bueno sólo con ver el autor, pero aún no sabía hasta qué punto me gustaría. El relato puede encontrarse en el libro “El hombre ilustrado” (1951), una recopilación de dieciocho cuentos de ciencia ficción escritos por Ray Bradbury.

“Calidoscopio”, de unas nueve páginas, me ha parecido una de las metáforas más maravillosas y demoledoras de la soledad del individuo y sobre todo de su soledad al final, ante la muerte. ¿Y qué mejor marco para eso que la infinidad del vacío del espacio?

El primer impacto rajó la nave como si fuese un abrelatas. Los hombres fueron arrojados al espacio

Así arranca el relato. Sin tregua. Nos presenta de inmediato a los protagonistas flotando a la deriva sin posibilidad de reencontrarse ni de salvarse. Tan sólo tienen la comunicación de sus trajes que durará sobre una hora; después la soledad más absoluta.

Los hombres se convierten en voces fantasmales que trasmite un aparato tecnológico, que no puede hacer más que eso por ellos. Son “voces aterrorizadas, niños perdidos en la noche fría”.

Están condenados y tan sólo les quedan eso, voces y una “calma metálica”.

Ante esta situación, las reacciones son tan variadas como cabría de esperar en la realidad. Hay terror; hay negación de la realidad y resignación; hay arrepentimiento y maldad; hay amargura y hay bravuconería; hay serenidad, sentido del humor y compañerismo; hay ira y perdón.

En definitiva, un gran retrato del alma humana. Y, además, un trabajo cuidado con esas voces de personajes, que con pocos rasgos resultan muy diferenciables y creíbles.

El relato tiene también imágenes de gran belleza, entre las que destaca la que le da título. Hablo del momento en que Stone queda atrapado entre meteoritos y, pese a lo atroces que son según hemos visto en el relato y a la condena eterna que le suponen (aún tras la muerte), el personaje nos lo describe como un “calidoscopio gigante” y sentimos su asombro, su terror sosegado por el buen humor y por la propia belleza de esa muerte rodeada de formas y colores: “las grandes joyas del espacio”.

Otra de las reflexiones en el relato es acerca de las metas vitales y cómo, ante el final, la gente se cuestiona lo que ha hecho con su vida. Así como de la diferencia en la muerte de alguien que ha vivido con intensidad frente a quien ya estaba como muerto antes del final.

En el caso del astronauta Hollis, reflexiona con amargura y llega a la conclusión de que ha desperdiciado su vida y que sólo tiene sueños cuando otros tienen recuerdos de grandes momentos. En ese momento sólo se plantea el deseo de haber sido útil de alguna forma.

Y el final cierra con maestría, dándole una última vuelta de tuerca con un toque entre tierno y macabro, según se quiera ver. No os lo diré, leedlo.

Sólo me queda por decir: Bravo.

El hombre ilustrado
Ray Bradbury

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