Películas


¿Hay alguien que no la adore?

“La Princesa Prometida” no llamó demasiado la atención en el momento de su estreno. Actores desconocidos, una puesta en escena con decorados que no combinaban bien con los exteriores y una banda sonora de Mark Knopfler, demasiado alejada de lo que sus fans estaban acostumbrados a escuchar en Dire Straits, no ayudaban a lanzarla en absoluto.

Pero entonces aquel abuelo (que tanto se parecía a Colombo) sacaba su viejo libro y te hacía estas promesas: “Duelos a Espada, Aventuras, Milagros, Amor Verdadero…” y desde que escuchabas la primera frase del cuento, te transformabas en niño y no volvías a ser adulto (el que lo fuera) hasta mucho después de que la película terminara.

Recuerdo que como a tantos, la sed de más me llevó a leer el libro (varias veces) y que lo pasé en grande descubriendo la infancia de Fezzik o los secretos que rodeaban a Íñigo Montoya y su venganza. Es una novela más que recomendable, que sospecho tiene la culpa de mi afición desmedida por las acotaciones (estas cosas que uno escribe entre paréntesis) y muy divertida, pero no imprescindible, pues la esencia de la historia está intacta en la película. El guión es un prodigio de originalidad, que juega con todos los tópicos de los cuentos de hadas y los reinventa. Y está lleno de escenas tan deliciosas, que solo una de ellas ya justificaría el esfuerzo de hacer una película para incluirla.

Su autor, William Goldman, dijo en una ocasión que de todo lo que había escrito, solo amaba el guión de “Dos Hombres y un Destino” y “La Princesa Prometida”. No es para menos. Cada frase es una obra de arte. Además de la consabida “Me llamo Íñigo Montoya…”, que todo el mundo sabría recitar de memoria, hay joyas como “Siempre usas esa palabra (inconcebible) y no creo que signifique lo que tú crees”, “Tonterías, lo dices porque nadie lo ha logrado nunca” o mi favorita: “Antes destruiría una vidriera de colores que a un hombre como vos”.

Fue su guión lo que convirtió “La Princesa Prometida” en el filme de culto que es hoy. Un verdadero clásico en el que Mandy Patinkin siempre será Íñigo Montoya (a pesar de haber hecho películas tan importantes como “Yentl”) André el Gigante (a pesar de la lucha libre y la Acromegalia) siempre será Fezzik y Robin Wright (a pesar de Sean Penn y Forrest Gump) siempre será Buttercup. Del pobre Cary Elwes (y sus grandes éxitos de serie B) mejor no hablar. Le tocó la maldición de Luke Skywalker.

En cuanto a vos, querido lector…

Sospecho que seríais un magnífico Pirata Roberts.

[Aviso: contiene spoilers]

Avatar ya es un fenómeno social. Por un lado por ser la película más taquillera de la historia, por otro, porque a nivel técnico supone un hito casi tan grande como lo fue el cine a color o el sonoro. Y no es que no haya habido 3D hasta ahora, pero nada comparable a lo conseguido en Avatar.

Uno de sus logros consiste en el diseño del propio mundo y de las criaturas que ya se han convertido en todo un éxito a nivel de fan art. En sitios web como Deviantart hay ya cientos de imágenes inspiradas en la película y el número sólo seguirá creciendo porque el diseño de los na´vi y de la flora y fauna de Pandora es muy atractivo. Yo misma salí del cine la primera vez con la clara intención de pintar un na´vi o a mi propio avatar (una de las ideas que más ha calado entre la comunidad artística y que ayudará a mantener la película como un fenómeno social a largo plazo.)

Luminiscence of the night by Xayideyaxide

La importancia del 3D

En Avatar el 3D está al servicio de la historia. No es una exhibición de fuegos artificiales aleatoria, ni una atracción de parque temático en la que lo que importa es deslumbrar con objetos que caen sobre el espectador. En vez de echarse sobre nosotros se usa para dar profundidad a la imagen. Esto, que yo sepa, es una novedad. En Avatar el 3D está para cumplir una función: dar mayor realismo al mundo de Pandora. Está para crear inmersión. Está para hacer de Pandora una realidad palpable en la que nos sumergimos. (Algo fundamental para la narración como luego veremos.)

El mundo

Pandora es un lugar fabuloso con una fauna, flora y paisajes extraños y a la vez familiares, surgidos de mucho trabajo de documentación y diseño. Cualquiera que se haya enfrentado a la tarea de crear un mundo con sus habitantes y paisajes sabrá lo complicado que es. Aunque por fortuna, un proyecto así de ambicioso es un trabajo en equipo y no la elaboración de una sola persona.

Como curiosidad, muchos de los diseños recuerdan a criaturas marinas de nuestro planeta (seres con agallas, con forma de medusa, las Helicoradian, etc.) y el color azul predominante de Pandora amplía la sensación. Y son precisamente los fondos oceánicos terrestres la última frontera, los últimos rincones inexplorados, donde año tras año desaparecen flora y fauna antes de que siquiera podamos conocerla. No sé si James Cameron pensaba en eso al decidirse por ese tipo de diseños, pero desde luego lo parece. Ya hablaremos luego del mensaje ecologista.

Mi primera crítica es sobre el propio mundo. Recuerdo estar boquiabierta viendo Pandora, tal y como el personaje de Trudy había dicho: “Tendríais que veros las caras” y, sin embargo, mi parte más racional me avisaba de algo que chirriaba.

Nos estaban paseando por Pandora, y los que nos dedicamos a esto de crear mundos sabemos que ese es un peligro a evitar porque lo que importa es la historia. El mundo ha de estar supeditado a ésta y no al revés. Y aquí teníamos a los protagonistas enseñándonos el mundo, y aunque era fascinante hasta el punto de tenerme allí boquiabierta, sonriendo como una tonta de puro asombro, no podía dejar de preguntarme acerca de si eso llevaría a algún lado. Y sí. Tenía una función. Era necesario que viéramos ese mundo, que nos enamoráramos de él a la vez que el protagonista, que lo viéramos como nuestro hogar, para que cuando lo atacasen deseásemos luchar por protegerlo y sufriéramos como los personajes con su destrucción. Era necesario que nos lo mostraran para que fuera nuestro. Para que la destrucción de los árboles de las voces y luego la de Árbol Madre fuese para nosotros tan devastadora como lo es para Neytiri. Debíamos sentir que ese era nuestro sitio, y debíamos desear quedarnos allí para siempre. Y ahí entra otra de mis reflexiones mientras veía la película. Un posible final era que el protagonista (y con él, el espectador) se marchara de Pandora, que regresara a la realidad de la que escapamos los lectores de género fantástico. Ese final hubiese sido lógico, pero lamentable a la vez. Jake Sully pasó las pruebas, logró ser “uno con el pueblo”, merecía ser uno de ellos para siempre y con eso el espectador se queda en cierta forma entre los na´vi y sale del cine con una sonrisa porque aún está en Pandora y ya nadie puede echarle de allí.

La historia

No hay grandes sorpresas en el guión de Avatar, es cierto, casi todo es predecible. En especial los tópicos del líder que desconfía del protagonista y lo envidia para luego confiar en él de manera ciega (aunque esto funcionaba mejor en el guión original ya que había muchas escenas que lo trabajaban), así como el amor de los protagonistas y la traición que sufre ella ante el secreto de él, aunque luego lo perdone y vuelva a reinar el amor. También es un tópico el camino del héroe, el aprendizaje que pasa el protagonista hasta ser un miembro de la sociedad. Aunque las pruebas son tan atractivas que se pasa por alto (en especial la de conexión con el Ikran y posterior vuelo, algo que enlaza con lo fantástico también. Ahí teníamos al dragón con el que desearíamos surcar los cielos). Por otra parte, estas pruebas sirven además para justificar la decisión del protagonista de cambiar de bando y de quedarse para siempre en Pandora.

Uno de los hechos predecibles de la trama me pareció además poco creíble, hablo de la unificación de las tribus mediante la captura de Toruk. La justificación tal y como está, parece venir de su determinación y de ser el “elegido” (en este caso por la diosa, otro motivo para que sea una historia de carácter más de fantasía épica que de ciencia ficción). Se trata de un tópico habitual en fantasía, que aparece también en “Matrix”, película con la que comparte bastantes elementos. Sin embargo, una de las escenas eliminadas hacía esa resolución más creíble. Se trata de “la caza de sueños”, la última prueba, en la que el protagonista ha de encontrar su “animal espiritual” con el que establecerá otra suerte de vínculo y precisamente el que se le aparece es Toruk.

Con ese detalle lo juzgaríamos más capaz de enfrentarse a “la última sombra”. Porque además, ni siquiera le vemos luchar, tan sólo caer sobre su lomo, posterior fundido a negro y en la siguiente escena ya es Toruk Makto, el jinete de Toruk, alguien valorado en la comunidad, capaz de pedir la ayuda del pueblo para salvar a la doctora (y de esa forma, anticipar ya la forma en que se resolverá el último conflicto final, además de establecer un nuevo elemento para la resolución de la guerra a favor de los Na´vi, la diosa Eywa será capaz de leer en los recuerdos de la doctora fallecida para tomar parte mediante la participación de los animales.

¿Buena o mala?

Hay muchos que tachan a Avatar de no contar nada o de ser una mala historia. Yo no creo en ninguna de estas afirmaciones. La historia es simple, sí (aún más con la eliminación de algunas tramas como la de la muerte de la hermana de Neytiri, anterior a la llegada de Jake.) Pero la hay, y que mezcle historias ya conocidas no la hace menos interesante. Ya sabemos que la originalidad a estas alturas es algo complicado. Y en este caso la novedad está más en la parte estética, pero eso no es algo reprobable. Veamos mi metáfora. Es como si lees un libro con un argumento que ya conoces pero que está escrito de una manera innovadora y bellísima que rompe los esquemas anteriores. Por otra parte, y esto son gustos personales, historias en las que haya divinidades femeninas, sociedades utópicas unidas a la naturaleza y que éstas logren ganar a las corporaciones ambiciosas, salvando su mundo de la devastación, las pueden repetir. No me cansarán.

Además considero que la historia de Avatar está muy bien contada. Todos los elementos encajan (y lo harán aún mejor con la última prueba). No quedan flecos abiertos. Para mi gusto es demasiado predecible, aunque he de decir que la ayuda por parte de la diosa no me la esperaba y me sorprendió. En especial que la aparición del Thanator (especie de pantera) que habíamos visto como letal al inicio y que en ese momento deja que Neytiri lo monte para ayudar en la lucha.

El problema está en querer abarcar demasiado en una película. De hecho en el guión hay tramas que han desaparecido y añadían interés, como la hermana mayor de Neytiri que también iba a la escuela de la doctora Grace. A la hermana, junto a otros jóvenes na´vi, la matan los soldados como represalia tras destruir unas máquinas que habían arrasado una zona boscosa. Se sabe además que la doctora tuvo esa escuela durante diez años y se ve el dolor que le causó perder a sus “niños” y no poder volver a verlos. Con ese argumento, que su espíritu quede en Eywa tiene además un sentido más profundo. Ella tampoco quería abandonar Pandora.

Existe además mayor tensión entre Jake y Tsu’tey en numerosos momentos que no están en la cinta, y los celos del na´vi quedan más claros ante la predilección de Neytiri que debía ser su pareja. De ahí al enfado de los padres de ella ante la unión con Jake que la imposibilita como líder espiritual (como sus padres, la Tsahik ha de estar con el líder de la tribu que iba a ser Tsu’tey). Ella elige a Jake y pierde todo para lo que se había educado. A continuación se establece un enfrentamiento oficial entre Jake y Tsu’tey. Es en medio de esta lucha cuando desconectan a Jake y cae al suelo. (Habría funcionado así mejor.) Con todo esto sería más atractivo además el momento de triunfo de Tsu’tey cuando Neytiri reniega de Jake tras su confesión. Y todo eso concluirá en una última escena también eliminada en que Tsu’tey, moribundo, le cede el poder de la tribu de forma que además Neytiri puede volver a ser la Tsahik.

Realidad y sueños

Avatar está llena de menciones a sueños y la confusión entre realidad y ficción. Es una mezcla de realidad- sueño y fantasía. Ya en el inicio nos habla de sueños, de que cuando estaba herido, supongo que en el momento en que perdió la sensibilidad de las piernas, empezó a soñar que volaba. Algo que entonces solo era un imposible, una vía de escape de una realidad que le ataba a la silla de ruedas, de hecho luego añade: “Tarde o temprano siempre hay que despertar”. Solo que luego podrá volar y al final logrará hacer que ese sueño no acabe nunca.

Una vez en el proyecto Avatar, los sueños y la realidad se mezclarán. De hecho tanto a él como al espectador le parecerán casi más reales sus momentos de “caminante de sueños” que los que pasa en el laboratorio.

La escena eliminada de la última prueba de Jake enlaza con esto también, ya que se trata de un rito en el que la mente lucha contra una aparición mediante el uso de una sustancia producida por un gusano del árbol sagrado.

Por otra parte, se crea un juego con la propia tecnología de la película. Tan sólo un 40% de ésta es de imagen real. Lo demás está generado por ordenador (o al menos modificado en gran medida) y sin embargo, nos parece real.

¿Matrix?

Un aspecto “matrix” de la película son las conexiones entre todos los seres vivos de Pandora, incluso con los que ya han fallecido y pasan a ser parte del árbol de las almas, así como también los propios avatares. La diferencia con Matrix, y la belleza de la película de la que hablo, es que va más allá del mero sueño que era Matrix, a algo palpable: los avatares. Son organismos vivos manejados a distancia y no simples creaciones de la mente. Por otra parte en Matrix morían al ser desconectados de manera incorrecta, mientras que aquí se nos dice que es peligroso, pero nada más allá. Además en Matrix, la muerte en el programa acababa con la real también porque “la mente no puede vivir sin el cuerpo”. En Avatar sin embargo, tienen dos cuerpos, por lo que al perder el del avatar, despiertan en el humano.

Los na´vi

Cameron no oculta que Bailando con lobos fue una de sus fuentes de inspiración. Está claro que los na´vi están basados en pueblos nativos de América del norte. Pero tienen un diseño innovador que los separa de los aliens cabezones de los últimos tiempos y poseen además un idioma creado durante cuatro años por un experto. Ya está colgado en internet mucho de su vocabulario y normas, pero sin duda saldrán al mercado libros que lo explicarán mejor y habrá quienes intenten aprenderlo como ya sucedió con otras lenguas surgidas de mundos ficticios.

El mensaje

Está clara la conexión de la película con otras obras anteriores que ya trataban temas de defensa ecológica/tribal, y es cierto que para un niño o adolescente que aún no haya visto/leído otras obras con el mensaje ecológico/antimperialista le parecerá de lo más original. A los demás nos suena, pero no por eso deja de ser un mensaje válido. Es más, en la actualidad es aún más importante, ahora que estamos en el punto de no retorno con el cambio climático y con la desaparición de lenguas y culturas minoritarias. Me parece importante que desde Estados Unidos haya alguien que lance ese mensaje que va en contra de su forma habitual de actuar. Porque, es cierto, ya se hizo Apocalypse Now, pero parece que el mensaje aún no ha calado lo suficiente, De hecho, si el guión se escribió hace más de diez años, Cameron pensaba en Vietnam, seguramente, pero ahora todos pensamos en Irak y el unobtanium es para nosotros el petróleo. (Por cierto, curioso nombre, que en ingeniería viene a ser un concepto humorístico sobre un material físicamente imposible o excesivamente caro que se necesita para una determinada aplicación.)

Desde luego los mensajes ecológico/pacifistas no sobrarán nunca. Los que sobran son los otros.

Avatar nos muestra un mundo ideal, donde la conexión espiritual que muchos buscamos con lo que nos rodea, sin resultado, está a la vista y es literal, solo tienes que recoger tu cabello y unirlo con la conexión del otro ser. A mí eso me suena a Paraíso.

En definitiva una película que ya ha hecho historia en el cine, al menos por su componente de desarrollo tecnológico que otros explotarán a partir de ahora. Un nuevo mundo para los que deseamos escapar de este, un nuevo mundo que explorar en sueños y muy posiblemente en próximas secuelas. Porque lo que ha hecho James Cameron con Avatar es ante todo crear un mundo, con su flora, su fauna, sus paisajes, su lengua y sus costumbres. Sin duda habrá mucho más Avatar, sea hecho por él o por fans.

Enlaces de interés

Recopilación de fan arts de Avatar en mi Deviantart.

Idioma na´vi

Conseguir el corazón de una estrella

Estando de vacaciones en Irlanda, Neil Gaiman ve un muro de piedra que tiene una brecha. A través de la brecha puede verse un bosque.

“¿Y si fuera el muro que vigila la entrada al país de las hadas?”.

Cuatro años después, durante otras vacaciones en el desierto de Arizona, el autor ve caer una estrella fugaz.

“¿Y si fuera a buscarla?”.

Pasa el tiempo y las ideas se unen.

“Si la estrella cayera al otro lado del muro, en Faerie, donde todo es posible… ¿seguiría siendo una estrella o se convertiría en otra cosa? ¿En una chica?”.

Así nació Stardust. Mágico ¿verdad?

Póster de Stardust

Recuerdo que estaba loco por que la estrenaran desde que supe que la estaban rodando. Y por una vez las expectativas se cumplieron. No solo me encantó, sino que gracias a la supervisión del propio Gaiman, la película mejoraba el texto original. El final era exactamente el mismo que yo pensé que debía tener la primera vez que la leí (aunque casi todo el mundo la ha visto, no haré spoilers) o sea, que lo pasé en grande.

La película cuenta la historia de Tristan Thorn, un muchacho que para conseguir la mano de la chica de la que está enamorado, irá en busca de una estrella fugaz tras la cual también van tres brujas y los herederos del trono de Stormhold, el reino de más allá del muro. A lo largo de su viaje, Tristan madurará y conocerá la verdadera naturaleza del amor, además de descubrir el misterio de sus orígenes.

Es un cuento lleno de un humor que recuerda a ratos a La Princesa Prometida (las inclinaciones “drag” del capitán Shakespeare, la exhibición de kung-fu del guardián del muro o el guiño pícaro de Lamia al espejo después de rejuvenecer). Y además con la presencia impagable de actores de la talla de Peter O’ Toole, Robert de Niro o Michelle Pfeiffer. Visualmente es una preciosidad. Se rodó en escenarios naturales de Islandia, Escocia e Inglaterra, combinándolos con paisajes generados por ordenador. Los efectos especiales son impecables y la banda sonora, a pesar de la canción de “Take That” que nos tortura durante los títulos de crédito, tiene momentos muy inspirados, como cuando los padres de Tristan se conocen.

Si aún no la habéis visto… ¿a qué esperáis?

Káralan.

           Si tengo que escoger el momento de mi vida en el que empecé a cogerle el gusto a esto de la fantasía, sin lugar a dudas elijo la primera vez que vi El vuelo de los dragones. Eso fue en el mes de mayo de 1988 (aunque vaya contra mi propia leyenda, la fecha la recuerdo porque, años después, un compañero de facultad me ayudó a conseguir una copia a través de la madre de un amigo suyo, que a la sazón trabajaba en RTVE). La verdad es que ese año no permanece en mi memoria como especialmente bueno, al menos para las cosas que eran importantes para un niño de once años: creo que sólo se salvó por la Primera Comunión conjunta de mi hermana y mi prima (sí, aún me escuece el segundo puesto de Borracho y el papel desastroso de España en Seúl).

            El caso es que, precisamente en el mes de las comuniones, TVE (la única televisión que existía entonces, con sus dos canales) anunciaba para un sábado por la tarde una peli de dibujos que no tenía mala pinta. No sé qué motivos me llevaron a grabarla, ya que nunca he sido de los que se dedican a grabar todo lo que pueden y luego ya eligen con lo que se quedan y lo que borran, pero me debió dar por ahí y, he de confesarlo, nunca me arrepentí, ya que son incontables las veces que pude visualizar el filme; al menos hasta que mi hermana cogió la cinta (obvia decir que por entonces ya sólo existía el VHS) y la utilizó para grabarse Sonrisas y Lágrimas (sí, fue así, por mucho que haya intentado negarlo a lo largo de los años). Por suerte, como ya dije, pude recuperarla ya bien entrado en la veintena y, hace poco, conseguí grabarla en DVD de un canal del satélite.

            Pero basta de recuerdos nostálgicos, que esto es una crítica cinematográfica. La primera cuestión que surge es por qué hay que ver El vuelo de los dragones. Bueno, dejemos que su propio comienzo os convenza.

El vuelo de los dragones – Intro

           Todos los hombres se enfrentarán a la elección de una época: un mundo de magia o un mundo de ciencia. ¿Cuál? ¿Cuál será? Mi añorado Carolinus, a lomos de Golpezás y acompañado por la música de Don MacLean (un clásico que todos deberíamos llevar en el mp3) nos muestra el argumento desde el principio. Ahora hablaré sobre él, pero antes, ¡¿habéis visto los dragones?! ¡Cuántos! ¡Qué vuelo tan majestuoso! ¡Qué fusión más perfecta con el fuego! Sí, ahí, ahí fue cuando descubrí mi destino. Dragones. Yo quería ver más dragones. Y dragones fue lo que encontré.

            Volviendo al argumento, nos encontramos ante una época crucial, en la que el ser humano comienza a dar la espalda a la magia y todos los seres que viven de ella ven cada vez más debilitados sus poderes. Carolinus, el mago de la Naturaleza, convoca sus tres hermanos para buscar una solución; pero, si bien Solarius, señor de las profundidades marinas y de las alturas celestes, y Lotahar, mago de la trascendencia, la curación y la contemplación, comparten su misma inquietud, Omadón, señor del reino del demonio y seductor de la oscuridad, pretende aprovechar la oportunidad para llevar al ser humano hacia su destrucción.

            Y así comienza la aventura. Los tres hermanos se conjuran para arrebatarle a Omadón la corona roja, fuente de todo su poder. Pero han de hacerlo a través de otros, ya que no se les permite combatir entre ellos. Eligen así a los tres que deben emprender esa misión: Sir Orin Neville Smythe, un caballero de los que ya no quedan; Golpezás, el mencionado dragón de Carolinus; y Peter Dickinson, un científico del siglo XX cuyo mayor logro parece ser su pasión por los dragones y que es descendiente de Pedro el Grande.

            Lo que sigue ya no lo cuento, que lo que quiero es que veáis la película. Sí os diré que la historia, como ya habréis intuido, sigue los parámetros clásicos del viaje del héroe, en este caso será Peter, que se embarca tanto en una misión imposible contra el mal como en la búsqueda de su propia identidad. Por el camino se irá encontrando amigos y enemigos, vivirán aventuras, sufrirán contratiempos y, al final, la gran batalla que todo lo cambiará. Vale, también sigue los cánones de la fantasía épica de los setenta y ochenta, pero, ¿qué esperabais si está hecha en 1982? Además, todo permanece vigente en la actualidad: la diferencia es que ahora quizás se cuidan más otros detalles que antes no eran importantes.

            Con el paso de los años y las distintas revisiones que he tenido la oportunidad de hacer del filme, uno se va dando cuenta de cosas que con los once años de la primera vez ni siquiera quedan en la memoria. O sí, sólo que no se aprecian en todas sus facetas. Si os decidís por verla, no dejéis de prestar atención a las pequeñas joyas filosóficas que son la base de toda la fantasía épica actual.

 El vuelo de los dragones

            A nivel técnico, y sin tener conocimiento alguno, esta película sobresale por el grado de detalle del dibujo, especialmente en los dragones: no encontraréis dos iguales. Da gusto observar el trabajo de dibujantes (japoneses en su mayoría) que se esfuerzan por dotar de características únicas a unos personajes que se funden con el paisaje sin que chirríe por ningún lado, que los dotan de movimientos naturales y plásticos. Sin quitar mérito a sus directores, Arthur Rankin y Jules Bass, que digo yo que algo influirían también en la estética conseguida.

            Pero no todo va a ser bueno. A España nos llegó traducida con esa suerte de técnica que en Sudamérica llaman español neutro, pero que a nosotros nos chirría por todos los lados; al menos ahora, que en aquella época raro era el dibujo animado que no estaba doblado así. La pena es que no tuviéramos la oportunidad de un doblaje al nivel del orginal, con John Ritter (lo recordaréis por Apartamento para tres) y, sobre todo, James Earl-Jones, la voz original de Darth Vader.

            Para terminar, un par de curiosidades. Al principio de la película dice que la misma está basada en el libro The Flight of Dragons, escrito por el propio Peter Dickinson (de hecho hay una escena en la que Carolinus hace un guiño al personaje de Peter en ese aspecto), pero la verdad es que no es así. Yo me di cuenta tras buscar ese libro por cielo y tierra cuando Internet no era más que una herramienta para mandar mails y google aún soñaba con alcanzar a altavista. Sólo el mecanismo por el cual vuelan los dragones puede decirse que está sacado de la obra de Dickinson.

            Porque en realidad la historia y los personajes tienen su origen en la novela The Dragon and the George, de Gordon R. Dickson, publicada en España por Timun Mas con el nombre de La Torre Abominable. Pues eso no lo pone hasta los créditos finales. Ni os imagináis lo que pasé hasta encontrar el dichoso libro (primero en inglés y luego, cuando averigüé su traducción tan fiel, en español).

            Me despido, recordando al buen Carolinus, diciéndoos que siempre que el hombre necesite de la magia, aquí estaremos.