Crónicas


Y al final se fue…

Y los que nos quedamos en Madrid añoraremos ese chisporroteo de inteligencia en su mirada y su facultad de leer a hipervelocidad en los talleres.

Por mi parte, lo que más echaré de menos de Gloria es la sensación de confianza que te da el estar delante de alguien que sabe perfectamente quién es y hacia dónde va (cuenta la leyenda que esta muchacha no sólo escribía relatos desde su más tierna infancia, sino que además los publicaba con su precio y todo en una colección propia de nombre “Diversión”).

Pero ésta es la crónica de una despedida. O más bien de varias, porque si algo hace bien Gloria además de escribir es despedirse. Como enumerar todas sus despedidas sería harto complicado, aquí nos vamos a conformar con las dos últimas…

Poned cara de elfo

Tres no siempre son multitud, pero aquí sí

La fiesta propiamente dicha comenzó con un juego llamado “Munchkin” en el que nos enfrentamos a criaturas tan aterradoras como el temible “Manticorrinco” armados con objetos tan letales como las “Rodilleras de Seducción” o “La Lanza Desmesurada” (por favor, resistid el impulso de buscar dobles o triples lecturas en este párrafo). El juego, al final, fue ganado justamente por este cronista, que, utilizando la ley del mínimo esfuerzo, demostró a todos que vale más la maña que la fuerza…

A continuación nos enfrentamos al reto, aún mayor, de visionar un clásico de la fantasía de los 80 (para posteriores cineclubs quedan pendientes “Willow” y “Cristal Oscuro”) como es “Lady Halcón”. El reto (y a nosotros no hay quien nos tosa) consistía en verla con subtítulos en una pantalla de ocho pulgadas. Y si bien conseguimos salir airosos del trance y sobreponernos a una banda sonora plagada de sintetizadores, las lesiones oculares permanecen.

Por último, sobrevivimos (Gloria estaba un poco nerviosa y a mi no me salían los arpegios por culpa del vodka caramelizado) al estreno de “Nehesse’s Song”, la canción que Gloria y yo hemos compuesto y que, como todo el mundo sabe, está inspirada en el prólogo de su novela “La Era de Nir”. Dentro de muy poco “Nehesse’s Song” será grabada en estudio y a dos voces por sus autores para que pueda ser disfrutada por todo el mundo, pero ésa es otra historia que deberá ser contada en otra ocasión…

La segunda parte de la despedida fue la cena que disfrutamos tras el taller del pasado viernes en la trattoría que hay junto a la escuela. Una imagen vale más que mil palabras.

El final

Hasta pronto, Xayide.

Sir Káralan de los Arrecifes.

Epílogo, por Gornon.

Supongo que mi buen Káralan no se enfadará por este añadido de última hora, pero hay fuerzas mayores que uno mismo a las que conviene no enfadar.

Hubo una tercera despedida (ya ha dicho el Señor de los Arrecifes que es una de las especialidades de la homenajeada), la definitiva, en el aeropuerto. Lady Dragón y yo tuvimos la suerte de acompañar a Xayide hasta el último momento.

No hubo lágrimas, por poco, pero si mucha emoción. Ni os imagináis lo que costó separar a Lady Dragón de los brazos de la gata-bruja. Yo ni siquiera puedo expresar con palabras lo que sentí cuando la vi alejarse a través del cristal.

Sé que hoy día irse a las Islas Afortunadas no es cruzar medio mundo y que, ni por una parte ni por la otra, vamos a permitir que la distancia nos separe, pero sé que, a partir de ahora, los viernes por la noche no serán tan especiales.

            ¿Os habéis parado a pensar alguna vez lo difícil que es despedirse de alguien? ¿Y si esas personas se han convertido, además, en parte importante de tu vida, aunque tú realmente no lo sepas? Yo lo descubrí a principios de verano.

            Acabábamos de terminar el curso. Y cuando digo acabábamos, me refiero al día anterior, que finalizó con un paseo nocturno por el Templo de Debod cuando decidieron que ya no nos servirían más caipirinhas.

Los veteranos

      Hipogrifas

            Pero algunos de nosotros nos resistíamos a despedirnos hasta el curso que viene, así que ya teníamos planificado el colofón perfecto al año: un serie-forum (¿existe el término?). Y nada de una semana o quince días después, no señor; que luego lo vas dejando y a la final te quedas con las ganas. Al día siguiente.

            El lugar, de nuevo, la morada de nuestro buen Tuk-Zú. Creedme cuando os digo que podría empeñar mi hacha de doble filo por conseguir una terraza como la suya: ¡qué lujo de sitio para pasar una velada veraniega entre amigos!

            La idea consistía en que cada uno llevara un capítulo de su serie favorita (de corte fantástico, por supuesto) para que todos pudiéramos apreciarla y comentarla después. Lady Dragón, además, nos proporcionaría un proyector y una pantalla para que sólo faltaran las palomitas a la hora de montar un verdadero cine de verano.

            Bueno, más que las palomitas, lo que casi falta es la propia Lady Dragón (y el proyector, que era lo importante), que se dignó a aparecer casi dos horas después de lo acordado.

            Pero eso no nos amilanó para nada. Incluso nos permitimos hacer acopio de viandas y elixires dignos de un banquete real para disfrutar aún más de la ya noche. Por no mencionar la batalla de sombras chinescas.

ET en su último amanecer

ET contra Alien          

            Por fin estábamos todos los participantes: Tuk-Zú y su no tan vampiresca familia (gracias una vez más a Lola y a Lolita por su hospitalidad); Lady Dragón, somnolienta hasta que probó los manjares; Káralan de los Arrecifes, con su eterna sonrisa; Pasiflora, siempre abrumada por los acontecimientos; Xayide de Yaxide, en busca de nuevos saberes; y un servidor, procurando no estar demasiado fuera de lugar.

            La sesión empezó, por supuesto, con palomitas y con el episodio de la serie Firefly titulado Jaynestown. He de reconocer que, después de todo lo bien que me habían hablado de esta serie, temía llevarme un chasco. Todo lo contrario. Una serie que merece muy mucho la pena. De hecho es una de las que tengo pendientes de ver cuando encuentre un momento de paz en mi guerra diaria. Os la recomiendo a todos.

            Sin solución de continuidad apareció en pantalla Buffy Cazavampiros, con el capítulo titulado Hush. Aunque no soy un seguidor acérrimo de la serie, sí que habré visto al menos una veintena de episodios. He de decir que el elegido por Tuk-Zú me dejó un tanto frío, aunque el hecho de tener que buscar uno que fuera autoconclusivo imagino que determinó la elección.

            Y por fin llegaron las pizzas. Empezaba a cansarme de tanta palomita. Acompañamos tan sabroso manjar con Expediente X, concretamente con un capítulo que yo ya conocía y que resulta clave para el desarrollo de la serie: Paper Hearts. Obviamente, si no eres fan de las aventuras de Mulder y Scully, te dejará indiferente. Pero a Pasiflora se le reavivó la pasión por la serie y, cuentan las malas lenguas, se ha pasado todo el verano pegada a estos dos agentes del FBI (sobre todo a él).

            La hora ya empezaba a rozar lo indecente cuando decidimos que no daba tiempo para otra serie. Lolita hacía tiempo que nos había dejado a nuestra suerte y Lola no tardó mucho en acompañarla. Pero Xayide, insaciable e incansable como sólo ella sabe serlo, nos deleitó con Vincent, el corto que dio a conocer a Tim Burton y en cuya versión original narraba el mismísimo Vincent Price. Una joya del expresionismo cinematográfico.

            Incluso dio tiempo para que Tuk-Zú nos sorprendiera con las aventuras de Krod Mandoon and The Flaming Sword of Fire. Reconozco que hay que ser muy friki para que esta serie te haga reír. Fue un no parar. Desternillante.

            Ahora sí que era el momento de irse (no voy a decir la hora para no delatarnos), pero justo en el momento en el que teníamos ya todo recogido, una mirada entre Lady Dragón, Xayide y yo mismo desbarató la retirada. Todo sea dicho, con la anuencia de Tuk-Zú. Los que sí nos abandonaron fueron Pasiflora y Káralan, que se ofreció galante a acompañarla hasta su carruaje.

            Los cuatro restantes tomamos posiciones y bebidas apropiadas para disfrutar de la que iba a ser nuestra última juerga hasta el otoño (y digo bien, iba, porque luego nos veríamos un par de veces más). ¿Que qué hicimos? Imaginaos. Hablar, hablar y hablar. Tuk-Zú algo menos, ya que se enfrascó en darle cabezazos al sofá.

            No hubo confidencias, o sí, pero no las veréis por aquí. Eso queda para nosotros. Para ese momento en el que el tiempo se detuvo a nuestro alrededor. Sólo la luz del amanecer y una (in)oportuna llamada nos sacaron del hechizo.

            Casi dejamos a Tuk-Zú camino de su dormitorio y nos despedimos de Lady Dragón con besos y abrazos en la puerta de su transporte. Acompañé a Xayide hasta su casa y la dejé en la puerta con un vacío extraño en mi interior.

            Pero fue momentáneo. Empezaba el verano y, aunque no os volvería a ver a hasta tiempo después, sabía que podía contar con que estaríais a la vuelta de vacaciones. Porque, como dijo Lady Dragón con las primeras luces del alba, esto no acaba aquí, ni allí, ni ayer, ni mañana; la amistad es difícil de darle marcha atrás.

El 20 de junio de 2009 se celebró la fiesta de fin de curso de la Escuela de Escritores.

Pero no se puede entender lo que ocurrió ese día, sin hablar de los preparativos. Ya llevábamos unos meses hablando de que nos disfrazaríamos y un par de semanas preparando lo que sería, al final, nuestra aparición en el escenario.

El mismo día que fuimos a entrevistar a Sapkowski (tarde o temprano aparecerá esa entrevista en el blog), una semana antes del acontecimiento, nos fuimos a la Escuela a recortar hipogrifos. Aquello se convirtió en un auténtico taller clandestino: Xayide recortaba hipogrifos, Káralan y La Bestia recortaban escudos, Gatael, Verdilunia y yo cosíamos los hipogrifos a los escudos. A Pepe y Rafa (consortes) los tuvimos dibujando hipogrifos en el fieltro. Y Gornon andaba de chico de los recados :p.

Cenamos, reímos, cosimos, cortamos e, incluso, fui nombrándolos a todos miembros de la Peculiar Orden de los Hipogrifos Literatos (esto me lo acabo de inventar). Tal vez haya quien no se crea todo esto, pero valgan como pruebas estas imágenes (cedidas por Xayide, quien, por cierto, sufre un raro trastorno de persecución fotográfica: al segundo que te despistas, ya te ha hecho diez fotos).

Mesa del taller clandestino

Mesa del taller clandestino

Gornon y el hipogrifo

Gornon y el hipogrifo

Pepe blandiendo tijeras

Pepe blandiendo tijeras

Xayide nombrada hipogrifa

Xayide nombrada hipogrifa

Pero esto no se acabó aquí. El día antes de la fiesta de fin de curso, el viernes 19, después de clase, nos quedamos unos cuantos para terminar el blasón y para el ensayo general. De esa noche, que estuvimos allí hasta las tantas no hay pruebas materiales (lo cual me extraña porque juraría que Xayide andaba por ahí, ¿se le habría estropeado la cámara?).

Con permiso, voy a dejar el tono bromista y voy a pasar al tontorrón: esos dos días me sentí parte de algo muy bonito. Aquella aula convertida en taller clandestino emanaba alegría, buen rollo, ganas de construir algo juntos, aunque fuera un espectáculo de diez minutos. Vi vuestra ilusión y me contagié de ella, ¿o fue al revés? Quizá sea que los hipogrifos nos contagiamos unos a otros. Recuerdo que en un momento dejé lo que tenía en las manos sobre la mesa, miré a mi alrededor y me sentí afortunada y orgullosa. Gracias a todos por participar con tanta ilusión y ganas y por dejaros embaucar por mis ideas locas.

Fin de la tontuna. Principio de la fiesta.

Llegué temprano. Vestida de elfa. Fuisteis apareciendo todos, vestidos a medias, sin maquillar. Y ahí, en mitad del Clamores, nos sentamos con el blasón señalando el lugar de los hipogrifos, y fuimos completando los trajes.

Disfrutamos de los demás participantes del espectáculo, un poco con ganas de que nos tocara ya. Cuando os preparasteis para salir al escenario, se me bajó un nudo al estómago, se me mezclaron las risas con las lágrimas, el orgullo con la expectación. Y volví a sentirme parte de algo muy bonito. Un no sé qué que nos unía y que tenía que ver con esto que es la fantasía, como si en aquella sala llena de gente solo nosotros lo entendiéramos, solo los hipogrifos supiéramos que la fantasía va más allá, que une almas, que, detrás de la apariencia de unos frikis disfrazados, existía una comunión basada en una visión distinta de la realidad. Como decía Magda (¿dónde estarás, Magda?): “La fantasía está en todas partes, chisporrotea a nuestro alrededor”.

Aplaudí como una energúmena, os grité “guapos” y miré a todas partes para que todos supieran que erais “mis chicos”. Claro que vestida como iba, no creo que nadie pensara lo contrario.

En el escenario os portasteis como hipogrifos de buena familia y todos dejasteis vuestra huella, vuestras palabras, vuestro buen decir. La prueba de ello os la dejo debajo de estas líneas:

El show de los Hipogrifos on Vimeo.

No hay comentarios para ese pedazo de Himno de los Hipogrifos que se cantó Gornon. Salvo que la música y la letra pertenecen al grupo “Los parias” (comparsa de Cádiz, cuarto premio de 2006), original de Juan Carlos Aragón. La letra fue adaptada por nuestro cantante.

Los cuentos que se leyeron fueron, por orden de dramatización:

“Dodecafonía”, de Enrique Anderson Imbert. Se encuentra en la antología Cuentos de damas fantásticas editada por Páginas de Espuma en el año 2002.

“Breve diálogo en el frente entre un soldado y su superior tras el hallazgo de una evidencia zombie“, de Vicente Agut y que ha sido publicado recientemente en este mismo blog. Si quieres leerlo, pincha aquí.

“Odín”, de Jorge Luis Borges y Delia Ingenieros. Se encuentra en el libro Antología de la Literatura Fantástica editado por Edhasa en el año 1996.

Justo después de la actuación de los hipogrifos, pusieron el corto “Expediente J” que hizo que nos sintiéramos menos “bichos raros” :) . Os lo dejo aquí para que lo disfrutéis:

Al final del espectáculo de la Escuela, me tocó a mí salir al escenario. Y leí, lo que leí, con las manos temblorosas y sin pensar que, después, no querría mirar a la gente por vergüenza. Así es una, se descarna en el escenario, pero luego es incapaz de enfrentarse a las caras del auditorio.

Aquí os dejo mi discursito, en formato de vídeo, que no se diga que esta crónica no tiene pruebas palpables.

Discurso de Lady Dragón on Vimeo.

Javier Sagarna clausuró el encuentro (de su discurso, que mis oídos escucharon, no retuve nada porque temblaba por dentro —y creo que por fuera también—). Entonces nos fuimos a cenar, pero antes conmemoramos la noche con esta foto, obra de Lagartijas al sol (o lo que es lo mismo, Rafa, mi chico).

El Clan de los Hipogrifos 2009

El Clan de los Hipogrifos 2009

En la cena comimos, comentamos la jugada, reímos y todas esas cosas que se hacen en una cena que viene después de una experiencia como la que acabábamos de vivir.

De vuelta en el Clamores, a las tantas de la mañana, abandoné a los Hipogrifos para dedicarme a otros menesteres por lo que me perdí cierta parte interesante —por lo que muestran las pruebas gráficas— de la noche. Como han llegado a mi mano algunas de esas fotos, aquí os las dejo, para que no os vayáis sin una sonrisa en la boca.

Tuk-zú se defiende de Pasiflora

Tuk-zú se defiende de Pasiflora

Gornon mata a Tuk-zú

Gornon mata a Tuk-zú

Xayide ataca a Pasiflora

Xayide ataca a Pasiflora

Káralan se prepara para la batalla

Káralan se prepara para la batalla

Káralan es atacado

Káralan es atacado

Y con esto, se acaba la crónica. Nos vemos el año que viene. ¡A ver qué montamos esta vez!

Crónica de una jornada de primavera

Reuni�n de hipogrifos en meseta ventosa


Un jardín, una barbacoa, perros, gatos, niños y amigos. A simple vista no parece nada extraordinario, pero todo cambia si tenemos en cuenta a los presentes: una dragona-elfa; un dragón metido en el cuerpo de un enano, con mente enciclopédica, habilidades culinarias y afinidad con los ninjas; brujas de la tierra con reliquias egipcias y coche amarillo; un gigante de lago; una lagartija echada al sol; un druida vampírico del ciberespacio; un somnoliento bardo marino; y una gata-bruja oscura vestida de verde, imbuida del espíritu de la primavera.
En el coche amarillo fuimos Pasiflora, la bruja de la tierra, Káralan, el bardo marino, y yo, Xayide, gata-bruja. Hablamos de Egipto, de diferentes experiencias con talleres de literatura, de vampiros, de series y de libros a leer, hasta del maldito tatuaje del ouroboros del que llevo años hablando y que nunca me hago.
Teníamos un mapa misterioso. Lógico. Había una gasolinera, una farmacia y curvas. No hubo pérdida, aunque eché de menos la presencia del mítico GPS para que me llevara por caminos siniestros en los que había letreros en caracteres desconocidos y seres misteriosos. Por suerte, a la vuelta el GPS no me decepcionó y también hizo de las suyas. Pero eso es otra historia…
Al llegar nos recibieron dos perros enormes y muy simpáticos, además de Tuk-Zú, el druida vampiro con cámara de fotos. Gornon, enano-dragón, estaba con su gorra de “Moro-Wan” y guantes junto a la barbacoa. Lady Dragón nos enseñó la casa y fue allí donde vi al primer gato, gris, con cara salvaje, parecido a un lince. Teóricamente su carácter es también salvaje, pero se dejó coger y acariciar sin ningún problema. Es lo que tiene ser un gato. Nos entendemos. Aunque el otro, el pacífico llamado “Pánfilo”, Pan para los amigos, fue el que me arañó, dejándome una marca que aún conservo como recuerdo para demostrar que al final me salí con la mía y logré asistir a esa reunión primaveral.
La hermana de Lady Dragón llegó después con su marido y su hija, una niña preciosa y muy tranquila. Nos quedamos con ella Pasiflora, Káralan y yo. Lola, por su parte, vigilaba a mini-Lola, que es un encanto, pero también un poco trasto y no hacía más que trepar por las escaleras.
Ignatius, el gigante del lago, vino acompañado de Lagartija, la “lagartija al sol”, y se llevó muy bien con los perros que seguían rondando por el jardín.
La comida transcurrió sin problemas. Había mucha y muy variada, para poder satisfacer a tan diversos seres como los allí congregados. También hubo postres y alcohol preparado por nuestro sabio druida, ¿quién si no?
Después se leyeron relatos de un libro, “La hidra” incluida, mientras Káralan luchaba contra el sueño. Más tarde llegó la lectura de un cuento de Hans C. Andersen titulado “Los cisnes salvajes”. Estaba en un libro gordísimo con papel de biblia de Lady Dragón. Lo fueron leyendo por turnos durante largo rato para mayor somnolencia de Káralan. La verdad es que es un cuento precioso, pero nos quedó claro que era mejor elegir relatos breves.
En teoría la reunión era de Relato-Teatro, es decir, íbamos a hacer lecturas dramatizadas, pero lo fuimos dejando. Al final se imprimió un capítulo de cierto libro de Dragonlance del que no quiero acordarme (ni me acuerdo aunque lo intente).
Gornon y Lady Dragón acabaron ofreciéndose para la obra casi en solitario. Y ya no recuerdo si antes o después, nuestra dragona sacó sus tesoros, unos facsímiles preciosos. Los miramos embobados y los tocamos con cuidado, como si fueran alas de mariposa. Yo me sentí como si el protagonista de mi novela me hubiese abierto la sala del tesoro para ver sus preciados libros de sacerdotisas. Era abrumador y maravilloso tenerlos delante.
Así se nos fue el día y ya anochecía, por lo que Tuk-zu, Lola y mini-Lola se despidieron. Poco a poco nos fuimos poniendo en marcha todos. Aunque antes Mr. Lagartija nos sacó una foto de despedida. (Por cierto, no la tengo).
Con eso dejamos a la feliz pareja de reptiles en su casa y cogimos el coche. Esta vez volví con Gornon y Káralan y por fin pude ver al GPS hacer de las suyas, queriendo llevarnos hacia un precipicio. La verdad es que podríamos haber aceptado el reto, que para eso somos seres mágicos, pero ya estábamos cansados. En especial Káralan, que por fin se durmió a aleta suelta en el coche. Y con esto concluyó nuestra jornada de primavera.

Barbacoa de Hipogrifos 5

Barbacoa de Hipogrifos 7

Barbacoa de Hipogrifos 17

Barbacoa de Hipogrifos 19

Barbacoa de Hipogrifos 20

Barbacoa de Hipogrifos 23

Barbacoa de Hipogrifos 26

(Xayide a 22 septiembre 2009 Madrid)

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