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Lo mire por donde lo mire La leyenda del buscador es una serie mala. Los actores son terribles ―la sobreactuación en algunos momentos «dramáticos» consiguió que soltara unas cuantas carcajadas; en otros me dio vergüenza ajena―; el guión es paupérrimo (y me quedo corta), con saltos de trama propios de un equilibrista, los conejos que se sacaron de la chistera hasta el final de la serie es para aplaudirlos ―pero con las orejas y los pies―, la dirección y la producción, penosas; la dirección de arte no hay por donde cogerla (el maquillaje es una lástima; el cartón piedra se nota a cada paso que dan por esos escenarios increíbles); y a los encargados de fotografía y de sonido es para no hablarles jamás. Dejaré a un lado las moralejas y los juicios morales que caen de forma repetitiva (hasta el sopor) en cada capítulo.

Y aquí podría acabar mi crítica ya que no he dejado en pie a ningún miembro del equipo técnico (y que no se levanten, que me enfado). Pero no lo haré por la misma razón por la que vi las dos temporadas de la serie: por la fascinación que me provocó la manera de tratar a los personajes femeninos.

La serie supera la prueba de Betcheld, que consiste en responder a tres preguntas: 1) ¿aparecen al menos dos mujeres que tengan nombres? Sí; 2) ¿se hablan entre ellas? Sí; 3) ¿conversan acerca de otra cosa que no sean hombres? Sí.

Esto vendría a demostrar que es una serie en la que tratan a la mujer con algo más de respeto que muchas de sus contemporáneas. Lo que es de agradecer. A mí me alegra saber que en una serie hay más de dos mujeres que hablan entre ellas sobre cualquier cosa que no sea sexo (o ropa, o hijos, o recetas de cocina, o cualquier otro de los tópicos a los que acabamos reducidas las mujeres). Lo que no me gusta tanto es ver de qué forma se retuercen las ideas para que las mujeres se acaben comportando como hombres o, peor aún, seamos consagradas a la malignidad que ya nos otorgaron en tiempos inmemoriales y de la que parece que no nos libramos.

La leyenda del buscador me resulta una muestra fascinante de esta forma retorcida de presentar a la mujer. Retorcida porque, bajo una apariencia de valentía y heroicidad, se esconden comportamientos como el sadismo, la crueldad, la dominación, el egoísmo o la volubilidad.

De no existir en las series, pasamos a estar al servicio de un personaje masculino, para luego transformarnos en amas de casa y amantes esposas. Y tras la revolución de la mujer, tras más de un siglo de lucha, ¿dónde hemos llegado? A ser unas dominadoras que castramos la libertad del hombre1.

Analizaré los dos personajes femeninos de la serie que más me deslumbraron, cada una por una variedad distinta de lo que he comentado más arriba.

Hablaré primero de Kahlan (interpretada por Bridget Regan).Kahlan Su función en la historia es la de proteger al Buscador. Es valiente y fuerte. Sabe manejar las armas, sobre todo dos espadas cortas que son con las que suele pelear.

Me detendré aquí un momento porque los dos personajes que os voy a presentar luchan, llevan armas, pegan puñetazos, dan cabezazos y otros menesteres de las guerreras. Y a mí esto ya me suena a un tema masculino. ¿Quiero decir con esto que la mujer no puede luchar? No, claro que puede, pero que no lo hacemos igual, ni falta que nos hace, puesto que la fuerza física de la mujer es inferior a la del hombre nuestra manera de sacar partido en una refriega no es en el cuerpo a cuerpo. No haré aquí un estudio sobre las diferencias en la manera de enfrentarse a una pelea entre un hombre y una mujer, solo recalco que cada uno de los personajes femeninos que voy a presentar pelea como si fuera un hombre, la mayor de las veces contra hombres, aunque, todo hay que decirlo, también contra mujeres.

Volvamos a Kahlan, la protectora del buscador, la que daría su vida por él, pero que resulta que en la mayor parte de los capítulos es salvada por su protegido. Nos dicen una cosa, pero el análisis muestra lo contrario: no es la protectora, sino la protegida. Bajo la máscara de heroicidad se esconde la de la debilidad.

Pero esta no es la parte más alucinante de este personaje. Es su condición de «confesora» la que me dejó boquiabierta. Permitidme enseñaros una pequeña muestra del capítulo 6 de la primera temporada:

Kahlan confiesa en Vimeo.

Lo que habéis visto es a Kahlan «confesando» a un malote que iba a hacer daño a un chaval. Cuando Kahlan «confiesa» a alguien, la voluntad de esa persona queda bajo su control. Si bien puede «confesar» a hombres y mujeres, la mayoría de las veces son hombres los que sufren del influjo de la «confesora». Por principios es buena y no lo hace salvo que sea necesario. Eso es lo que nos cuentan, pero lo que yo veo es la imagen de una mujer que castra el libre albedrío de sus semejantes. ¿No os suena a cierto tópico de la historia de la humanidad: la mujer castradora? De nuevo, bajo la capa de bondad, se oculta un aspecto negativo. Aquí os dejo un vídeo con las consecuencias que provoca la confesión de Kahlan en el malote (este esquema se repite una y otra vez a lo largo de toda la serie):

Consecuencias de la confesión en Vimeo.

En la superficie, vemos valentía y bondad, pero por debajo caminan la debilidad y la dominación negativa. Contradictorio, ¿verdad? Y sumamente abrumador que el personaje femenino principal de una serie dirigida a adolescentes represente a una mujer que necesita del hombre para sobrevivir, pero que al mismo tiempo lo limita a sus deseos.

Analicemos ahora al segundo personaje femenino: Cara (interpretada por Tabrett Bethell).  CaraNo aparece hasta el final de la primera temporada, así que su desarrollo como personaje se realiza en la segunda. Cara es una Mord-Sith, un grupo de mujeres sado-masoquistas (una conclusión que saco de la estética y los comportamientos que aparecen en la serie) que están al servicio del antagonista: Rahl el Oscuro. La principal característica de estas mujeres es que son entrenadas en el dolor y que el arma que portan (una porra; símbolo fálico evidente) les inflige daño cada vez que la utilizan. Es decir, disfrutan con el dolor que inducen a otros y con el que les provocan a ellas mismas.

Pero las Mord-Sith son malas así que les perdonamos que sean un modelo de mujer negativo (tampoco es que salga muy bien parado el modelo masculino a manos de Rahl el Oscuro: el malo más tonto e inútil que he visto en mucho tiempo).

La cuestión es que Cara se pasa al bando de los buenos y decide acompañar en su búsqueda a Richard (que dicho sea de paso también es un héroe bastante inepto como tal: busca que te busca no llega a encontrar nada).

La evolución de este personaje es inquietante: su lado sádico lo controla como demostración de que ya no es «mala», pero el lado masoquista no lo abandona, puesto que sigue manejando la porra (lo llaman el agiel) en las peleas. Durante el transcurso de la historia, se supone que esta mujer descubre la compasión y la amistad. Pero no deja nunca de utilizar el agiel, un arma que produce dolor tanto al que es agredido como a la portadora.

Lo primero que me viene a la cabeza es que a ella le gusta dañar y que la dañen. Y, bien, si se quedara ahí, lo aceptaría, porque existen mujeres (y hombres) que sienten placer con el dolor. Y esta crítica no pretende hacer juicios de valor sobre el sado-masoquismo. Dicho de otra forma, la relación negativa entre esta tendencia sexual y las mujeres la establecen los propios guionistas que parecen querer decirnos que disfrutar del dolor es negativo. Pero, ¿quiénes son las que lo hacen? Las Mord-Sith. O sea, mujeres. La lectura que hago de ello me pone los pelos de punta: las mujeres son malignas porque les gusta el dolor.

Pero Cara cambia: deja de pertenecer a las Mord-Sith, por lo tanto hemos de entender que abandona las costumbres de estas. ¿Las abandona? No. Dicen que lo hace, que se convierte en alguien mejor y más compasivo; pero en esa transformación se les olvida el agiel, el arma que le produce a ella dolor cada vez que lo coge (y son unas cuantas en cada capítulo). Se me vuelve a erizar el vello con la interpretación que podemos sacar de esto: la mujer no debe hacer daño, pero sí sufrirlo. De dominatriz, provocadora de dolor, pasa a sufridora, sumisa de esa condición. Le dan permiso para cambiar, pero solo un poquito, no vaya a ser que decida dejar de sufrir y aprenda a amar de verdad (sean hombres o mujeres, que la sexualidad de este personaje queda un tanto difusa, aunque aquí le echaré la culpa al guión, que es pésimo).

¿Contradictorio? Sí, claro, como pasaba con Kahlan, porque si uno quiere vender que está ante una historia de mujeres valientes y fuertes, pero en el fondo proporciona una visión deformada e insensata de la femineidad, lo máximo que consigue es contradicción.

Estos dos personajes se supone que representan a mujeres alejadas del estereotipo manido de las series de televisión: no son amas de casa, no dependen de un hombre, son fuertes, valientes, luchan, pegan puñetazos y se salvan a sí mismas de sus miserias.

Pero lo que vemos tras la máscara es debilidad, sumisión y malignidad (la castradora, la dominatriz).

En la superficie: mujeres que se comportan como hombres. «Modelos de la mujer liberada», que me amparen si quiero semejante libertad.

En el fondo: los tópicos de siempre, bien retorcidos para que pasen desapercibidos, no vaya a ser que alguna mujer diga que ese modelo no se acerca ni de lejos a lo que somos.

No es que se pueda esperar mucho más de una serie como esta, pero me sirve de reflexión para sacar a la luz que los temas, miedos, conflictos y deseos de las mujeres llegan a la televisión tamizados por la visión masculina.

A modo de conclusión: la mujer de hoy en día ―al menos yo― no quiere ser como un hombre; tampoco quiere ser la mujer de hace medio siglo; lo que buscamos es que nos dejen ser lo que somos: mujeres con temas, miedos, conflictos y deseos propios, sin masculinización ni estereotipos anclados en el pasado2.

Me hubiera gustado poner aquí un par de ejemplos que contrarresten esta opinión sobre la forma de presentar la mujer en la televisión, pero a pesar de la calidad de muchas series actuales, lo cierto es que la femineidad no suele salir muy bien parada. Lo que no quita que haya estupendos personajes femeninos, con comportamientos masculinos. El problema radica, claro, en que el modelo es, una vez más, el del hombre: los temas, los conflictos y las reacciones son de ellos (o de los prototipos y tópicos asociados al hombre, por rizar el rizo).

  1. Me hubiera gustado poner aquí un par de ejemplos que contrarresten esta opinión sobre la forma de presentar la mujer en la televisión, pero a pesar de la calidad de muchas series actuales, lo cierto es que la femineidad no suele salir muy bien parada. Lo que no quita que haya estupendos personajes femeninos, con comportamientos masculinos. El problema radica, claro, en que el modelo es, una vez más, el del hombre: los temas, los conflictos y las reacciones son de ellos (o de los prototipos y tópicos asociados al hombre, por rizar el rizo). []
  2. A los hombres que lean esto, sí, lo sé, el modelo de hombre que nos vende la televisión también se ha ganado una buena crítica: a su tiempo llegará, que más de una serie se merece un capón al respecto. []

Un botellín, por favor, por Káralan

¿Cuántas series te han sorprendido? ¿Cuántas podrían hacerlo con un argumento tan trillado que es imposible salir a la calle sin topárselo en un kiosco o en el escaparate de una librería?

Chica conoce vampiro, vampiro conoce chica. Vampiro y chica sufren mil dificultades por culpa de sus diferencias. Chica y vampiro se reconcilian y son felices por toda la eternidad… ¿De verdad no te suena? La historia está tan explotada, que las editoriales intentan renovarla con licántropos suaves y zombis perfumados, pero el problema no es la forma, sino el fondo. Cambian los bichejos, pero la historia sigue siendo Romeo y Julieta.

El éxito de True Blood, que parte de un original literario que aporta como diferencia el humor y tramas detectivescas (Harris también escribe policiaco), hay que agradecérselo a un guión que aprovecha lo mejor de las novelas, dándoles un giro dramático sin prescindir del tono divertido, y a una elección de reparto muy afortunada. La ambientación sureña y una dirección austera, que se basa en la calidad y no en el presupuesto, junto a la música de Nathan Barr (hay piezas preciosas en las que una guitarra acústica y un cello te transportan a otro tiempo con melodías tan sencillas como prodigiosas), terminan por convertir True Blood en una de las mejores series de televisión que se han emitid… un momento… ¿Qué me está pasando?

Éste no soy yo… esperad que abra una botella de True Blood… glubglubglub… Vale…

Ahora vamos a hablar de lo que realmente a todos, hombres y mujeres, nos preocupa:

¿Está Anna Paquin lo bastante buena para el papel?

¿Resulta creíble la fascinación que despierta en Bill, Sam, Eric y varios seres sobrenaturales más? No creo que ninguna mujer ponga en duda el atractivo de los varones antes mencionados, pero el de Sookie no está del todo claro… de acuerdo que es un encanto de chavala, pero… ¿Lo suficiente como para enamorar perdidamente a un vampiro de casi doscientos años, que a diferencia de Edward, no tiene las hormonas alteradas por una adolescencia perpetua?

Queda abierto el debate… Y ahora, para no seguir dispersándome, vuelvo con la serie, destacando (la culpa es del True Blood) la belleza de las escenas eróticas, algunas de las cuales llegan a emocionar, y de las ensoñaciones de V de Amy y Jason durante la primera temporada.

También dignas de mención, las alusiones a la integración (racial, sexual) que se hacen sin caer en la demagogia (el personaje de Lafayette, impagable) y de paso a la religión, la política, la violencia… sin dejar de lado la fascinación humana por lo prohibido.

Para quien no la conozca (alguno habrá) True Blood cuenta la historia de una camarera llamada Sookie Stackhouse, que por culpa de su telepatía (a quien no le ha pasado) es incapaz de mantener una relación durante mucho tiempo. La acción transcurre en un pueblo sureño llamado Bon Temps, en un presente alternativo en el cual y gracias a la invención de una sangre sintética casi similar a la humana, se ha producido una masiva “salida del ataúd” de la población vampírica, que ahora lucha por su lugar en la sociedad. Sin embargo, hay un número considerable de ellos que no se adaptan a los nuevos tiempos y siguen considerando a los humanos como simple alimento y objeto de diversión. El enfrentamiento entre ambos grupos (vampiros y humanos que no se toleran entre sí) hará que la sociedad se desprenda poco a poco de su apariencia civilizada, para mostrar un rostro más salvaje e inquietante.

En medio de este caos, Sookie conoce a Bill Compton, un vampiro a quien no puede leer el pensamiento y que desea integrarse en la comunidad. En el vampiro Bill, Sookie encontrará por fin a su media naranja y éste en Sookie, la paz y la inocencia perdidas.

Aquí es donde Capuletos y Montescos entran en juego. Ni los vampiros ni los humanos que forman el entorno de ambos, ven con buenos ojos la unión. Y para colmo, otras razas de noche (con el permiso de Clive Barker) están a punto de seguir el ejemplo de los vampiros y abandonar respectivamente armarios, bosques y perreras para dar la cara.

El título de la serie, True Blood, hace referencia a la marca de sangre sintética que los bares a favor de la integración sirven (a temperatura humana) a la población vampírica. Como contrapartida, un nuevo producto gozará de gran éxito entre la humana… El “V”, sangre de vampiro con efectos afrodisíacos y lisérgicos, que provocará una revolución entre los traficantes y hará que los cazadores se conviertan en presas.

Lo que ahora hace falta, es que el productor Alan Ball sepa cuándo es el momento de dejar de chupar de la idea, para que no le ocurra lo mismo que a la autora de los libros, Charlaine Harris, que alargó la serie (y nos hizo cogerle tirria a la palabra ”muerto” a unos cuantos) hasta convertirla en un Falcon Crest vampírico (para los humanos que no entendáis la referencia, se trata de un culebrón del siglo XX al que estuve tan enganchado como vosotros al V) enredado, repetitivo y muy aburrido. En fin, ya está aquí la tercera temporada…

Yo necesito mi dosis ¿y vosotros?

[Posibles spoilers de la serie Caprica]

EL FUTURO DE LA HUMANIDAD EMPIEZA AQUÍ…, por Laudine

Una historia de dos familias en un pasado lejano pero con más similitudes con nuestro presente de las que podríamos creer en un principio.

A partir del 5 de abril a las 21:30h en SYFY CHANEL

Caprica, la precuela de la ya mítica Battlestar Galactica, que durante cuatro temporadas ha sido la delicia de los amantes del SCI FI, cuenta cómo dos familias – los Graystone y los Adama- evolucionan, rivalizan y prosperan en el efervescente mundo de las 12 Colonias, una sociedad ficticia que, sin embargo, tiene infinitos puntos en común con el panorama actual en el mundo. El escenario en el que se mueven es el de la incipiente aparición de la inteligencia artificial como una realidad plasmada en los Cylon, máquinas perfectas capaces de albergar un alma humana.

La serie mezcla acción con espionaje industrial y guerra de sexos, pero también fanatismo religioso y conflictos éticos relacionados con avances científicos. En definitiva, grandes dosis de pasión, de intriga y de conflictivas relaciones personales.

¿Puede una copia de la información retenida en el cerebro ser tan exacta que reemplace a un ser humano?

Ronald D. Moore, creador de Battlestar Galactica, Caprica y Carnivàle, entre otras joyas de la televisión, y la joven promesa Alessandra Torresani, Zoe Graystone en la serie, estuvieron en Madrid para respondernos. El encuentro, organizado por Sy Fy Channel en el Teatro Lara, estuvo precedido por la proyección del piloto de 90 minutos de duración que luego dio paso a media hora de preguntas que los blogueros tuvimos la oportunidad de hacer a los invitados.

Como sikoydenee.com es una página dedicada a la literatura fantástica, me centraré en aquellas preguntas que tienen que ver con el mundo de la escritura (creo que podemos prescindir de las respuestas que dieron Ronald D. Moore y Alessandra Torresani a preguntas absurdas como si os venís esta noche de copas o qué se siente al ver tu imagen semidesnuda empapelando New York).

Caprica, como nos contó su creador, se gestó al mismo tiempo que Galactica, lo que permitió que el equipo de guionistas hiciese los malabarismos necesarios para no verse luego maniatados a la hora de desarrollar la historia. Se aseguraron de dar las claves necesarias en Galactica para que sirviesen de motor a Caprica, pero se guardaron mucho de desvelar demasiado sobre los Cylon, porque de ellos iba a tratar la precuela. Con este sistema se protegían de verse reescribiendo Battlestar porque ambas historias no quedasen bien encajadas.

Como nos explicó el creador, no fue una tarea fácil. Desde el principio, Moore dejó claro al canal que Battlestar Galactica tendría un final. El objetivo de la serie era uno y claro: encontrar la tierra prometida, La Tierra, para crear una nueva civilización. Y Moore quería ser fiel a esa premisa y no traicionarse ni a sí mismo ni a los seguidores de la serie. Así que en la tercera temporada, consciente de que llegaba el momento de acabar, pidió a la cadena la cancelación de Battlestar en la siguiente temporada. Como es un hombre que conoce bien el medio, sabía que las cadenas no se desprenderían ni con agua hirviendo de una serie que iba bien y le daba éxito y dinero. Pero Ronald tenía guardado su as en la manga, Caprica. Con ella, no le fue difícil convencerlos de finiquitar Galactica cuando la historia así lo exigía y dar paso a la precuela. Sin duda, toda una estrategia de creación y de marketing.

Caprica está llamada a continuar con algunos temas ya iniciados en Galactica. Al ser una serie de ciencia ficción, comentaba Ronald, se le permite hablar sin tapujos de ciertos temas espinosos y que en otros géneros levantarían ampollas, críticas y cancelaciones. Me refiero a temas religiosos, principalmente, y políticos. Si en Battlestar Galactica ya hubo referencias al 11 S y a la guerra de Irak (en los episodios que se desarrollaron en Nueva Caprica), en su precuela serán casi el eje principal, aunque no el único. Moore nos dejó claro su compromiso social y que no pensaba dejar escapar la posibilidad de usar Caprica como espejo de algunos problemas que afectan a nuestro mundo, y que usará la actualidad mundial cada vez que le resulte interesante hacerlo.

Como pudimos comprobar en el piloto, Caprica arranca con un incidente que será el desencadenante de la creación de los Cylon y que tiene mucho que ver con el integrismo islámico. Caprica advierte desde el minuto quince de los peligros del monoteísmo, un arma de doble filo que ha servido a lo largo de la historia para justificar hechos más que reprochables en el nombre de Dios.

En cuanto a lo político social, Moore también desea que la serie nos hable de la intolerancia y el racismo. El marco para este tema será las 12 colonias con sus “doce tribus”. Ya en el piloto hemos podido definir a tres de estas colonias.

Los capricanos son el exponente de la raza aria, ostentan el poder económico y tecnológico, viven con todas las comodidades en urbes más que retocadas por un director de fotografía experto en los efectos digitales. Pero también sufren la peor de las consecuencias de su superdesarrollo: la depravación. Sus adolescentes se han hecho adictos al Club V, un espacio virtual para adolescentes donde todo está permitido y que crea un paralelismo con los peligros que Internet entraña para los jóvenes, vulnerables y fácilmente manipulables.

Los habitantes de Tauro son claramente de rasgos latinos y su planeta es bastante desértico y de población principalmente agraria. Considerados por los capricanos como gente no fiable, son subyugados por una mano oscura, una organización mafiosa inspirada en la mafia mexicana pero con un look que les acerca más a la Cosa Nostra (salvo por los tatuajes). Como buenos latinos, son de corazón caliente, y gente de fuertes principios, lo que los enfrentará a las mentes frías e interesadas de los capricanos. Con los taurianos se nos cuenta la historia del que será el personaje mítico de Battlestar Galactica, el almirante Adama, que en Caprica cuenta con once años de edad. Por el momento, no parece que vayan a aparecer más personajes de la primera serie, y hay que suponer que Adama no está gratuitamente en Caprica, pues su intérprete, el actor mexicano-estadounidense Edward James Olmos, es director y productor de la saga.

Los habitantes de Sagitaro están representados en el personaje de Clarice Willow (Polly Walker), una religiosa con una importante posición en la jerarquía politeísta de Caprica y que es parte de un matrimonio grupal, formado por varias personas de ambos sexos. Sin embargo, esconde un secreto sobre sus valores más profundos: es de las monoteístas más radicales (y en la serie esto significa ser terrorista).

Por último, se menciona Germinon como un lugar de tolerancia y libertad, que habrá que ver cuanto tiene de todo esto a medida que la serie avance y se vaya profundizando en los rasgos de cada colonia.

Por desgracia, Moore no pudo decirnos hasta dónde nos llevará Caprica. De momento arranca 58 años antes de su destrucción para explicar la creación de los Cylon. Como contó su creador entre risas, dependerá de la cadena y las temporadas que ésta quiera contratar. Pero si bien no tiene claro que vayamos a ver una guerra en toda regla, si al menos nos prometió Cylons disparando.

Alessandra Torresani, la protagonista de la serie, nos causó a todos muy buena impresión. Simpática, divertida, cercana y muy profesional, fue la que más risas arrancó a los allí congregados. Esto no quiere decir que Moore fuera un callo. Todo lo contrario. Yo que soy guionista puedo decir que representa fielmente al gremio: un tipo con pinta de mindundi, bastante sencillo y al que le importa un pito su imagen y no le causa estragos vestir con lo más usado de su armario. Además, usa gafas (ay, si es que los guionistas sufrimos mucho de la vista con los ordenadores). En fin, uno de los nuestros.

Alessandra demuestra en Caprica sus grandes dotes como actriz en un papel que no es para nada fácil, pues interpreta a un avatar de Zoe, un ser virtual que siente como un humano aunque sabe que no es real. Éste, ya saben los fans de Galactica, era el gran dilema de los Cylon.

Zoe Graystone es la hija de Daniel Graystone, un reputado experto informático de Caprica dueño de una gran empresa dedicada a la tecnología punta y uno de los hombres más ricos del planeta. Ha desarrollado los dos grandes inventos de las 12 Colonias: la holobanda, un sistema que permite a la gente acceder a un universo virtual donde todo es posible; y la unidad de cibercombate U-87, los famosos centuriones de Galactica y origen de los Cylon.

La madre de Zoe es Amanda, una reputada cirujana plástica luchadora y voluntariosa, gran apoyo para su marido, aunque su necesidad de indagar todo lo que pueda sobre los datos que no conoce de la vida de su hija pondrán a prueba su relación. Es evidente que no es gratuito que sea cirujano plástico. Sin duda, este personaje tendrá mucho que ver en el espectacular físico que llegarán a tener los Cylon. La mala relación que tuvo con su hija en vida la tendrá traumatizada para los restos.

Zoe, como nos contó Alessandra, está en plena adolescencia y desprecia las ventajas que el dinero de sus padres le da. Demuestra tener una enorme capacidad para desarrollar herramientas informáticas que la acercan a ser un genio de la inteligencia artificial. Zoe, junto a sus amigos Ben y Lacy, forman parte del grupo de monoteístas que defiende otro tipo de valores y guardan un gran proyecto a salvo en una habitación del clandestino club virtual V, a la que sólo ellos tienen acceso: una réplica virtual de Zoe capaz de sentir y pensar como ella y cargada de todos sus recuerdos. Zoe tiene grandes proyectos para su creación, a la que considera llamada a salvar a Caprica de sí misma. Zoe, además, ha sido tocada por Dios (esto se nos explicará, dijo Moore, a lo largo de la serie). Si recordamos Battlestar Galactica, los humanos eran politeístas en su mayoría y los Cylons monoteístas. Sin duda, en las creencias de Zoe está la base.

Zoe sobrevive más allá de su propia muerte gracias a su avatar. Pero no estaba en sus planes, ni en los de este Dios que la toca, que el invento cayera en manos de su padre, quien incapaz de soportar la pérdida de su amada hija, utilizará el avatar para traerla al mundo real en forma de Cylon.

El avatar de Zoe será muy codiciado para los monoteístas radicales y lleva a su padre, efectivamente, a dar un paso más allá de la ética, e incluso de la legalidad. Ante él, comienzan a desfigurarse las barreras entre lo real y lo irreal. Entre la ciencia y la aberración. Entre la vida orgánica y su réplica mecánica. Este dilema sobre la ética de la tecnología es el tema principal de la serie (no en vano es una serie de ciencia ficción y éste ha sido siempre uno de los grandes temas del género desde Frankenstein). Por suerte, están nuestros Adama (el futuro almirante y su padre), para tratar de pararle los pies…

El avatar de Zoe sabe los motivos que han empujado a su padre a hacer lo que hace y eso la lleva a justificarle en cierta medida. Pero el avatar es consciente de que Zoe la creó para cumplir una misión y está dispuesta a no defraudarla. Jugar con todas esta emociones y con el gran dilema del personaje (siento pero no soy real) es, según Alessandra, su gran reto como actriz. La joven nos dijo ser consciente de la joya de personaje que se la ha servido en bandeja, pero también de la responsabilidad que para los fans de Galactica supone el interpretar a la primera Cylon.

Caprica va a contar la evolución de los Cylon y eso implica su propia evolución como personaje y ese camino hacia el Dios verdadero. Lo más difícil para ella, nos dijo, ha sido retratar la soledad del avatar, que la lleva a veces a salir hecha polvo del set. La complicada relación con su padre y los emotivos diálogos que tiene con él han sido todo un revulsivo de emociones para Alesaandra y agradeció haber tenido a un actor de la talla de Eric Stoltz para darle la réplica. Lo que más le gusta de su personaje, nos dijo, es lo interesante y novedoso que resulta contar la historia de toda una nueva civilización artificial desde el punto de vista de una adolescente, con todo lo que ello implica.

En esto, he de decir, hay una gran apuesta de Moore al contar sin miedo hacia la depravación a la que podemos estar empujando a nuestros jóvenes al poner a su servicio herramientas tecnológicas para las que aún no tienen la madurez suficiente. Si bien alguno reprochó a la serie que los avatar en el mundo virtual del Club V fuesen a imagen y semejanza de sus moldes reales, cuando bien sabemos que es más que improbable que un adolescente se use a sí mismo como avatar.

Caprica tienen un aire muy urbano que la aleja de su “secuela” Galactica, lo que la hace interesante al desligarse de la mítica serie, pero que no está exento a su vez de riesgo por parte de sus creadores, pues muchos fans pueden esperar ver reflejada en Caprica una ambientación similar a la de Battlestar. Nada más lejos de la realidad. En Caprica hay urbe, colores vivos, y mucho retoque digital. Lo que no habrá será 3D, como nos adelantó Moore.

Para acabar este artículo, dos curiosidades. La primera, cuando se le preguntó a Moore si era consciente de todo lo que había creado con Battlestar Galactica y lo que esta serie supone ya para la historia de la ciencia ficción, Ronald D. Confesó que nunca fueron conscientes de ello. Sólo se dejaron llevar por lo que les apetecía hacer y contar, sin saber la gran magnitud repercusión que llegaría a tener lo que estaban creando.

En contrapartida, y como segunda curiosidad, Alessandra nos confesó que no conocía Battlestar Galactica antes de hacer el casting para a serie, aunque mintió a Moore diciéndole que sí (y ambos se rieron…).

Para más información sobre Caprica:

http://www.syfyuniversal.es/series/caprica

http://caprica-spain.blogspot.com/

Los monstruos que pasean por Bristol (y pagan el alquiler), por Capitana B. Retta

Es muy probable que cualquier comentario sobre Being Human comience como si fuera un chiste. “Esto son un hombre lobo, un vampiro y una fantasma que se van a vivir juntos y…”. No es que esa sea la premisa exacta, y es una presentación repetida hasta la saciedad, pero es como se da a conocer la serie.

En el boom de los vampiros y los hombres lobos idealizados, bronceados y brillantes, encontramos esta serie de la BBC que le da otra vuelta de tuerca a estas sociedades sobrenaturales.

El piloto original de Being Human se emitió hace tres años y estuvo protagonizado por Andrea Riseborough (Devil’s Whore), Guy Flanagan (Party Animals) y Russell Tovey (The History Boys). Más tarde este piloto sería aprobado, el reparto reelegido en su práctica totalidad y la idea derivaría en lo que hoy es esta serie.

Como hemos dicho, la premisa es muy simple. George, hombre lobo; Mitchell, un vampiro; y Annie, una fantasma, comparten casa. La cosa no se detiene ahí. Se las arreglan para armonizar la fantasía con un humor negro muy británico que brilla sobre todo en las escenas centradas en la convivencia, aportando un nuevo punto de vista sobre estas subculturas sobrenaturales.

En principio, el enfoque de la serie es ligeramente distinto al del piloto original. El personaje de Mitchell, interpretado ahora por Aiden Turner, se aleja de la idea de vampiro cínico, misterioso y con clase que desarrollaron. La serie introduce a la comunidad vampírica como algo cercano, que se infiltra en nuestra sociedad sin que seamos capaces de verlo. Hacen también una metáfora interesante entre la adicción a sustancias ilegales y a la sangre, concepto no demasiado original, pero que manejan bien durante toda la serie, tanto a nivel de personajes individuales como de los vampiros como cultura. El resto no varía apenas. George trata de compaginar su maldición con una vida normal, manteniendo su trabajo e incluso buscando iniciar una relación amorosa. Annie (ahora Lenora Crichlow) comienza a investigar sobre las causas de su muerte y la razón que la retiene en el plano terrenal.

Como en tantas otras series británicas, el éxito no radica en los efectos especiales o en un gran presupuesto, sino en un guión excelente y un buen manejo de las historias que proponen.

La primera temporada de Being Human se compone de seis capítulos que, en mi opinión, consiguen un buen balance de drama y comedia, tramas interesantes y personajes redondos con los que empatizar. Sin embargo es en la segunda temporada, aún en curso, cuando considero que por fin comienza a dar muestras de una identidad propia mucho más marcada.

La primera temporada es simple, en el sentido de que hay bandos muy bien diferenciados. Sabemos quiénes son los personajes a los que tenemos que querer y los personajes a los que tenemos que odiar. En la segunda temporada esa línea se emborrona. Los “buenos” hacen cosas despreciables, los “malos” son carismáticos, con momentos de debilidad y momentos de humanidad. Destacan sobre todo personajes secundarios, que dan a la serie un gran número de matices e indican que las cosas no son tan sencillas como buenos y malos (ni siquiera como monstruos y humanos).

En cuanto al reparto, he de admitir que después de los cambios de actores adentrarse en la serie me resultó un poco difícil. La concepción de Mitchell como personaje cambia drásticamente de la interpretación original (por parte de Guy Flanagan) al Mitchell de la serie actual (Aidan Turner). El actor del piloto resulta ser mucho más versátil y sutil. El nuevo Mitchell, sin embargo, es un personaje más cercano, y, aunque en cuanto a actuación el actor no parezca jugar en la misma liga que su predecesor, su interpretación no es para nada desdeñable. Algo similar ocurre con Lenora Crichlow, la actriz que interpreta a Annie en la serie, y Andrea Riseborough, la que la interpretó en el piloto original. Aunque en este caso las diferencias son menos notables puesto que el personaje no es modificado en demasía.

En definitiva, una serie de gran calidad que no os quitará demasiado tiempo en vuestras ajetreadas vidas. Seis episodios de una primera temporada que resulta ligera y asienta las bases de algo con mucho más potencial. Ocho episodios de una segunda temporada aún por terminar; más compleja y desde luego mucho más oscura. Y por último, una tercera temporada encargada para el 2011, por lo cual, si sigue por este camino, doy gracias.

Página oficial de Being human

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