Lun 24 may 2010
“Traducción de una nota…”, por Vicente Agut
Creado por Lady Dragón en Relatos
[2] Comentarios
Traducción de una nota encontrada en el Pont du Gard en mayo de 1847
Escrito por Vicente Agut
**********
«Nunca he podido borrarlo de mi mente. Ella se aferraba a mis brazos e intentaba zafarse con todas sus fuerzas sin saber que era en vano. Intentaba golpearme. Era valiente. Su ansia por luchar casi disfrazaba su indefensión. Aquello me provocaba tanta ternura que sentí aún más ganas de morderla. Mi mano se afanaba por tapar su boca y hundir sus continuos gritos. Estaba resultando bastante incómodo sentir su miedo, pero cuando mis colmillos atravesaron la piel blanca de su cuello, todo alrededor pareció desvanecerse. El cálido torrente de su sangre se derramó en mi lengua tan suave como pétalos de seda mientras yo hundía mi nariz en la espesura de sus cabellos. En aquel momento tuve consciencia de todo su cuerpo, tan pequeño y frágil, que ahora se estremecía y temblaba. Sus gritos se convirtieron en llanto ahogado. El miedo la había hecho transpirar y el olor en su piel se había intensificado, aquel olor tan dulce. El placer fue extremo cuando sentí resbalar su sangre como gotas de oro por mi garganta. Entonces, sentí tanto amor por ella que quise abrazar su dolor. Ella pareció entenderlo y sus gemidos fueron debilitándose, dejó de temblar y, en un momento, noté como se entregaba a la muerte esperando a que todo acabara, aceptando su final. Fue indescriptible sentir como me regalaba su último aliento. Parecía que mi pecho fuera a estallar con aquel creciente cosquilleo. Cómo se podía morir con tanta dulzura. No podía abandonarla sin más. Arrastré mis labios hasta los suyos que, rodeando su pequeña boca entreabierta, esperaban recibirme. Busqué su lengua y la sangre que quedaba aún en mi boca se mezcló con su saliva. Era un beso humano, pero en aquel momento no pensé en ello. Al separarla de mí, un aroma más intenso brotó de su escote. Su piel suave y blanca me incitó a aventurarme por aquel recorrido oculto. Ni una mancha, ni una sola imperfección. Arranqué su ropa de un zarpazo. Sus pechos pequeños apenas se zarandearon. No podía sino dejarme llevar por el insistente cosquilleo que sentía en el pecho, cada vez más denso. Me costaba tanto respirar que tuve que reclinar su cuerpo en el suelo. Entonces, empecé a lamer la piel de su cuello y fui recorriendo su torso, mientras mezclaba los restos de sangre en mis labios con el sabor de su piel tibia. Besé sus pechos y la única parte donde su piel se oscurecía, seguí avanzando hasta su vientre. No podía dejar de besar su piel. Seguí desvistiéndola. El interior de sus muslos aún calientes escondía un aroma aun más profundo y arrebatador. Era el olor de la sangre. Mi corazón latía con tanta fuerza que podía sentirlo vibrar en mis labios. Recorrí la suave piel de sus muslos hasta aquella profundidad y un rubor me recorrió la cara con tanta intensidad que la sensación de mareo me hizo cerrar los ojos. La agarré por las caderas y con un último beso llegué hasta la pureza de aquella esencia carnal. Entonces ella soltó un gemido. Fue un estertor, pero deseé con todas mis fuerzas que estuviera viva para tomarla como un vulgar humano. No me di cuenta de que dos lágrimas resbalaban por mis mejillas hasta un momento después. Alimentarme con aquella sangre me había turbado tanto que ya no podía pensar con claridad. Quería abrazarla, quería yacer con ella. Supongo que todavía quedaba algo en mí de lo que alguna vez fue un alma humana. Permanecí abrazado a ella durante horas hasta la llegada del sol. Quise morir, olvidar el mundo y quedarme con aquel momento para siempre en las tinieblas, pero mi condición me lo impidió. Nunca he podido olvidarlo. Por eso puedo contar mi historia ahora. Sin embargo, espero que estas cadenas no me permitan huir de nuevo. Dejo esta nota para que todo se sepa. Cuando llegue el sol y alguien vea las cenizas al lado de esta nota que sepa que nunca amé tanto a una mujer como aquella última vez».
