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	<title>Sikö y Denee</title>
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	<description>Gremio de escritores de literatura fantástica</description>
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		<title>La leyenda del buscador</title>
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		<pubDate>Wed, 25 Aug 2010 14:58:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lady Dragón</dc:creator>
				<category><![CDATA[Series]]></category>

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</ol>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Lo mire por donde lo mire <em>La leyenda del buscador</em> es una serie mala. Los actores son terribles ―la sobreactuación en algunos momentos «dramáticos» consiguió que soltara unas cuantas carcajadas; en otros me dio vergüenza ajena―; el guión es paupérrimo (y me quedo corta), con saltos de trama propios de un equilibrista, los conejos que se sacaron de la chistera hasta el final de la serie es para aplaudirlos ―pero con las orejas y los pies―, la dirección y la producción, penosas; la dirección de arte no hay por donde cogerla (el maquillaje es una lástima; el cartón piedra se nota a cada paso que dan por esos escenarios increíbles); y a los encargados de fotografía y de sonido es para no hablarles jamás. Dejaré a un lado las moralejas y los juicios morales que caen de forma repetitiva (hasta el sopor) en cada capítulo.</p>
<p style="text-align: justify;">Y aquí podría acabar mi crítica ya que no he dejado en pie a ningún miembro del equipo técnico (y que no se levanten, que me enfado). Pero no lo haré por la misma razón por la que vi las dos temporadas de la serie: por la fascinación que me provocó la manera de tratar a los personajes femeninos.</p>
<p style="text-align: justify;">La serie supera la <a title="La prueba de Betcheld" href="http://www.microsiervos.com/archivo/peliculas-tv/prueba-betchdel.html" target="_blank">prueba de Betcheld,</a> que consiste en responder a tres preguntas: 1) ¿aparecen al menos dos mujeres que tengan nombres? Sí; 2) ¿se hablan entre ellas? Sí; 3) ¿conversan acerca de otra cosa que no sean hombres? Sí.</p>
<p style="text-align: justify;">Esto vendría a demostrar que es una serie en la que tratan a la mujer con algo más de respeto que muchas de sus contemporáneas. Lo que es de agradecer. A mí me alegra saber que en una serie hay más de dos mujeres que hablan entre ellas sobre cualquier cosa que no sea sexo (o ropa, o hijos, o recetas de cocina, o cualquier otro de los tópicos a los que acabamos reducidas las mujeres). Lo que no me gusta tanto es ver de qué forma se retuercen las ideas para que las mujeres se acaben comportando como hombres o, peor aún, seamos consagradas a la malignidad que ya nos otorgaron en tiempos inmemoriales y de la que parece que no nos libramos.</p>
<p style="text-align: justify;"><em>La leyenda del buscador</em> me resulta una muestra fascinante de esta forma retorcida de presentar a la mujer. Retorcida porque, bajo una apariencia de valentía y heroicidad, se esconden comportamientos como el sadismo, la crueldad, la dominación, el egoísmo o la volubilidad.</p>
<p style="text-align: justify;">De no existir en las series, pasamos a estar al servicio de un personaje masculino, para luego transformarnos en amas de casa y amantes esposas. Y tras la revolución de la mujer, tras más de un siglo de lucha, ¿dónde hemos llegado? A ser unas dominadoras que castramos la libertad del hombre<sup><a href="http://www.sikoydenee.com/2010/08/25/la-leyenda-del-buscador/#footnote_0_1808" id="identifier_0_1808" class="footnote-link footnote-identifier-link" title="Me hubiera gustado poner aqu&iacute; un par de ejemplos que contrarresten esta opini&oacute;n sobre la forma de presentar la mujer en la televisi&oacute;n, pero a pesar de la calidad de muchas series actuales, lo cierto es que la femineidad no suele salir muy bien parada. Lo que no quita que haya estupendos personajes femeninos, con comportamientos masculinos. El problema radica, claro, en que el modelo es, una vez m&aacute;s, el del hombre: los temas, los conflictos y las reacciones son de ellos (o de los prototipos y t&oacute;picos asociados al hombre, por rizar el rizo).">1</a></sup>.</p>
<p style="text-align: justify;">Analizaré los dos personajes femeninos de la serie que más me deslumbraron, cada una por una variedad distinta de lo que he comentado más arriba.</p>
<p style="text-align: justify;">Hablaré primero de Kahlan (interpretada por <a title="Bridget Regan" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Bridget_Regan_%28actriz%29" target="_blank">Bridget Regan</a>).<img class="alignright" title="Kahlan" src="http://cdn.jeffleyland.com/wp-content/uploads/2010/04/legend-of-the-seeker.jpg" alt="Kahlan" width="226" height="300" /> Su función en la historia es la de proteger al Buscador. Es valiente y fuerte. Sabe manejar las armas, sobre todo dos espadas cortas que son con las que suele pelear.</p>
<p style="text-align: justify;">Me detendré aquí un momento porque los dos personajes que os voy a presentar luchan, llevan armas, pegan puñetazos, dan cabezazos y otros menesteres de las guerreras. Y a mí esto ya me suena a un tema masculino. ¿Quiero decir con esto que la mujer no puede luchar? No, claro que puede, pero que no lo hacemos igual, ni falta que nos hace, puesto que la fuerza física de la mujer es inferior a la del hombre nuestra manera de sacar partido en una refriega no es en el cuerpo a cuerpo. No haré aquí un estudio sobre las diferencias en la manera de enfrentarse a una pelea entre un hombre y una mujer, solo recalco que cada uno de los personajes femeninos que voy a presentar pelea como si fuera un hombre, la mayor de las veces contra hombres, aunque, todo hay que decirlo, también contra mujeres.</p>
<p style="text-align: justify;">Volvamos a Kahlan, la protectora del buscador, la que daría su vida por él, pero que resulta que en la mayor parte de los capítulos es salvada por su protegido. Nos dicen una cosa, pero el análisis muestra lo contrario: no es la protectora, sino la protegida. Bajo la máscara de heroicidad se esconde la de la debilidad.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero esta no es la parte más alucinante de este personaje. Es su condición de «confesora» la que me dejó boquiabierta. Permitidme enseñaros una pequeña muestra del capítulo 6 de la primera temporada:</p>
<p style="text-align: center;"><iframe src="http://player.vimeo.com/video/14419245?byline=0&amp;portrait=0&amp;color=ffffff" width="340" height="191" frameborder="0"></iframe>
<p style="text-align: center;"><a href="http://vimeo.com/14419245">Kahlan confiesa</a> en <a href="http://vimeo.com">Vimeo</a>.</p>
</p>
<p style="text-align: justify;">Lo que habéis visto es a Kahlan «confesando» a un malote que iba a hacer daño a un chaval. Cuando Kahlan «confiesa» a alguien, la voluntad de esa persona queda bajo su control. Si bien puede «confesar» a hombres y mujeres, la mayoría de las veces son hombres los que sufren del influjo de la «confesora». Por principios es buena y no lo hace salvo que sea necesario. Eso es lo que nos cuentan, pero lo que yo veo es la imagen de una mujer que castra el libre albedrío de sus semejantes. ¿No os suena a cierto tópico de la historia de la humanidad: la mujer castradora? De nuevo, bajo la capa de bondad, se oculta un aspecto negativo. Aquí os dejo un vídeo con las consecuencias que provoca la confesión de Kahlan en el malote (este esquema se repite una y otra vez a lo largo de toda la serie):</p>
<p style="text-align: center;"><iframe src="http://player.vimeo.com/video/14421199?byline=0&amp;portrait=0&amp;color=ffffff" width="340" height="191" frameborder="0"></iframe>
<p style="text-align: center;"><a href="http://vimeo.com/14421199">Consecuencias de la confesión</a> en <a href="http://vimeo.com">Vimeo</a>.</p>
</p>
<p style="text-align: justify;">En la superficie, vemos valentía y bondad, pero por debajo caminan la debilidad y la dominación negativa. Contradictorio, ¿verdad? Y sumamente abrumador que el personaje femenino principal de una serie dirigida a adolescentes represente a una mujer que necesita del hombre para sobrevivir, pero que al mismo tiempo lo limita a sus deseos.</p>
<p style="text-align: justify;">Analicemos ahora al segundo personaje femenino: Cara (interpretada por <a title="Tabrett Bethell" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Tabrett_Bethell" target="_blank">Tabrett Bethell</a>).  <img class="alignright" title="Cara" src="http://tvmedia.ign.com/tv/image/article/109/1093742/legend-of-the-seeker-season-2-20100601040805705.jpg" alt="Cara" width="275" height="367" />No aparece hasta el final de la primera temporada, así que su desarrollo como personaje se realiza en la segunda. Cara es una Mord-Sith, un grupo de mujeres sado-masoquistas (una conclusión que saco de la estética y los comportamientos que aparecen en la serie) que están al servicio del antagonista: Rahl el Oscuro. La principal característica de estas mujeres es que son entrenadas en el dolor y que el arma que portan (una porra; símbolo fálico evidente) les inflige daño cada vez que la utilizan. Es decir, disfrutan con el dolor que inducen a otros y con el que les provocan a ellas mismas.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero las Mord-Sith son <em>malas </em>así que les perdonamos que sean un modelo de mujer negativo (tampoco es que salga muy bien parado el modelo masculino a manos de Rahl el Oscuro: el malo más tonto e inútil que he visto en mucho tiempo).</p>
<p style="text-align: justify;">La cuestión es que Cara se pasa al bando de los <em>buenos </em>y decide acompañar en su búsqueda a Richard (que dicho sea de paso también es un héroe bastante inepto como tal: busca que te busca no llega a encontrar nada).</p>
<p style="text-align: justify;">La evolución de este personaje es inquietante: su lado sádico lo controla como demostración de que ya no es «mala», pero el lado masoquista no lo abandona, puesto que sigue manejando la porra (lo llaman el <em>agiel</em>) en las peleas. Durante el transcurso de la historia, se supone que esta mujer descubre la compasión y la amistad. Pero no deja nunca de utilizar el <em>agiel</em>, un arma que produce dolor tanto al que es agredido como a la portadora.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo primero que me viene a la cabeza es que a ella le gusta dañar y que la dañen. Y, bien, si se quedara ahí, lo aceptaría, porque existen mujeres (y hombres) que sienten placer con el dolor. Y esta crítica no pretende hacer juicios de valor sobre el sado-masoquismo. Dicho de otra forma, la relación negativa entre esta tendencia sexual y las mujeres la establecen los propios guionistas que parecen querer decirnos que disfrutar del dolor es negativo. Pero, ¿quiénes son las que lo hacen? Las Mord-Sith. O sea, mujeres. La lectura que hago de ello me pone los pelos de punta: las mujeres son malignas porque les gusta el dolor.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero Cara cambia: deja de pertenecer a las Mord-Sith, por lo tanto hemos de entender que abandona las costumbres de estas. ¿Las abandona? No. Dicen que lo hace, que se convierte en alguien mejor y más compasivo; pero en esa transformación se les olvida el <em>agiel</em>, el arma que le produce a ella dolor cada vez que lo coge (y son unas cuantas en cada capítulo). Se me vuelve a erizar el vello con la interpretación que podemos sacar de esto: la mujer no debe hacer daño, pero sí sufrirlo. De dominatriz, provocadora de dolor, pasa a sufridora, sumisa de esa condición. Le dan permiso para cambiar, pero solo un poquito, no vaya a ser que decida dejar de sufrir y aprenda a amar de verdad (sean hombres o mujeres, que la sexualidad de este personaje queda un tanto difusa, aunque aquí le echaré la culpa al guión, que es pésimo).</p>
<p style="text-align: justify;">¿Contradictorio? Sí, claro, como pasaba con Kahlan, porque si uno quiere vender que está ante una historia de mujeres valientes y fuertes, pero en el fondo proporciona una visión deformada e insensata de la femineidad, lo máximo que consigue es contradicción.</p>
<p style="text-align: justify;">Estos dos personajes se supone que representan a mujeres alejadas del estereotipo manido de las series de televisión: no son amas de casa, no dependen de un hombre, son fuertes, valientes, luchan, pegan puñetazos y se salvan a sí mismas de sus miserias.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero lo que vemos tras la máscara es debilidad, sumisión y malignidad (la castradora, la dominatriz).</p>
<p style="text-align: justify;">En la superficie: mujeres que se comportan como hombres. «Modelos de la mujer liberada», que me amparen si quiero semejante libertad.</p>
<p style="text-align: justify;">En el fondo: los tópicos de siempre, bien retorcidos para que pasen desapercibidos, no vaya a ser que alguna mujer diga que ese modelo no se acerca ni de lejos a lo que somos.</p>
<p style="text-align: justify;">No es que se pueda esperar mucho más de una serie como esta, pero me sirve de reflexión para sacar a la luz que los temas, miedos, conflictos y deseos de las mujeres llegan a la televisión tamizados por la visión masculina.</p>
<p style="text-align: justify;">A modo de conclusión: la mujer de hoy en día ―al menos yo― no quiere ser como un hombre; tampoco quiere ser la mujer de hace medio siglo; lo que  buscamos es que nos dejen ser lo que somos: mujeres con temas, miedos, conflictos y deseos propios, sin masculinización ni estereotipos anclados en el pasado<sup><a href="http://www.sikoydenee.com/2010/08/25/la-leyenda-del-buscador/#footnote_1_1808" id="identifier_1_1808" class="footnote-link footnote-identifier-link" title="A los hombres que lean esto, s&iacute;, lo s&eacute;, el modelo de hombre que nos vende la televisi&oacute;n tambi&eacute;n se ha ganado una buena cr&iacute;tica: a su tiempo llegar&aacute;, que m&aacute;s de una serie se merece un cap&oacute;n al respecto.">2</a></sup>.</p>
<div id="_mcePaste" style="position: absolute; left: -10000px; top: 513px; width: 1px; height: 1px; overflow: hidden;">
<p><!-- 		@page { margin: 2cm } 		P.sdfootnote { margin-left: 0.5cm; text-indent: -0.5cm; margin-bottom: 0cm; font-size: 10pt } 		P { margin-bottom: 0.21cm } --></p>
<p class="sdfootnote">Me hubiera gustado poner aquí un par de ejemplos que contrarresten esta opinión sobre la forma de presentar la mujer en la televisión, pero a pesar de la calidad de muchas series actuales, lo cierto es que la femineidad no suele salir muy bien parada. Lo que no quita que haya estupendos personajes femeninos, con comportamientos masculinos. El problema radica, claro, en que el modelo es, una vez más, el del hombre: los temas, los conflictos y las reacciones son de ellos (o de los prototipos y tópicos asociados al hombre, por rizar el rizo).</p>
</div>
<ol class="footnotes"><li id="footnote_0_1808" class="footnote">Me hubiera gustado poner aquí un par de ejemplos que contrarresten esta opinión sobre la forma de presentar la mujer en la televisión, pero a pesar de la calidad de muchas series actuales, lo cierto es que la femineidad no suele salir muy bien parada. Lo que no quita que haya estupendos personajes femeninos, con comportamientos masculinos. El problema radica, claro, en que el modelo es, una vez más, el del hombre: los temas, los conflictos y las reacciones son de ellos (o de los prototipos y tópicos asociados al hombre, por rizar el rizo).</li><li id="footnote_1_1808" class="footnote">A los hombres que lean esto, sí, lo sé, el modelo de hombre que nos vende la televisión también se ha ganado una buena crítica: a su tiempo llegará, que más de una serie se merece un capón al respecto.</li></ol>

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		<title>El espacio que ocupan las palabras, de Sara Sacristán</title>
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		<pubDate>Wed, 04 Aug 2010 19:48:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Equipo editorial</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[El espacio que ocupan las palabras (relato ganador del Premio Avalón 2010) Escrito por Sara Sacristán ********** Fede levantó la vista al llegar a la gran sala de las discusiones y contempló el techo abovedado del templo, tan antiguo como la propia universidad. Aunque las antiguas pinturas que adornaban la roca habían sido arrancadas por [...]


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<li><a href='http://www.sikoydenee.com/2008/11/01/ii-premio-de-las-editoriales-electronicas/' rel='bookmark' title='Permanent Link: II Premio de las Editoriales Electrónicas'>II Premio de las Editoriales Electrónicas</a></li>
</ol>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>El espacio que ocupan las palabras (relato ganador del Premio Avalón 2010)</strong></p>
<p><span style="color: #888888;">Escrito por Sara Sacristán</span></p>
<p><span style="color: #888888;">**********</span></p>
<p style="text-align: justify;">Fede levantó la vista al llegar a la gran sala de las discusiones y contempló el techo abovedado del templo, tan antiguo como la propia universidad. Aunque las antiguas pinturas que adornaban la roca habían sido arrancadas por orden de los sacerdotes, todavía se adivinaban algunas formas vagas sobre la base de yeso. Uno de los deseos secretos de Fede, de esos que podrían haberle acarreado un castigo de haberlo expresado en voz alta, era averiguar más cosas sobre los constructores de aquella fortaleza, llena de imágenes y grabados arcaicos, pero diseñada sin duda para la defensa y vigilancia de una ciudad del pasado de la que no quedaban ni los cimientos. El carraspeo del decano mayor sacó a Fede de sus elucubraciones históricas, y los años de entrenamiento hicieron que su mente se centrase con rapidez en las palabras, aunque nadie le había ordenado que las recordase.</p>
<p style="text-align: justify;">–La discusión puede comenzar. Expondremos primero el tema que vamos a tratar hoy.</p>
<p style="text-align: justify;">La mente de Fede registró. “Discusión comienza. Exposición temas.” Y tan rápido como entraban las palabras salían, porque no era su trabajo recordarlas. Para eso estaban los archiveros de índices y órdenes del día. Pero desde niño le habían inculcado la costumbre de la práctica, y cualquier palabra pronunciada, hasta en las conversaciones más banales con sus compañeros en la escuela de archiveros, se filtraban y reordenaban en su mente para entrar a formar parte del archivo, aunque la mayoría las olvidaba enseguida. No debía malgastar espacio.</p>
<p style="text-align: justify;">–Hoy trataremos la cuestión de la herejía de la medida, propuesta y meditada por el maestro Anjous –anunció el archivero de índices y orden del día, un hombre de unos cuarenta años, conocido de Fede, con una habilidad especial para archivar frases cortas y, además, priorizarlas. Un buen archivero, aunque muy especializado en su rama de trabajo.</p>
<p style="text-align: justify;">El decano mayor asintió y le hizo un gesto al maestro Anjous, que se levantó y entrecruzó las manos sobre su barriga, más prominente cada año, como siempre hacía antes de comenzar a hablar. La mente de Fede se tensó como se tensaban los músculos de los atletas en la línea de salida. Sus ojos claros, siempre observadores, se entrecerraron, la mirada perdida en algún punto de la sala, y elevó ligeramente los brazos por encima de las caderas, para que ningún roce de la túnica o la tentación de entrecruzarlos le distrajese. Cuando archivaba, no había imágenes, ni sensaciones, no veía ni sentía. Sólo sonidos, sólo palabras.</p>
<p style="text-align: justify;">–Fede, registra con baja fidelidad –murmuró el maestro Anjous, y comenzó a hablar.</p>
<p style="text-align: justify;">Tenía una voz monótona, aburrida para los espectadores normales. Pero a Fede le habían entrenado como archivero, y no apreciaba el tono, ni la cadencia, casi ni siquiera las pausas. Su mente registraba siguiendo las pautas de la baja fidelidad, como se le había indicado, eliminando, sustituyendo expresiones por palabras cortas, omitiendo los descriptores que no fuesen imprescindibles, simplificando acciones.</p>
<p style="text-align: justify;">“Estudio, mucho tiempo/largo acerca de medidas usadas por campesinos en gran cantidad de/muchos archivos, ha sido/fue difícil pero por fin hoy/ya conclusión.”</p>
<p style="text-align: justify;">Fin del registro.</p>
<p style="text-align: justify;">–A continuación, mi archivero expondrá las conclusiones. –El maestro Anjous permaneció de pie.</p>
<p style="text-align: justify;">Era una costumbre simbólica, para dejar claro que, aunque hablara el archivero, el responsable de las ideas era el que permanecía de pie. Fede tomó aire, un gesto tan grabado en su rutina como el parpadeo, quizás más, y comenzó a recitar en su mente. La parte más difícil de ser archivero de maestros no era registrar, sino recitar lo registrado con anterioridad. Las palabras asimiladas en alta fidelidad pasaban por su mente desnudas, sin nexos, apenas con sentido temporal, y salían por su boca ricamente engalanadas, perfumadas con estructuras complejas. No eran exactamente las palabras que el maestro Anjous había pronunciado en su celda de estudio, eso era imposible, pero su fidelidad al discurso original era máxima. Fede era uno de los mejores archiveros que existían en la universidad.</p>
<p style="text-align: justify;">“Medidas son sacrilegios tanto como imágenes por simbolizar conceptos fuera de mente por tanto destruir…”</p>
<p style="text-align: justify;">–Las medidas son actos sacrílegos al nivel de las propias imágenes, puesto que simbolizan ideas fuera de la mente humana y por tanto destruyen la perfección divina en una simplificación que no sólo es un pecado, sino que atenta contra una de las principales normas de nuestro credo. –Fede mantuvo una entonación adecuada, alzando ligeramente la voz al final de las frases–. No intentarás representar la perfección con burdos métodos humanos. Mis estudios demuestran que las medidas de los campesinos pretenden representar conceptos puros como la cantidad mediante conceptos imperfectos como la fanega…</p>
<p style="text-align: justify;">Por supuesto no eran los estudios de Fede. A Fede no le interesaba lo más mínimo las medidas de los campesinos. No sabía lo que era una fanega de trigo. No sabía cómo era el trigo. Siguió hablando durante diez minutos hasta que hubo expuesto hasta el último argumento en contra de las medidas, y cuando acabó volvió a abrir los ojos y a relajar los brazos. El público de la sala de discusiones no le había mirado en ningún momento, sino que mantenía la vista clavada en el maestro Anjous, y de vez en cuando asentían, demostrando su aprobación ante las nuevas teorías. Fede se sentó durante el turno de preguntas. No era su trabajo registrar la discusión, eso lo harían los archiveros de resúmenes. De vez en cuando el maestro Anjous le murmuraba una orden, y Fede registraba ideas, comentarios o críticas que su jefe encontraba interesantes y por lo tanto decidía conservar. La discusión duró una hora, y después volvieron rápidamente a su celda de estudio para registrar un resumen de la reunión en alta fidelidad.</p>
<p style="text-align: justify;">–De veras Fede, soy la envidia de todos los maestros gracias a ti.</p>
<p style="text-align: justify;">Fede asintió y rápidamente  borró las palabras de su mente para seguir con su resumen de la jornada. No debía prestar atención a nada que no fuesen sus registros, y por eso un archivero nunca mantenía conversaciones con nadie. Tras cinco años de trabajo el maestro Anjous se había acostumbrado a mantener monólogos con él.</p>
<p style="text-align: justify;">–Ya vale, ya. Sé que lo tienes entero, palabra por palabra.</p>
<p style="text-align: justify;">El maestro Anjous no entendía cómo funcionaba la mente de los archiveros, pero Fede no iba a contradecirle. No era palabra por palabra. Era más bien idea por idea.</p>
<p style="text-align: justify;">No volvió a su habitación en la zona de los archiveros hasta bien entrada la tarde, lo que le permitió vislumbrar por unos segundos el tono anaranjado del cielo del atardecer a través de una de las ventanas del pasillo de las celdas de estudio, que alguien se había olvidado de cerrar. Las ventanas no estaban prohibidas para los maestros, pero sí para los archiveros. Una imagen hermosa ocupaba espacio en la memoria, y la memoria de los archiveros debía estar enteramente a disposición de los maestros. No había sitio para puestas de sol, ni para bóvedas construidas por antiguas religiones. No había sitio para conversaciones ni pensamientos propios. Y así sería hasta el día de su muerte. Fede sintió una punzada de angustia, como siempre que su mente divagaba por caminos oscuros e innecesarios, y para alejarla recitó de nuevo en su mente el resumen de todos los avances que el maestro Anjous había hecho aquel año. El ejercicio le llevó dos horas y le calmó, aunque la desazón seguía en algún lugar más allá de su mente, si es que algo así existía.</p>
<p style="text-align: justify;">Un invisible trajo la cena a las nueve. Fede sabía que la traían a esa hora porque en una ocasión había escuchado unas campanadas de una iglesia lejana en la celda de estudio de Anjous cuando le trajeron la cena. Los archiveros no debían preocuparse por controlar el tiempo, para eso estaban los invisibles, que cuidaban de todas sus necesidades, con sus hábitos negros y sus capuchas enrejadas, sigilosos, apenas un susurro por los pasillos. Pero no eran invisibles, aunque lo pretendiesen. Fede les veía recorrer las estancias del edificio de los archiveros de día y de noche, silenciosos, pero reales. Intentaba recordarlos. Había uno más bajito que los demás, otro que cojeaba cuando bajaba las escaleras, y otro que siempre llevaba las manos a la espalda, como si meditase. Los invisibles ocupaban un espacio cada vez más grande en la memoria saturada de Fede, aunque él sabía que aquello estaba mal. ¿Se enteraría alguien? No.</p>
<p style="text-align: justify;">Fede comió el pescado, siempre pescado para la cena, con desgana, jugueteando con el tenedor y la piel requemada. Estaba demasiado caliente. Podía esperar, como siempre, a que se enfriara y comer aquella pasta blanca tan buena para su memoria y asquerosa para su paladar, fría y rugosa. O podía levantarse y buscar un pescado mejor cocinado. Podía caminar por el pasillo hasta la sala en la que los invisibles cocinaban y hacían el resto de las cosas que hiciesen, y pedirles un plato de comida decente. Podía, pero no se atrevió a cruzar ni siquiera el corredor que comunicaba su habitación con el resto del mundo.</p>
<p style="text-align: justify;">Fue al darse la vuelta cuando chocó de bruces contra un invisible, el pescado y los pedazos de loza desparramados por el suelo, demasiado ruido en aquellos pasillos silenciosos. Era el bajito. Otros tres invisibles llegaron desde la cocina, presurosos por reconstruir la calma de aquel lugar.</p>
<p style="text-align: justify;">Fede se quedó ahí parado mientras el invisible intentaba recoger todos los trozos del plato, desesperado, antes de que llegasen sus compañeros, pero aquella rejilla limitaba su visión tanto como su mundo, y Fede no pudo controlar el impulso de agacharse a ayudarle. Por eso encontró el trozo de tela. Una servilleta. Y estaba manchado. Los invisibles no podían tocar a los archiveros, pero Fede pudo sentir la piel y las uñas cuando una mano delgada le agarró por la muñeca. La mano temblaba, el muchacho entero temblaba. Porque ahora había dos ojos tras la rejilla, azules como el cielo que en ocasiones lograba vislumbrar a través de los postigos de las ventanas. Dos ojos jóvenes y asustados.</p>
<p style="text-align: justify;">–Por favor…</p>
<p style="text-align: justify;">A Fede le sorprendieron tanto estas dos palabras que ni siquiera las registró. ¿Cómo se archiva una súplica? Y a pesar de todo sabía que jamás, por muy larga que fuese su vida, las olvidaría. El trozo de tela seguía entre sus dedos, y sus dedos entre los del muchacho. Los otros tres invisibles se agacharon y empezaron a recoger el pescado del suelo. Apenas habían pasado tres segundos.</p>
<p style="text-align: justify;">–Vuelve a traerme la cena en cuanto esté lista.</p>
<p style="text-align: justify;">El invisible cumplió la orden, aunque visiblemente nervioso. Sabía que su vida estaba en manos de Fede. Ninguno habló. En el pedazo de tela estaba todo dicho. Una serie de dibujos, toscos, sencillos, pero identificables. Una escoba y dos figuras que recordaban a seres humanos muy simplificados, uno más bajito, otro más alto. Un montón de palitos apretados bajo ellos, algunos altos, otros bajos.</p>
<p style="text-align: justify;">–¿Qué significa esto?</p>
<p style="text-align: justify;">Su voz, apenas un susurro, retumbó entre las cuatro paredes de piedra. Fede tuvo la sensación de que medio mundo le había oído. El muchacho seguía quieto, contra la pared. Era imposible decir si estaba asustado porque su cara seguía oculta tras la capucha.</p>
<p style="text-align: justify;">–Puedes hablar –no era ni una pregunta ni una orden.</p>
<p style="text-align: justify;">–Puedo –el muchacho relajó los hombros.</p>
<p style="text-align: justify;">–Contesta. ¿Son esto palabras?</p>
<p style="text-align: justify;">–Son manchas –susurró el muchacho–. Sólo manchas sin sentido.</p>
<p style="text-align: justify;">Fede asintió. Era inútil insistir.</p>
<p style="text-align: justify;">–Y sin embargo, yo les encuentro un sentido. Como a las nubes. ¿Entiendes? Las nubes no dicen nada, nadie ha fabricado sus formas, pero a veces recuerdan a cosas, a palabras. Palabras registradas en las nubes.</p>
<p style="text-align: justify;">El muchacho se encogió de hombros.</p>
<p style="text-align: justify;">–Hace años que no veo las nubes. No recuerdo sus formas.</p>
<p style="text-align: justify;">La misma angustia que le había provocado el cielo del atardecer invadió a Fede. No estaba seguro de si había nubes en ese cielo. Era lo malo de las imágenes, que no se podían registrar en la mente como las palabras. Nunca al completo. Sólo colores, un par de formas y las sensaciones. Las sensaciones que tanto espacio ocupaban en su memoria. Tan grandes, tan reales.</p>
<p style="text-align: justify;">–¿Y los palitos? Son demasiado perfectos para ser manchas.</p>
<p style="text-align: justify;">–No significan nada, los hago cuando me aburro. Pero no significan nada.</p>
<p style="text-align: justify;">–¿Nada?</p>
<p style="text-align: justify;">El muchacho titubeó. Estaba asustado.</p>
<p style="text-align: justify;">–Es un sacrilegio representar la perfección de las palabras fuera de la mente. Lo dicen los sacerdotes.</p>
<p style="text-align: justify;">Y dio por zanjada la conversación.</p>
<p style="text-align: justify;">–¿Vendrás mañana a traerme la cena?</p>
<p style="text-align: justify;">Así comenzó todo, con una conversación, la primera en muchos años para ambos, y unas cuantas manchas sin sentido en un trozo de tela. Un delito, un sacrilegio. Y más si había sido cometido por un invisible, cuyo trabajo era servir a los archiveros, los únicos que gozaban del permiso divino para registrar.</p>
<p style="text-align: justify;">Cada noche el invisible le traía la cena, y cada noche Fede insistía.</p>
<p style="text-align: justify;">–Dime lo que significaban esos palitos en la servilleta –pero el invisible no decía nada. Cada semana, varios herejes morían en la hoguera.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero su simple presencia era suficiente, una visita todas las noches, un cambio, algo digno de recordar por fin sin que nadie se lo ordenase. Finalmente una noche el invisible rompió su silencio. No lo hizo voluntariamente. Se había retrasado con la cena y, al llegar, Fede notó su cojera, la túnica negra se balanceaba con cada paso y el cuerpo que escondía se estremecía al posar el pie derecho en el suelo.</p>
<p style="text-align: justify;">–Necesito mirar de nuevo la servilleta –susurró, el orgullo apenas contenido–. ¿Aún la guardas?</p>
<p style="text-align: justify;">Fede sonrió.</p>
<p style="text-align: justify;">–Por supuesto. Te la devolveré si me dices lo que significa.</p>
<p style="text-align: justify;">El invisible suspiró y comprobó que nadie se acercaba por el pasillo antes de quitarse la capucha. Era joven, como Fede había supuesto, pero una fea cicatriz, una quemadura, le recorría el rostro desde la sien derecha hasta la barbilla y le paralizaba el labio superior al hablar. Le hacía parecer mayor. Sin embargo sus ojos claros, brillantes sobre la piel oscurecida por el fuego, demostraban una inteligencia que iba más allá del pescado hervido.</p>
<p style="text-align: justify;">–Registro mis tareas en las servilletas.</p>
<p style="text-align: justify;">–¿Registras en las servilletas? ¿Sabes que registrar palabras más allá de la mente es un pecado que se castiga con la muerte?</p>
<p style="text-align: justify;">–La muerte es recibir palizas diarias de tus superiores si no realizas tus tareas. –El invisible cambió el peso de su cuerpo de una pierna a otra con una mueca de dolor–. Y no tengo… Buena memoria.</p>
<p style="text-align: justify;">–¿Olvidas tus órdenes?</p>
<p style="text-align: justify;">–En ocasiones. Pero el problema son mis compañeros. Me echaban la culpa de las cosas que quedaban sin hacer. Si las registro en otro sitio que no sea mi cabeza… Las recuerdo. Y cuando les digo con seguridad quién hizo qué y cuándo… Ellos se asustan. Creen que tengo una memoria bendecida por los dioses, porque sólo los dioses y sus sirvientes son capaces de registrar.</p>
<p style="text-align: justify;">–Al parecer tú también sabes.</p>
<p style="text-align: justify;">–Mi padre me enseñó. Él registraba los huevos que ponían las gallinas. Murió en la hoguera cuando yo era un adolescente. –El invisible señaló la quemadura de su cara–. ¿Me delatarás a los sacerdotes?</p>
<p style="text-align: justify;">Fede se dio cuenta de que no había registrado la conversación. Era la primera vez que escuchaba tantas palabras seguidas y no las guardaba en su memoria, ya fuese en alta o baja fidelidad. Si le delataba, no sería capaz de repetir sus frases ante los sacerdotes, las palabras. Y sin embargo las recordaba. Eran suyas y de nadie más.</p>
<p style="text-align: justify;">–¿Cómo te llamas?</p>
<p style="text-align: justify;">–Diego.</p>
<p style="text-align: justify;">–Diego, quiero que me enseñes a medir el tiempo. No sólo los días. Todo el tiempo.</p>
<p style="text-align: justify;">El muchacho se acercó a la esquina inferior derecha de su cama y con el cuchillo de la cena hizo una marca corta y profunda en la madera. Un palito.</p>
<p style="text-align: justify;">–Esto es hoy. Volveré mañana.</p>
<p style="text-align: justify;">Resultaba increíble lo fácil que era controlar algo tan indefinido como el tiempo. Fede pensaba sobre ello en voz alta durante la cena, pero sus meditaciones no sorprendían a Diego. A menudo, le dijo el invisible, las cosas más abstractas son las más sencillas de comprender, pero claro, hay que intentarlo.</p>
<p style="text-align: justify;">Diego siempre decía ese tipo de frases, profundas como los pensamientos de los maestros, pero con un tono que le quitaba importancia, convirtiéndolo en algo tan obvio como que los dos morirían en la hoguera si alguien descubría que estaban registrando cosas sin permiso de los sacerdotes.</p>
<p style="text-align: justify;">Nadie se enteraría, aseguraba Diego, él no se lo iba a contar a nadie. Y sonreía. Era demasiado joven como para pasarse la vida bajo una capucha. Y demasiado inteligente. Tardó un par de meses en compartir con Fede su sistema secreto de registro, las imágenes, como él las llamaba. Escobas y puertas, pescados y fuegos de cocina. El vocabulario de Diego era limitado.</p>
<p style="text-align: justify;">–¿Y el tuyo? –respondió ofendido–. ¿Alguna vez has visto una fanega de trigo? No puedes registrarla más que en tu mente, un sonido sin significado.</p>
<p style="text-align: justify;">–¿Por qué dices eso?</p>
<p style="text-align: justify;">Diego sonrió y dejó de juguetear con el pescado que Fede ya casi ni probaba. De entre su túnica sacó un paquete blanco, una servilleta que envolvía una de las astillas carbonizadas de los fogones de la cocina. Le tendió el carbón a Fede.</p>
<p style="text-align: justify;">–Quiero que construyas la imagen de lo primero que te venga a la cabeza cuando yo te diga una palabra.</p>
<p style="text-align: justify;">–Yo no sé…</p>
<p style="text-align: justify;">–Lo primero.</p>
<p style="text-align: justify;">–Está bien.</p>
<p style="text-align: justify;">–Sol.</p>
<p style="text-align: justify;">Fede construyó un círculo de cenizas sobre la servilleta.</p>
<p style="text-align: justify;">–Puerta.</p>
<p style="text-align: justify;">Un rectángulo.</p>
<p style="text-align: justify;">–Fuego.</p>
<p style="text-align: justify;">Ese fue el más difícil, pero Fede arrastró la astilla sobre la tela, creando unos trazos gruesos que en su imaginación crepitaron como el fuego.</p>
<p style="text-align: justify;">–Trigo.</p>
<p style="text-align: justify;">Fede se quedó en blanco. Jamás había visto un campo de trigo, una espiga, aunque conocía todas esas palabras. Sabía que era una planta, pero las únicas plantas que recordaba era las que había visto en su viaje desde la escuela de archiveros a la universidad. Y esas eran altas, de madera en la base y verdes por arriba. Intentó reconstruir su imagen.</p>
<p style="text-align: justify;">–¿Eso pretende ser un árbol? –dijo Diego–. Desde luego no es trigo.</p>
<p style="text-align: justify;">–No lo sé. Es la única imagen de una planta que conozco. Tal vez sea un árbol.</p>
<p style="text-align: justify;">–Fíjate. Tienes palabras sin imágenes e imágenes sin palabras.</p>
<p style="text-align: justify;">A Diego le hizo mucha gracia aquella idea pero Fede siguió meditándola durante la noche y durante el día siguiente. Su mente le daba vueltas a las imágenes, a su significado. Un círculo no era el sol. Pero su círculo significaba sol.</p>
<p style="text-align: justify;">–Fede, registra en alta fidelidad estas conclusiones –ordenó el maestro Anjous–. Las medidas de cantidades y de tiempo quedan prohibidas fuera del ámbito de la universidad, único lugar bendecido por los dioses como…</p>
<p style="text-align: justify;">Medidas cantidades y tiempo prohibición dentro universidad… ¡No! Dentro universidad/único lugar bendecido por los dioses permitido… ¿Cómo sería la imagen de tiempo en general? No había imagen para la palabra tiempo. Condena 30 latigazos para primer delito muerte para reincidentes&#8230; Pero aún así la registro en la mente. ¿Cómo registrarla en imágenes?</p>
<p style="text-align: justify;">–Fede, repite esta última frase, creo que debo modificarla…</p>
<p style="text-align: justify;">Le costaba cada vez más registrar las ideas de otros ahora que tenía las suyas propias. Necesitaba guardar sus propios descubrimientos acerca de la ciencia de archivar en imágenes, pero no tenía espacio en su cabeza. Por suerte tenía a Diego.</p>
<p style="text-align: justify;">–Se me ha ocurrido que círculo podría ser varias palabras a la vez –le dijo un día mientras cenaban en la habitación. Era agradable comer mientras se conversaba–. Sol es una palabra, pero existen otras como soleado. ¿Y si creamos la imagen de soleado a partir de la de sol?</p>
<p style="text-align: justify;">Fede dibujó un círculo y después le añadió un palito horizontal debajo.</p>
<p style="text-align: justify;">–¿Qué es eso?</p>
<p style="text-align: justify;">–Mi imagen para decir que esta imagen no es de la cosa, sino de la descripción. Soleado.</p>
<p style="text-align: justify;">Diego asintió. Estaba realmente sorprendido.</p>
<p style="text-align: justify;">–Nunca se me había ocurrido. Cuando anoto mis tareas siempre he tenido problemas con esas cosas. –Dibujó la imagen de ventana y luego una nube con gotitas de lluvia–. Cerrar las ventanas si llueve. Pero solo pone ventana y lluvia. ¿Cómo es la imagen de “si”?</p>
<p style="text-align: justify;">–No existe. –Fede rememoró sus lecciones en la escuela de archiveros–. Es… Otro tipo de palabra. Están las palabras que tienen imágenes, aunque no las conozcamos, y las que no las tienen porque no indican cosas sino relaciones entre cosas.</p>
<p style="text-align: justify;">–¿Relaciones?</p>
<p style="text-align: justify;">–Sí. A los archiveros nos enseñan cuáles son esas palabras para que no las eliminemos de los registros. De, para, con… Si las quitas la frase deja de tener sentido.</p>
<p style="text-align: justify;">–¿Elimináis palabras de los registros?</p>
<p style="text-align: justify;">–Por supuesto. Es imposible registrarlo todo, la mente humana es limitada. Sólo los dioses son capaces de recordarlo todo.</p>
<p style="text-align: justify;">–Entonces, las imágenes nos convertirán en dioses –susurró Diego. Tendía a bajar la voz cuando decía los mayores sacrilegios.</p>
<p style="text-align: justify;">–¿Cómo?</p>
<p style="text-align: justify;">–No tenemos que eliminar palabras. Sólo ocupan espacio en una servilleta, no en nuestra mente. Al contrario, debemos crear más imágenes, hasta que cada palabra tenga la suya. Y no será necesario eliminar ninguna. Lo registraremos todo.</p>
<p style="text-align: justify;">Fede meditó las posibilidades de aquello, y enseguida encontró un problema.</p>
<p style="text-align: justify;">–¿Y cómo vamos a recordar todas esas imágenes? Habrá tantas como palabras. Y recordarlas requeriría tanto espacio en la mente como los registros que ya hago ahora.</p>
<p style="text-align: justify;">–Las crearemos sobre la tela. Estarán ahí y no hará falta recordarlas.</p>
<p style="text-align: justify;">–No cabrán en una servilleta.</p>
<p style="text-align: justify;">–Pues usaremos un mantel.</p>
<p style="text-align: justify;">–Ni siquiera en un mantel.</p>
<p style="text-align: justify;">Diego no podía entenderlo, por supuesto, porque no conocía tantas palabras como Fede, ni las había estudiado como él. Las acciones, los descriptores, las cosas. Había muchas palabras. Podían llenar las paredes de la universidad con imágenes y todavía faltaría espacio.</p>
<p style="text-align: justify;">–No, necesitamos otro método.</p>
<p style="text-align: justify;">–¿Cómo lo hacéis los archiveros?</p>
<p style="text-align: justify;">–Aprendemos a priorizar. Eliminamos palabras, las cambiamos, las reordenamos.</p>
<p style="text-align: justify;">–Eso no sirve.</p>
<p style="text-align: justify;">–Lo sé. Necesito pensar.</p>
<p style="text-align: justify;">Era un problema interesante, mucho más que el de las medidas de los campesinos o cualquier otra ley. Tanto, que registrar las ideas del maestro Anjous empezó a ser un trabajo tedioso y a menudo imposible. Fede dejó de priorizar y de simplificar palabras, hasta que llegó un momento en el que se limitaba a memorizar, algo que ningún archivero hacía más que en las primeras etapas de su entrenamiento. Cuando se le olvidaban las palabras rellenaba los huecos como buenamente podía. Las frases, al fin y al cabo, nunca habían tenido ningún sentido para él.</p>
<p style="text-align: justify;">–¡Esa es la solución! –le explicó un día a Diego.</p>
<p style="text-align: justify;">–¿Inventarse las palabras?</p>
<p style="text-align: justify;">–No, inventarse los sonidos.</p>
<p style="text-align: justify;">Diego había construido una pequeña caja de madera que había llenado con harina. Sobre el polvo blanco las huellas de los dedos quedaban grabadas, pero podían ser destruidas rápidamente si alguien se acercaba. Fede deslizó los dedos sobre ella y dibujó el símbolo que habían inventado para la palabra “si”.</p>
<p style="text-align: justify;">–Esto significa “si”, la palabra. Pero cuando los archiveros registramos ideas a menudo guardamos palabras que no entendemos, pero que son importantes en la frase. Para nosotros no son palabras, sólo sonidos. –Señaló la caja de harina–. Esta es la palabra “si” y a la vez el sonido “si”. Hay menos sonidos que palabras.</p>
<p style="text-align: justify;">Diego le miró perplejo.</p>
<p style="text-align: justify;">–No estoy seguro de eso, pero yo no conozco las palabras como tú. Tal vez tengas razón.</p>
<p style="text-align: justify;">–Intentémoslo.</p>
<p style="text-align: justify;">Poco a poco, un mantel de hilo sobre el que se podían hacer trazos finos se fue llenando de imágenes que a su vez eran sonidos. Fede los veía en las sesiones, cuando le ordenaban registrar una nueva norma. Esta palabra serían dos cuadrados y un círculo, tres palitos y un punto, dos espirales.</p>
<p style="text-align: justify;">–Dibujemos nuestros nombres –sugirió un día Diego.</p>
<p style="text-align: justify;">Y lo hicieron. Dos imágenes para Fede, tres para Diego. Aquello fue lo último que dibujaron juntos. Una mañana Fede fue llamado para registrar el juicio y la condena de un invisible acusado de registrar el tiempo y las cantidades en imágenes. El propio maestro Anjous le había delatado. El viejo, decidido a registrar el acontecimiento para mejorar sus conocimientos acerca de esas prácticas sacrílegas, informó a Fede de que el invisible era hijo de un hereje, lo cual demostraba otra de sus teorías que defendía que el pecado podía transmitirse a través de la sangre. Fede le ignoró, como siempre hacía. Estaba demasiado ocupado controlando los temblores que recorrían todo su cuerpo. Hasta el último momento, cuando levantó la vista para contemplar el techo abovedado de la sala, mantuvo la esperanza de encontrar a cualquier otro maniatado y arrodillado frente a los sumos sacerdotes y el decano mayor.</p>
<p style="text-align: justify;">Diego no le dirigió la mirada en toda la sesión. Se mantuvo todo lo erguido que sus ataduras le permitieron, con la mirada dirigida hacia el techo abovedado, extasiado como si él sí pudiese ver la antiguas imágenes que lo adornaban. Era joven, pensó Fede, más aun de lo que él había supuesto, y sin embargo más inteligente que la mayoría de los que llenaban la sala y pedían su muerte. Le acusaban de registrar cosas a la manera de los dioses y de suplantar a los archiveros. La prueba, una servilleta llena de manchas sospechosamente ordenadas que, para salvaguardar la pureza de la fe, sólo el gran sacerdote miraría.</p>
<p style="text-align: justify;">–Registra en baja fidelidad las preguntas y las respuestas del hereje –ordenó el maestro Anjous.</p>
<p style="text-align: justify;">Las frases recorrían la sala, una detrás de otra, y Fede no pudo evitar registrarlas, palabra por palabra. No tenía fuerzas para luchar contra la costumbre. ¿Cómo se declaraba el acusado? Culpable, por supuesto. ¿Había tenido cómplices? No, no los necesitaba. ¿Había transmitido aquel comportamiento sacrílego a a alguien? No, nadie en aquella maldita universidad tenía capacidad para entender lo que él hacía. Se arrepentía. No, de nada.</p>
<p style="text-align: justify;">Y una única imagen, la de su amigo conducido al exterior, hacia la losa de piedra donde se acumulaba la leña para ajusticiar a los herejes. Fede no podía seguirle, los archiveros no podían salir al exterior. Si lo hubiese hecho se habría delatado, pero no hacerlo le convertía en el mayor de los cobardes. Permaneció en su celda, contando las muescas de la pata de la cama. Treinta y seis. Treinta y seis días desde el primero, cuando Diego le había desvelado el misterio de las imágenes. Esperó la cena en un estado de irrealidad, olvidando por un segundo la razón por la que estaba sumido en aquella desolación, y rememorando enseguida la condena que su mente había registrado. Una y otra vez.</p>
<p style="text-align: justify;">–Muerte en la hoguera.</p>
<p style="text-align: justify;">Perfectamente grabada en su mente de archivero.</p>
<p style="text-align: justify;">–Muerte en la hoguera.</p>
<p style="text-align: justify;">Un invisible le trajo la cena junto con una servilleta en blanco. No probó el pescado. Era media noche cuando tomó la decisión de salir de la zona de archivadores y caminar por los pasillos de la universidad. No había guardias, no era necesario. Ningún archivador deseaba cambiar la seguridad de la universidad por las salvajes tierras del mundo exterior. El maestro Anjous le detuvo en la puerta. Llevaba una bata de lana y una vela casi consumida al completo. Parecía llevar esperando toda la noche porque sus labios estaban ligeramente azules. Fede sintió ganas de golpearle.</p>
<p style="text-align: justify;">–Empezaba a albergar la esperanza de que no vendrías.</p>
<p style="text-align: justify;">–¿Desea que registre alguna nueva idea?</p>
<p style="text-align: justify;">–Fede, escucha…</p>
<p style="text-align: justify;">–Si no es necesario, déjeme pasar.</p>
<p style="text-align: justify;">–Él te llevó por el mal camino. Era un hijo de herejes, no se podía esperar más de él. Pero tú tienes la vida asegurada en la universidad.</p>
<p style="text-align: justify;">–Era mi amigo –susurró Fede. Le estaba costando mucho contenerse.</p>
<p style="text-align: justify;">–Un archivero no tiene amigos –el maestro Anjous hizo una mueca de disgusto–. Tu memoria es demasiado valiosa para ocuparla en esas cosas. ¡Tu memoria es un don divino!</p>
<p style="text-align: justify;">–¡Si registrar es un don divino, pídele a tus malditos dioses que lo hagan!</p>
<p style="text-align: justify;">La nariz del maestro comenzó a sangrar con el puñetazo. No se lo esperaba, pero aun así siguió gritando mientras Fede se alejaba hacia la puerta.</p>
<p style="text-align: justify;">–¡No sobrevivirás en el mundo exterior! No sabes pensar, nada de lo que hay en tu cabeza te pertenece.</p>
<p style="text-align: justify;">Al otro lado de las puertas estaba oscuro y nublado. No se veían las estrellas, que deberían haber estado en lo alto del cielo. Ya las vería en otra ocasión. Ahora tenía que caminar, salir de allí, buscar nuevas palabras. Buscar incluso las palabras de otros, porque tenía que haberlas. Bajo el brazo, envuelto en un saco de arpillera para que no se ensuciase, llevaba el mantel de imágenes que Diego y él habían creado. Sonidos para crear palabras. Palabras que ocuparían siempre un espacio en su memoria.</p>


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</ol></p>]]></content:encoded>
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		<title>Baccano!</title>
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		<pubDate>Wed, 28 Jul 2010 09:00:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Kátida</dc:creator>
				<category><![CDATA[Anime]]></category>

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		<description><![CDATA[Mafias, inmortales y el asalto a un tren, por Kátida ¿Qué mejor forma de introducir a alguien en el mundo de Baccano! que con su opening? Es la muestra en estado puro de todo lo que es este anime: color, buena animación, una música que no puedes sacarte de la cabeza, personajes carismáticos e historias [...]


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</ol>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Mafias, inmortales y el asalto a un tren</em>, por Kátida</p>
<p>¿Qué mejor forma de introducir a alguien en el mundo de <em>Baccano!</em> que con su opening? Es la muestra en estado puro de todo lo que es este anime: color, buena animación, una música que no puedes sacarte de la cabeza, personajes carismáticos e historias tan distintas pero tan bien hiladas que no sabes cómo al principio pudiste dudar de que no eran una sola. </p>
<p><object width="640" height="385"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/wiPRlcdd6VU&amp;hl=es_ES&amp;fs=1"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><param name="allowscriptaccess" value="always"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/wiPRlcdd6VU&amp;hl=es_ES&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="640" height="385"></embed></object></p>
<p>Fue el estudio Brain’s Base el que decidió llevar a anime las novelas ligeras de Ryohgo Narita de las que salió este mundo. Actualmente, tanto éstas como el manga que se realizó poco después son imposibles de encontrar en otro idioma que no sea el japonés, una auténtica lástima para todos los seguidores. Por fortuna, el estudio, apenas tres meses de la finalizar la emisión del anime en 2007, decidió que haría tres OVAs (tres episodios más), que continuarían la historia con personajes nuevos relacionados en cierta medida con los que ya conocimos en el anime. Un alivio para los que pensaron que el mundo de Baccano! terminaba en el episodio trece.</p>
<p>Es complicado condensar el argumento por el número de personajes que hay, las relaciones entre ellos, y, sobre todo, por el magnífico juego de escenas que establecen todo el tiempo. Es un anime para ver de corrido, prestando atención. Tardas (y aquí metería la mayor pega que le veo) unos seis episodios en enterarte de qué va la cosa. ¡La mitad del anime! Es una jugada arriesgada. Normalmente nadie aguanta tanto, y en un anime de tan pocos episodios se espera como mucho un par de presentación antes de meterte de lleno en el tema. ¿Qué es lo que ocurre con <em>Baccano!</em> entonces? Pues que desde el principio estás en todo el meollo, sólo que no te enteras. Eso sí, cuando lo hagas, cuando todo encaje, te darás cuenta de que estás ante uno de los mejores animes que se han creado.</p>
<p>Esto se debe su argumento no lineal, que es, sin embargo, uno de los puntos fuertes del anime. A través de escenas muy cortas y sin aparente relación entre sí te van presentando a un montón de personajes. Es muy dinámico, caótico incluso. No podrían haber elegido mejor el título, puesto que <em>Baccano!</em> significa “alboroto” en italiano. Para comenzar nos presentan a los miembros de varias mafias americanas enfrentadas entre sí, pero eso es sólo el principio. Irán apareciendo personajes de todo tipo: alquimistas, ladrones de poca monta, psicópatas, niños que se comportan de forma demasiado adulta, periodistas que venden información al mejor postor… y todos acabarán de una u otra forma relacionados con el asalto a un tren, el <em>Flying Pussyfoot</em>, en 1931. Ese será el hilo conductor al que nos aferraremos para poner un poco de orden en nuestra cabeza.</p>
<p><a href="http://www.sikoydenee.com/wp-content/uploads/2010/07/baccano.png"><img src="http://www.sikoydenee.com/wp-content/uploads/2010/07/baccano.png" alt="" title="baccano" width="470" height="353" class="aligncenter size-full wp-image-1766" /></a></p>
<p>¿Y la fantasía, decís? La hay, por supuesto, y la encontramos de dos formas muy distintas. La primera, la que da fondo a la historia, está relacionada con la inmortalidad. La segunda viene de la mano de una leyenda que nos mete en el género de terror, con algunas de las escenas más fuertes y perturbadoras que pueden verse en el anime. No obstante, no toda la sangre viene de parte de lo sobrenatural. Algunas de las secuencias más sangrientas (y llegan realmente a ponerte los pelos de punta) nos las traen personajes de carne y hueso. Pero también es cierto que la mezcla de comedia, misterio y aventura que consiguen hacer aligera toda la violencia que hay y la deja presente pero sin que resulte excesiva. Esto es mérito en especial de los personajes: entrañables, la mayoría muy divertidos, y hasta los más locos derrochan carisma. Todos presentan conflictos bien pensados, son redondos, con unas relaciones llenas de interés (mejoradas porque muchas están lejos de ser recomendables).</p>
<p><em>Baccano</em>! se ha convertido en poco tiempo en una serie de culto, una historia que todos los aficionados al anime deberían ver. A los que ya lo hemos hecho nos queda el consuelo de que es uno de esos que con las revisiones van mejorando. Es entonces cuando te das cuenta de la complejidad de la historia, de la enorme cantidad de detalles que tiene en aquellos primeros episodios en los que no te enterabas de nada, pero, sobre todo, te das cuenta de la narración tan original y de lo bien hilada que está.</p>


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		<title>Fallo Premio Avalón 2010</title>
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		<pubDate>Sat, 24 Jul 2010 11:39:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lady Dragón</dc:creator>
				<category><![CDATA[Concursos]]></category>

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		<description><![CDATA[Seré prudente. Primero os dejo el acta del jurado, leído en el blog de la AsturCon: Reunido en Gijón el jurado del Premio Avalón de relato fantástico, compuesto por Carolina González, Sergio Iglesias, Iván Olmedo y José Manuel Uría y Marisa Cuesta, en calidad de secretaria, acuerdan por unanimidad conceder el premio al relato El [...]


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</ol>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Seré prudente. Primero os dejo el acta del jurado, leído en el blog de la <a href="http://asturcon.estaciondenieblas.net/2010/07/13/fallo-del-premio-avalon-de-relato-fantastico-2010/#comments" target="_blank">AsturCon</a>:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Reunido en Gijón el jurado del Premio Avalón de relato fantástico,  compuesto por Carolina González, Sergio Iglesias, Iván Olmedo y José  Manuel Uría y Marisa Cuesta, en calidad de secretaria, acuerdan por  unanimidad conceder el premio al relato</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>El espacio que ocupan las palabras</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Presentado bajo el lema <strong>Yavin</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">Una vez abierta la plica correspondiente, el autor ha resultado ser <strong>Sara Sacristán Horcajada</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">El jurado desea dar las gracias a todos los participantes y desde  aquí emplaza a aquellos que lo deseen a presentarse al Premio Avalón de  Relato 2011, cuyas bases se harán públicas próximamente.</p>
<p style="text-align: justify;">En Gijón, a 10 de julio de 2010</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Y ahora dejo la prudencia en otra parte y grito: ¡¡¡¡UNA HIPOGRIFA HA GANADO EL PREMIO AVALÓN!!!!</p>
<p style="text-align: justify;">Mi orgullo de profesora me puede. Y estoy muy orgullosa de Sara <img src='http://www.sikoydenee.com/wp-includes/images/smilies/icon_smile.gif' alt=':-)' class='wp-smiley' /> . Todas las enhorabuenas del mundo.</p>


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		<title>Los dioses del universo, según Erich von Däniken (Segunda Parte)</title>
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		<pubDate>Wed, 21 Jul 2010 07:00:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>laudine</dc:creator>
				<category><![CDATA[Comics]]></category>

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		<description><![CDATA[Personajes y tramas Con pelo azul y cuerpo de infarto marcado con ajustadísimo mono de color naranja, la comandante Ais tiene como prioridad su deber para con la misión. No sólo es guapa, sino más lista que el hambre y valiente como ella sola. Sus tres ayudantes son: el guapo y rubio Chat, su incondicional [...]


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</ol>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><span style="text-decoration: underline;"><em>Personajes y tramas</em></span></strong></p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.sikoydenee.com/wp-content/uploads/2010/07/Los-dioses-del-universo-Personajes.bmp"><img class="aligncenter size-full wp-image-1620" title="Los dioses del universo - Personajes" src="http://www.sikoydenee.com/wp-content/uploads/2010/07/Los-dioses-del-universo-Personajes.bmp" alt="" width="455" height="620" /></a></p>
<p>Con pelo azul y cuerpo de infarto marcado con ajustadísimo mono de color naranja, la comandante Ais tiene como prioridad su deber para con la misión. No sólo es guapa, sino más lista que el hambre y valiente como ella sola. Sus tres ayudantes son: el guapo y rubio Chat, su incondicional seguidor; el buenorro aunque entradito en años Roub; y el biólogo (¿?) Zan. Como estamos en plena liberación femenina (1978), Ais es muy independiente… Pero el puntito de mujer objeto sexual no lo ha perdido y al ser la única fémina de la misión, se la rifan. Unos en plan romántico y otros perdiendo las formas completamente.</p>
<p>Roub convence a unos pocos para sublevarse y quedarse en el planeta, de camino violando a alguna que otra primate. Ais y Chat acaban con la insurrección y Roub muere mordido por una serpiente.</p>
<p>El primer experimento en los Andes resulta infructuoso. Zan, el científico que lo mismo sabe de moléculas que de motores, aún no ha perfeccionado la técnica de la mutación. Además, una erupción volcánica acaba con el chiringuito de primates mutantes. Suerte que nos dejan como recuerdo los geoglifos de Nazca.</p>
<p>Van a la Atlántida y se encuentran con la tripulación de la segunda nave gravemente enferma. No tardan en sospechar que el mal ha sido provocado por el científico de esa expedición, Satham: no sólo está envenenando a los humanoides, además tiene secuestrada la tercera nave y ha creado monstruos asesinos a partir de sus experimentos para adueñarse del planeta azul. Liberados unos y castigados otros, Zan consigue, por primera vez, que una pareja de sus primates mutantes sobreviva (el resto se matan unos a otros a garrotazos, que se ve que les gusta).</p>
<p>Rhama, el comandante de la tercera expedición y otro rubio cañón, le tira los tejos a Ais y esta vez la mujer se rinde. Pero el guapo Rhama muere al tratar de salvar a la pareja de primates de los insectoides, unos extraterrestres con forma de insectos gigantes que han acampado en la India y vienen a llevarse toda la clorofila de la Tierra (¿?). Para acabar con ellos, les sigue hasta la Luna, donde los insectoides se refugian con perversos planes y los aniquila muriendo él en la misión.</p>
<p>Satham, al que dábamos por muerto, ataca la Atlántida con sus Titanes (unas mutaciones que le han quedado de la talla XXL). Zan y Ais se ven obligados a regresar. Allí dejaron a la pareja de primates, Adán y Eva, a cargo de Chat y de Ness, un piloto guaperas. Y aquí viene lo bueno: cuando Zan y Ais llegan a la Atlántida, la pareja de primates no sólo ha procreado a lo bestia, sino que han construido una ciudad y una civilización completa (la de la mítica Atlántida). Además, ya no tienen aspecto de simios sino de indios (¿?).</p>
<p>El guionista te lo explica en una frase y se queda tan pancho: <em>el tiempo no pasa de la misma manera para los primates que para los delanos</em>. Ahí queda eso.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.sikoydenee.com/wp-content/uploads/2010/07/Los-dioses-del-universo-Personajes-02.bmp"><img class="aligncenter size-full wp-image-1621" title="Los dioses del universo - Personajes 02" src="http://www.sikoydenee.com/wp-content/uploads/2010/07/Los-dioses-del-universo-Personajes-02.bmp" alt="" width="448" height="652" /></a></p>
<p>Satham consigue atemorizar a los mutantes con sus Titanes e instala la semilla del mal en el planeta azul. Esto explica el nombre del personaje, por si alguien aún no había atado cabos.</p>
<p>El Gran Cerebro (al que hasta entonces yo creía muerto) decide acabar con el experimento, considerando que le ha salido mal porque los mutantes son muy manipulables. Ordena hundir la Atlántida, pero Ais les ha cogido cariño a sus criaturas y, por primera vez, no acata las órdenes. Chat le muestra su apoyo y, de paso, vuelve a confesarle su amor. Ais, que ha pasado rapidito el duelo por Rhama, le dice que sí…</p>
<p>El Gran Cerebro, mosqueado porque no quieren obedecer sus órdenes, manda llamar a Chat y a Ais para que expliquen los motivos de su desobediencia. Ya en Delos, el Gran Cerebro se expresa a través de un ojo enorme capaz de aparecer de pronto en cualquier pared como si de un Gran Hermano se tratase. Decide que lo mejor es acabar con la misión y ordena el hundimiento de la Atlántida sin que Ais pueda hacer nada. La cosa llegará a ser de tal magnitud, que los mutantes se quedarán marcados para toda la vida y temerán a los dioses (es decir, a esos que llegaron del cielo) para siempre.</p>
<p>Chat muere en Delos. Ais sufre muchísimo, pero no pasa nada, porque Ness, el piloto guaperas, se le declara nada más llegar de nuevo a la Tierra. Aunque también muere, así que más les vale a los delanos no acercarse a esta mujer que tiene mal fario. Mientras, algunos humanos a los que Zan les explicó nociones básicas de aeronáutica, se construyen un arca y salieron de la isla ilesos para procrearse por el mundo a pasos agigantados.</p>
<p>Como Satham se ha propuesto transformar la Tierra en un infierno, le van saliendo colaboradores. Azazel instruye a los mutantes en la lucha, los celos, el odio, la discordia, los juegos de azar y las orgías, casi nada. Y Thamiel, una pelirroja de Dalmacia, es experta en lucha y tentaciones varias. Consiguen hacerse con las ciudades de Sodoma y Gomorra hasta que un meteorito acaba con ellas.</p>
<p>En Delos la cosa tan poco está muy fina. Unos robots con pinta de arenques están sustituyendo poco a poco a los delanos. Además, como la raza se extingue, ha dado comienzo la clonación a partir de óvulos que, por cierto, nadie dona, de manera que no se de dónde los sacan. Así es como Ais conoce a su hija a imagen y semejanza, Aistar, quien a partir de ahora la sustituirá. Su hija está destinada a correr la misma suerte que su madre: la de sex-symbol.</p>
<p>En la Tierra, los herederos de Adán y Eva se van emparentando con la tradición judeo-cristiana. Enoch ayuda a los delanos en la Atlántida; Noé sale ileso de la isla en un arca; Lot sobrevive a la destrucción de Sodoma y Gomorra… Y al fin, Moisés libera a los mutantes más desarrollados de las garras de Satham, que se ha hecho con el poder en Egipto, para formar una civilización en condiciones, mientras los delanos prometen regresar.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.sikoydenee.com/wp-content/uploads/2010/07/Los-dioses-del-universo-Fin.bmp"><img class="aligncenter size-full wp-image-1622" title="Los dioses del universo - Fin" src="http://www.sikoydenee.com/wp-content/uploads/2010/07/Los-dioses-del-universo-Fin.bmp" alt="" width="448" height="622" /></a></p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;"><em>Conclusiones</em></span></strong></p>
<p>No cabe duda, por el tono de esta reseña, que me eché unas buenas risas leyendo el cómic. Malo es, no lo voy a negar. La mala traducción de un guión más que flojo, donde las explicaciones están cogidas con pinzas y la tensión dramática nunca llega a producirse parece ser una mera excusa para desarrollar en viñetas las teorías de Von Däniken.</p>
<p>A mi, el punto de partida me resulta curioso: somos un experimento alienígena que salió mal. Las vueltas de tuerca que le dan a la trama para demostrar que los extraterrestres estaban detrás de nuestra historia pasada son geniales por lo inverosímiles. El tonteo que se traen unos y otros con Ais es desternillante. Y el personaje de Satham me pareció muy logrado.</p>
<p>Por otro lado, a mi la estética de la época me gusta. Tanto tipazo y tanta posturita sexy alegra la vista. Bromas aparte, las viñetas están cuidadas al detalle y hay auténticos planos de cine en muchas de ellas, además de una buena puesta en escena en las de más acción.</p>
<p>Es un cómic para pasar el rato.</p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;"><em>Bogusław Polch , ilustrador</em></span></strong></p>
<p><a href="http://www.sikoydenee.com/wp-content/uploads/2010/07/Bogusław-Polch.bmp"><img class="aligncenter size-full wp-image-1623" title="Bogusław Polch" src="http://www.sikoydenee.com/wp-content/uploads/2010/07/Bogusław-Polch.bmp" alt="" /></a></p>
<p>Nacido en 1941. Es un artista e ilustrador de novela gráficas polaco. Renunció a sus estudios de arte e hizo su debut a los 17 años en el mundo del cómic. En 1999-2000 fue director de la revista KRONE. Entre otras, ha ilustrado las primeras seis novelas gráficas escritas por Andrzej Sapkowski y Maciej Parowski: Wiedźmin (The Witcher). También se ocupa de la creación y producción de gráfica publicitaria e ilustraciones de libros y de storyboard.</p>
<p>Los lectores y colegas le consideran un experto en los detalles, aunque estos no sean visibles para el lector. Sin embargo, en su última etapa trata de salirse de tanto perfeccionismo. En 2009 fue galardonado con la Medalla de Bronce &#8220;Gloria Artis&#8221;.</p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;">Arnold Mostowicz , guionista</span></strong><strong> </strong></p>
<p><a href="http://www.sikoydenee.com/wp-content/uploads/2010/07/Arnold-Mostowicz.bmp"><img class="aligncenter size-full wp-image-1624" title="Arnold Mostowicz" src="http://www.sikoydenee.com/wp-content/uploads/2010/07/Arnold-Mostowicz.bmp" alt="" /></a></p>
<p>Nació el 6 de abril de 1914 en Lodz y falleció el 3 de febrero 2002 en Varsovia. Escritor polaco, periodista, médico y divulgador de la ciencia. De origen judío, estudió medicina en Toulouse. Regresó a Polonia poco antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial. Después de ganar la capital los nazis fue llevado a un gueto donde ejerció como médico. Tras la guerra no volvió a la medicina y se dedicó a escribir libros de divulgación científica (biología y OVNI) y a presidir diferentes asociaciones anti holocausto, lo que le valió el reconocimiento mundial.</p>
<p>Fue redactor jefe de Gazeta Krakowska, de la que fue expulsado en 1968 como resultado de la campaña antisemita. En los años 70 y 80 se centró en los cómics basados en la hipótesis de Erich von Däniken, de la que era seguidor.</p>
<p><em>Las imágenes de este artículo han sido obtenidas de la Website de </em><a title="Página oficial de Erich von Däniken" href="http://www.daniken.com/" target="_blank"><em>Erich von Däniken</em></a><em>, </em><a title="Mercado Libre" href="http://www.mercadolibre.com.ar/" target="_blank"><em>mercadolibre.com.ar</em></a><em>, </em><a title="Universal Comics" href="http://www.universal-comics.com/catalog/" target="_blank"><em>universal-comics.com</em></a><em> y </em><a title="Todo Colección" href="http://www.todocoleccion.net/index.cfm" target="_blank"><em>todocoleccion.net</em></a><em>.</em></p>
<p><em>La información sobrer los creadores ha sido obtenida de <a title="Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Wikipedia:Portada" target="_blank">Wikipedia</a> y de la web de Erich von Däniken. </em></p>


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</ol></p>]]></content:encoded>
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		<title>&#8220;A Táboa da Hospitalidade&#8221; (O Brindo de ouro, vol.II), de Xesús Manuel Marcos</title>
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		<pubDate>Thu, 15 Jul 2010 07:00:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Equipo editorial</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crítica literaria]]></category>

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		<description><![CDATA[Mitología y fantasía nuestras, por Mir. Quien piense que la literatura juvenil es una literatura «de inferior calidad»; quien esté convencido de que no se escribe buena fantasía épica dentro de nuestras fronteras o de que esta debe estar basada en las grandes mitologías nórdicas, bien puede asomarse a la trilogía O Brindo de ouro [...]


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</ol>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h4><em>Mitología y fantasía nuestras</em>, por Mir.</h4>
<p>Quien piense que la literatura juvenil es una literatura «de inferior calidad»; quien esté convencido de que no se escribe buena fantasía épica dentro de nuestras fronteras o de que esta debe estar basada en las grandes mitologías nórdicas, bien puede asomarse a la trilogía <em>O Brindo de ouro</em> (El Brindo de oro), de Xesús Manuel Marcos, de la cual han sido publicados los dos primeros títulos: <em>A chamada do Brindo</em> y <em>A Táboa da Hospitalidade</em>.</p>
<p><a href="http://www.sikoydenee.com/wp-content/uploads/2010/07/A-Táboa-da-Hospitalidade.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-1756" title="A Táboa da Hospitalidade" src="http://www.sikoydenee.com/wp-content/uploads/2010/07/A-Táboa-da-Hospitalidade.jpg" alt="" width="200" height="323" /></a></p>
<p>Estamos en la época de los celtas, un tiempo en que las Brujas aún echan maldiciones; las Xidas guardan los nombres y los secretos de la naturaleza, guiando con su sabiduría a los guerreros de las aldeas arxinas de las Tierras Altas; los orives forjan objetos mágicos; y la tierra, compuesta de bosques neblinosos, ríos de corrientes arrolladoras e imponentes montañas, alberga a multitud de seres mágicos en lugares remotos. Una tierra que, descrita con gran belleza y maestría, se convierte, lejos de en mero escenario, en un personaje más —casi diríase en protagonista— de la narración: un entorno tan real y tan fantástico como lo son las regiones gallegas en las que el autor se inspira y las cuales reinventa, en parte gracias a nombres poéticos y sugerentes. Así como reinventa sus seres míticos.</p>
<p>El Brindo, el objeto mágico clave de la trilogía, es un cuerno de oro cuya llamada despierta el valor de los guerreros del pueblo arxina, sometidos desde hace siglos a la maldición de la Bruja de los Broncedos.</p>
<p>A pesar del tiempo transcurrido desde la publicación de <em>A chamada do Brindo</em>, el autor se esfuerza por que recordemos —quienes ya la habíamos leído la primera entrega— y —todos, la conozcamos o no— nos metamos en la historia. El invierno se acerca y promete ser tan duro como el anterior, pues el pueblo arxina aún se está recuperando de la terrible batalla de la Mina de la Toca. Una misteriosa partida de guerreros ha atacado a unos pastores de la aldea de Mogoxe, matándolos o haciéndolos prisioneros y dispersando su ganado. ¿Quiénes son y de dónde han venido? ¿Por qué Selmo, el Guardián del Brindo, no los vio llegar desde la cima del pico de Brío y sopló el cuerno de oro para avisar del peligro? Los habitantes de las aldeas murmuran contra él y desconfían de su juventud. Entretanto, las Xidas —las sabias hechiceras que guían a los arxinas— han conseguido escapar de las mazmorras de la Bruja de los Broncedos y regresan a las aldeas.</p>
<p>Una noche, Toimil, su amigo y compañero alobri de la anterior aventura, llega malherido a la palloza de Selmo y le cuenta una historia inquietante acerca de su difunto padre, el que fuera Guardián antes que él y que dio su vida por salvar la de Selmo. ¿O no?</p>
<p>Tanto como almacenar leña y comida y reconstruir las aldeas para pasar el invierno, urge encontrar nueva mina, para lo cual es imprescindible la presencia de una Xida, de un orive y la del Guardián del Brindo. Selmo —acompañado de Lombán, su lobo albino—, Toimil, la Xida Valiña da Osa y el orive Rendar emprenderán un viaje con este fin, viaje que los llevará a las entrañas de la tierra. Pero en su misión se ocultan mil peligros, y no todos proceden de la malvada Bruja de los Broncedos y sus guerreros del Sur; algunos están más cerca de lo que ellos sospechan…</p>
<p>Como en todo buen relato épico, encontrarán en su camino objetos mágicos y compañeros sabios que los ayuden. Poco a poco, todas las piezas irán encajando…</p>
<p>No faltan, como era de esperar en toda historia épica —fantástica o real—, reyes, batallas, alianzas y traiciones, así como los valores clásicos de la lealtad y de la amistad.</p>
<p>Y, de fondo, en la memoria del joven Selmo, los ojos azules de la hermosa Candela de Abellonenia…</p>
<p>En resumen, una lectura altamente recomendable, no solo para jóvenes. De gran belleza literaria y riqueza de vocabulario, donde se mezclan tradición y fantasía. Recuerda lejanamente a <em>El señor de los anillos</em> y a otras narraciones similares, que resultan entretenidas y sugerentes, aunque quizás pequen de un cierto exceso de acumulación de elementos fantásticos.</p>
<p>Me refiero a un defecto que algunos autores suelen achacar a las obras de fantasía épica, aun a las de mayor calidad: el hecho de que a lo largo de la historia se vayan sucediendo aventuras, acciones y batallas, alternadas con la aparición de multitud de objetos y seres mágicos, de modo que el lector tiene la sensación de que suceden muchas cosas, a veces demasiado deprisa, mientras que el narrador olvida mostrarle el mundo emocional de los personajes, lo que provoca que le resulte difícil identificarse con ellos. Queremos sentir el miedo, el amor, la lealtad, el odio… no solo que nos lo cuenten.</p>
<p>No obstante, esto sucede, en mayor o menor medida, en todos los relatos épicos: cantares de gesta, cuentos tradicionales, películas y <em>comics</em> de acción…</p>
<p>Lo mismo podríamos decir de las sagas. Desde siempre ha sido costumbre suspender la historia, dejando a los héroes en una situación comprometida —y desesperando, por supuesto, a los oyentes-lectores—: cantares de gesta, romances, folletines, novelas por entregas, seriales radiofónicos y televisivos, <em>cómics</em>…  han seguido y siguen esta fórmula de éxito. Pero cuando sabemos que tendremos que esperar unos cuantos años para conocer el desenlace, nosotros, los pobres lectores, gritamos: <em>¡No hay derecho!.</em></p>
<p><a href="http://www.sikoydenee.com/wp-content/uploads/2010/07/El-Brindo-de-oro.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-1755" title="El Brindo de oro" src="http://www.sikoydenee.com/wp-content/uploads/2010/07/El-Brindo-de-oro.jpg" alt="" width="139" height="240" /></a></p>
<p>Desafortunadamente, <em>A Táboa da Hospitalidade</em> aún no ha sido traducida al español, así que os dejamos el enlace al primer volumen: <em>A chamada do Brindo</em>.</p>
<p><em><a href="http://www.sikoydenee.com/wp-content/uploads/2010/07/El-Brindo-de-oro.jpg"></a></em></p>
<h4><em>El Brindo de oro</em><br />
Xesús Manuel Marcos</h4>
<ul>
<li>Editorial: Anaya</li>
<li>Año de publicación: 2008</li>
<li>Páginas: 248</li>
<li>Formato: Tapa blanda</li>
<li>ISBN: 9788466776622</li>
<li><a title="Blog de Xesús Manuel Marcos" href="http://oulego.blogspot.com/" target="_blank">Blog de Xesús Manuel Marcos</a></li>
</ul>
<p>Para comprarlo,   <a href="http://www.casadellibro.com/libro-el-brindo-de-oro/1187910/2900001240206" target="_blank"><img title="Casa del Libro" src="http://www.sikoydenee.com/wp-content/uploads/2009/10/Casa-del-Libro-150x22.gif" alt="Casa del Libro" width="150" height="22" /></a></p>
<p>Aunque si os atrevéis con el gallego, también podéis adquirirlo:</p>
<h4><em>A Táboa da Hospitalidade</em><br />
Xesús Manuel Marcos</h4>
<ul>
<li>Editorial: Xerais</li>
<li>Año de publicación: 2009</li>
<li>Páginas: 416</li>
<li>Formato: Tapa blanda</li>
<li>ISBN: 9788499140643</li>
</ul>
<p>Para comprarlo,   <a href="http://www.casadellibro.com/libro-o-brindo-de-ouro-ii-a-taboa-da-hospitalidade/1617065/2900001352238" target="_blank"><img title="Casa del Libro" src="http://www.sikoydenee.com/wp-content/uploads/2009/10/Casa-del-Libro-150x22.gif" alt="Casa del Libro" width="150" height="22" /></a></p>


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</ol></p>]]></content:encoded>
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		<title>True Blood</title>
		<link>http://www.sikoydenee.com/2010/06/30/true-blood/</link>
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		<pubDate>Wed, 30 Jun 2010 10:00:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Kátida</dc:creator>
				<category><![CDATA[Series]]></category>

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		<description><![CDATA[Un botellín, por favor, por Káralan ¿Cuántas series te han sorprendido? ¿Cuántas podrían hacerlo con un argumento tan trillado que es imposible salir a la calle sin topárselo en un kiosco o en el escaparate de una librería? Chica conoce vampiro, vampiro conoce chica. Vampiro y chica sufren mil dificultades por culpa de sus diferencias. [...]


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</ol>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Un botellín, por favor</em>, por Káralan</p>
<p>¿Cuántas series te han sorprendido? ¿Cuántas podrían hacerlo con un argumento tan trillado que es imposible salir a la calle sin topárselo en un kiosco o en el escaparate de una librería?</p>
<p><a href="http://www.sikoydenee.com/wp-content/uploads/2010/06/trueblood5.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-1743" title="trueblood5" src="http://www.sikoydenee.com/wp-content/uploads/2010/06/trueblood5.jpg" alt="" width="354" height="436" /></a></p>
<p>Chica conoce vampiro, vampiro conoce chica. Vampiro y chica sufren mil dificultades por culpa de sus diferencias. Chica y vampiro se reconcilian y son felices por toda la eternidad… ¿De verdad no te suena? La historia está tan explotada, que las editoriales intentan renovarla con licántropos suaves y zombis perfumados, pero el problema no es la forma, sino el fondo. Cambian los bichejos, pero la historia sigue siendo Romeo y Julieta.</p>
<p>El éxito de <em>True Blood</em>, que parte de un original literario que aporta como diferencia el humor y tramas detectivescas (Harris también escribe policiaco), hay que agradecérselo a un guión que aprovecha lo mejor de las novelas, dándoles un giro dramático sin prescindir del tono divertido, y a una elección de reparto muy afortunada. La ambientación sureña y una dirección austera, que se basa en la calidad y no en el presupuesto, junto a la música de Nathan Barr (hay piezas preciosas en las que una guitarra acústica y un cello te transportan a otro tiempo con melodías tan sencillas como prodigiosas), terminan por convertir <em>True Blood</em> en una de las mejores series de televisión que se han emitid… un momento… ¿Qué me está pasando?</p>
<p>Éste no soy yo… esperad que abra una botella de True Blood… glubglubglub… Vale…</p>
<p>Ahora vamos a hablar de lo que realmente a todos, hombres y mujeres, nos preocupa:</p>
<p>¿Está Anna Paquin lo bastante buena para el papel?</p>
<p>¿Resulta creíble la fascinación que despierta en Bill, Sam, Eric y varios seres sobrenaturales más? No creo que ninguna mujer ponga en duda el atractivo de los varones antes mencionados, pero el de Sookie no está del todo claro… de acuerdo que es un encanto de chavala, pero…  ¿Lo suficiente como para enamorar perdidamente a un vampiro de casi doscientos años, que a diferencia de Edward, no tiene las hormonas alteradas por una adolescencia perpetua?</p>
<p>Queda abierto el debate… Y ahora, para no seguir dispersándome, vuelvo con la serie, destacando (la culpa es del True Blood) la belleza de las escenas eróticas, algunas de las cuales llegan a emocionar, y de las ensoñaciones de V de Amy y Jason durante la primera temporada.</p>
<p>También dignas de mención, las alusiones a la integración (racial, sexual) que se hacen sin caer en la demagogia (el personaje de Lafayette, impagable) y de paso a la religión, la política, la violencia… sin dejar de lado la fascinación humana por lo prohibido.</p>
<p>Para quien no la conozca (alguno habrá) <em>True Blood</em> cuenta la historia de una camarera llamada Sookie Stackhouse, que por culpa de su telepatía (a quien no le ha pasado) es incapaz de mantener una relación durante mucho tiempo. La acción transcurre en un pueblo sureño llamado Bon Temps, en un presente alternativo en el cual y gracias a la invención de una sangre sintética casi similar a la humana, se ha producido una masiva “salida del ataúd” de la población vampírica, que ahora lucha por su lugar en la sociedad. Sin embargo, hay un número considerable de ellos que no se adaptan a los nuevos tiempos y siguen considerando a los humanos como simple alimento y objeto de diversión. El enfrentamiento entre ambos grupos (vampiros y humanos que no se toleran entre sí) hará que la sociedad se desprenda poco a poco de su apariencia civilizada, para mostrar un rostro más salvaje e inquietante.</p>
<p><a href="http://www.sikoydenee.com/wp-content/uploads/2010/06/tb.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-1745" title="tb" src="http://www.sikoydenee.com/wp-content/uploads/2010/06/tb.png" alt="" width="500" height="340" /></a></p>
<p>En medio de este caos, Sookie conoce a Bill Compton, un vampiro a quien no puede leer el pensamiento y que desea integrarse en la comunidad. En el vampiro Bill, Sookie encontrará por fin a su media naranja y éste en Sookie, la paz y la inocencia perdidas.</p>
<p>Aquí es donde Capuletos y Montescos entran en juego. Ni los vampiros ni los humanos que forman el entorno de ambos, ven con buenos ojos la unión. Y para colmo, otras razas de noche (con el permiso de Clive Barker) están a punto de seguir el ejemplo de los vampiros y abandonar respectivamente armarios, bosques y perreras para dar la cara.</p>
<p>El título de la serie, <em>True Blood</em>, hace referencia a la marca de sangre sintética que los bares a favor de la integración sirven (a temperatura humana) a la población vampírica. Como contrapartida, un nuevo producto gozará de gran éxito entre la humana…  El “V”, sangre de vampiro con efectos afrodisíacos y lisérgicos, que provocará una revolución entre los traficantes y hará que los cazadores se conviertan en presas.</p>
<p>Lo que ahora hace falta, es que el productor Alan Ball sepa cuándo es el momento de dejar de chupar de la idea, para que no le ocurra lo mismo que a la autora de los libros, Charlaine Harris, que alargó la serie (y nos hizo cogerle tirria a la palabra ”muerto” a unos cuantos) hasta convertirla en un <em>Falcon Crest</em> vampírico (para los humanos que no entendáis la referencia, se trata de un culebrón del siglo XX al que estuve tan enganchado como vosotros al V) enredado, repetitivo y muy aburrido. En fin, ya está aquí la tercera temporada…</p>
<p>Yo necesito mi dosis ¿y vosotros?</p>


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</ol></p>]]></content:encoded>
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		<title>&#8220;Psicoestética&#8221;, por Susana Meyniel</title>
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		<pubDate>Tue, 29 Jun 2010 13:40:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Equipo editorial</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[Verónica era una mujer modelo RE del año 2223. Sus padres habían elegido la modalidad Rubia Estupenda para las tres hijas que habían encargado. Ella era feliz, pero había algo que enturbiaba su vida. Su total falta de celos era motivo de constantes peleas con su novio. La joven no entendía por qué tenía que [...]


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</ol>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Verónica era una mujer modelo RE del año 2223. Sus padres habían elegido la modalidad Rubia Estupenda para las tres hijas que habían encargado.</p>
<p style="text-align: justify;">Ella era feliz, pero había algo que enturbiaba su vida. Su total falta de celos era motivo de constantes peleas con su novio.</p>
<p style="text-align: justify;">La joven no entendía por qué tenía que hacer algo tan imposible para ella como montar en cólera cuando él se besaba apasionadamente con otra mujer. Se le veía tan satisfecho, que lo pasaba tan bien, que Verónica solo podía alegrarse por él cada vez que le encontraba en la cama con otra.</p>
<p style="text-align: justify;">Ahora quería darle una sorpresa, y por eso llevaba varios meses ahorrando. Por fin tenía el dinero para que le realizaran una operación de psicoestética.</p>
<p style="text-align: justify;">Había dado muchas vueltas a las clínicas que se anunciaban, y prefería pagar una de fiar, que acabar como algunas personas que salían en los programas de la tele.</p>
<p style="text-align: justify;">En la recepción del centro que había escogido, una mujer joven, modelo Pelirroja Fogosa, se limaba las uñas y le sonreía con unos ojos verdes chisporroteantes. Las paredes blancas y el intenso olor a limpio la relajaron al instante.</p>
<p style="text-align: justify;">─Tengo hora a las doce para un aumento de los celos…</p>
<p style="text-align: justify;">La pelirroja comprobó sus datos en una pantalla virtual.</p>
<p style="text-align: justify;">─Siéntate, no tardarás en entrar.</p>
<p style="text-align: justify;">─¿Qué es ese jaleo?</p>
<p style="text-align: justify;">Verónica tuvo que levantar la voz para hacerse oír por encima del barullo formado en una salita adyacente.</p>
<p style="text-align: justify;">─Son los estudiantes de derecho. Arman más barullo que los de Ciencias Políticas o, desde luego, que los que se van a dedicar a la Banca.</p>
<p style="text-align: justify;">─¿Vienen todos juntos?</p>
<p style="text-align: justify;">La recepcionista puso cara de fastidio.</p>
<p style="text-align: justify;">─Es que hemos lanzado una oferta a grupos para operarse de la sinceridad… ¡Chicos, por favor, que no estáis solos!</p>
<p style="text-align: justify;">El jolgorio disminuyó al instante.</p>
<p style="text-align: justify;">Verónica sonrió. Aquello la convencía de que hacía bien escogiendo aquella clínica. Tantos estudiantes, tan inteligentes, no podían equivocarse.</p>
<p style="text-align: justify;">Al momento sonó un pitido y la recepcionista le indicó en qué despacho la iban a atender. Ella entró con ilusión y recelo.</p>
<p style="text-align: justify;">En la consulta, una mujer RE como ella la recibió con un caluroso apretón de manos. Después, le indicó con un ademán que ocupase un sillón de piel, mientras ella se mantenía en pie y  ajustaba unos gráficos en el espacio ante sí.</p>
<p style="text-align: justify;">─Verónica. Vienes por un aumento de celos, ¿verdad?</p>
<p style="text-align: justify;">Asintió sin saber qué más decir. La doctora volvió a tomar la palabra.</p>
<p style="text-align: justify;">─¿Nunca has sentido celos?</p>
<p style="text-align: justify;">─Creo que no…</p>
<p style="text-align: justify;">─¿Hermanos…?</p>
<p style="text-align: justify;">─Dos hermanas, más pequeñas que yo.</p>
<p style="text-align: justify;">Su respuesta fue anotada en el aire con una luz a modo de lápiz.</p>
<p style="text-align: justify;">─¿Qué sentiste cuando nacieron?</p>
<p style="text-align: justify;">Verónica tardó un poco en responder, mientras recordaba, luego se encogió de hombros.</p>
<p style="text-align: justify;">─Alegría, eran muy monas.</p>
<p style="text-align: justify;">El interrogatorio continuó:</p>
<p style="text-align: justify;">─¿Palpitaciones, dolor de estómago, ganas de llorar, de pegarles?</p>
<p style="text-align: justify;">─¡No! ¿Por qué? Me gustaba cuidarlas. Entendía que quisieran mis muñecas, eran preciosas.</p>
<p style="text-align: justify;">Unos datos fueron añadidos a las notas:</p>
<p style="text-align: justify;">─¿Tienes novio?</p>
<p style="text-align: justify;">La miró  algo abatida.</p>
<p style="text-align: justify;">─Si, Daniel. Él es el motivo de que esté aquí, le molesta mi falta de celos, le gustan las mujeres posesivas, con más… ya me entiende.</p>
<p style="text-align: justify;">─¿Te ha dado motivos?</p>
<p style="text-align: justify;">─¿Como cuál?</p>
<p style="text-align: justify;">La doctora se apresuró a enumerar:</p>
<p style="text-align: justify;">─Atenciones a otras mujeres, relaciones fuera de la pareja…</p>
<p style="text-align: justify;">Verónica reconoció con énfasis.</p>
<p style="text-align: justify;">─Ya lo creo, un montón, por eso está enfadado conmigo, porque no me molesta nada, ni un poquito siquiera.</p>
<p style="text-align: justify;">La médica hizo desaparecer el archivo delante de sus ojos y se sentó en otro sillón de piel frente a la paciente. Le dedicó una sonrisa profesional y pasó a explicarle.</p>
<p style="text-align: justify;">─Verás, cuando introducimos un rasgo totalmente nuevo en la personalidad de alguien, no tenemos manera de saber con antelación qué cantidad de esa característica será absorbida por el cerebro. ─Ella permaneció atenta a la explicación─. También debo advertirte que hay algunos rasgos de carácter que se asocian a los celos y que pueden hacer su aparición en cuanto te los implantemos. ─Ahora los ojos de la paciente mostraban un interrogante que la doctora se apresuró a disipar─: Quiero decir  que no solo sentirás celos, sino también rabia, impotencia, pasión irracional e incluso, sobre todo al principio, ganas de llorar muy frecuentes. Esto último desaparecerá con el tiempo, a medida que crezca tu autodominio.</p>
<p style="text-align: justify;">─No me gustaría cambiar toda mi personalidad, solo quiero sentir unos pocos celos… tener más pasión.</p>
<p style="text-align: justify;">─Parece que tu cerebro es virgen en cuanto a ese sentimiento. Como te he dicho, no podemos saber el alcance que tendrá su implantación. Es posible, incluso, que el efecto sea retroactivo, es decir que todos los celos que deberías haber sentido a lo largo de estos años surjan de repente.</p>
<p style="text-align: justify;">Su mirada de alarma motivó una explicación:</p>
<p style="text-align: justify;">─En los test previos que te hicimos cuando viniste a consultarnos, vimos que tenías una gran resistencia psíquica. Eres una mujer muy centrada.</p>
<p style="text-align: justify;">La joven sonrió satisfecha.</p>
<p style="text-align: justify;">─¿Entonces me pueden operar?</p>
<p style="text-align: justify;">─Si estás dispuesta, sí. Mi deber es hablarte de todos los efectos secundarios que puede acarrear la operación, ya sabes, ponerme seria.</p>
<p style="text-align: justify;">─Casi me han dado ganas de salir corriendo.</p>
<p style="text-align: justify;">La cirujana hizo un mohín simpático antes de añadir.</p>
<p style="text-align: justify;">─Yo de ti no me preocuparía, podrás controlar lo que te suceda. Verás qué bien te sientes y cuánto se alegra tu chico.</p>
<p style="text-align: justify;">Ella suspiró contenta y se prestó a seguir los pasos  para ser introducida, mediante hipnosis, en el quirófano.</p>
<p style="text-align: justify;">La operación duró un poco menos de lo habitual, pues los celos tenían su espacio en el cerebro, libre de otros sentimientos que hubiese que sustituir.</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando concluyó, Verónica salió a la calle con su nuevo implante, impaciente por mostrárselo a Daniel.</p>
<p style="text-align: justify;">El día transcurrió y las luces de la calle se encendieron.</p>
<p style="text-align: justify;">Ella caminaba relajada hacia su casa. Estaba muy cansada, pero satisfecha.</p>
<p style="text-align: justify;">Esperaba que de un momento a otro le asaltasen las lágrimas de las que había hablado la doctora, pero en su lugar solo había alivio y una gran satisfacción.</p>
<p style="text-align: justify;">La visita a su novio había sido intensa y cargada de pasión, como él tantas veces le había pedido. Sonrió regodeándose en los detalles, mientras se frotaba de forma inconsciente una mancha de sangre en el borde de la manga.</p>
<p style="text-align: justify;">Dobló la esquina y vio su casa de frente. Las luces estaban encendidas. Todos estaban dentro, sus padres y sus hermanas. Una sonrisa, semejante a la fisura de un volcán,  apareció en su cara.</p>
<p style="text-align: justify;">Sus hermanas, aquellas putas rastreras por las que se había quedado sin muñecas de niña y sin novios de adulta.</p>
<p style="text-align: justify;">Una llamarada de impaciencia la impulsó a acelerar el paso. No podía contener el deseo de mostrarles, a todos, su  nueva personalidad.</p>


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		<title>&#8220;Ortiga la Bruja&#8221;, por Vicente Fernández</title>
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		<pubDate>Mon, 21 Jun 2010 10:20:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Equipo editorial</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos]]></category>

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<li><a href='http://www.sikoydenee.com/2009/09/21/breve-dialogo-por-vicente-agut/' rel='bookmark' title='Permanent Link: &#8220;Breve diálogo&#8230;&#8221;, por Vicente Agut'>&#8220;Breve diálogo&#8230;&#8221;, por Vicente Agut</a></li>
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			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Basoa —más conocida como la Ortiga en el pueblo de Zugarramurdi y alrededores debido a su carácter— era servidora de la naturaleza, o bruja, como las denominaban los hombres del clero. Era muy anciana, de corta estatura y tan flaca como un perro sin dueño. Rezumaba nerviosismo por todos sus poros y, a pesar de su edad, no había perdido facultades; era capaz de subir a la montaña antes que cualquiera de las jóvenes a las que instruía en el mundo de la brujería. Ella sólo enseñaba a mujeres, mientras que los otros maestros de la zona instruían a jóvenes de ambos sexos. Basoa decía que los mozos sólo pensaban con la polla y no quería saber nada de ellos. Solía decirles a sus pupilas que la juventud les paralizaba las piernas, más concretamente que lo que tenían entre las piernas consumía casi toda su energía vital. Entre sus novicias estaba su nieta Johana, una adolescente bonita y alocada que había llegado desde tierras de Estella hacía unos cinco años para aprender las artes de la vieja bruja.</p>
<p style="text-align: justify;">La Ortiga y su nieta llevaban varios días en lo alto del monte escondiéndose de los hombres de la Inquisición que batían la zona en busca de brujas y brujos. A la mayoría de las pupilas de Basoa las habían capturado e iban a llevárselas para juzgarlas en el tribunal de la Inquisición de Logroño. La Ortiga imaginaba las atrocidades por las que tendrían que pasar y sabía que acabarían confesando todo aquello que la Inquisición quisiese que confesasen. Los hombres de Dios eran expertos en soltar las lenguas, o en cortarlas.</p>
<p style="text-align: justify;">Abuela y nieta se cobijaban en una pequeña oquedad de la montaña y se alimentaban de lo que podían conseguir en el bosque. Al anochecer, la anciana dejaba a su nieta guardando el fuego e iba en busca de comida. Solía llegar con pequeños topos, ardillas, gorriones e, incluso, alguna culebra o lagarto. Cuando Johana le preguntaba cómo conseguía las piezas, Basoa le contestaba que el bosque se encargaba de proporcionárselas. Johana tenía el cometido de buscar raíces comestibles y frutos silvestres y no podía comprender cómo su abuela era capaz de conseguir piezas para asar en la hoguera. La única vez que intentó cazar algo regresó con las manos vacías y un chichón en la cabeza.</p>
<p style="text-align: justify;">Una noche de mediados de octubre, Basoa caminaba a buen paso por un sendero angosto flanqueado por maleza bajo la luz de la luna. Detrás iba su nieta andando a saltitos y soltando improperios cada vez que se rozaba con una rama o un zarzal. El sendero que seguían —usado generalmente por jabalíes— llevaba a una cueva cerca del pueblo en la que, antes de la llegada de los inquisidores, realizaban los aquelarres. Basoa quería ver si quedaba alguien conocido escondido por allí, aunque no tenía mucha esperanza en ello.</p>
<p style="text-align: justify;">—Amama<sup><a href="http://www.sikoydenee.com/2010/06/21/ortiga-la-bruja-por-vicente-fernandez/#footnote_0_1705" id="identifier_0_1705" class="footnote-link footnote-identifier-link" title="Abuela en vascuence">1</a></sup>, ¿por qué han capturado a las chicas y a los mozos? —preguntó la nieta entre jadeos. Llevaban horas caminando desde su cobijo en lo alto de la montaña.</p>
<p style="text-align: justify;">La anciana paró en seco y escupió en el suelo saliva ennegrecida.</p>
<p style="text-align: justify;">—Porque la Iglesia no quiere que exista otra fe que la suya. Con su fe dominan a los hombres, les controlan y los dirigen como ovejas. Nosotras enseñamos, no dominamos, dejamos que cada cual elija a su voluntad.</p>
<p style="text-align: justify;">Por la expresión de la joven Johana se podía ver que no comprendía bien las palabras de su abuela.</p>
<p style="text-align: justify;">—Porque son unos bastardos, hija —contestó Basoa ante la mirada bobalicona de su nieta.</p>
<p style="text-align: justify;">—Pero no han hecho nada malo, Amama —dijo con voz inocente.</p>
<p style="text-align: justify;">Johana aprovechó que su abuela había parado la marcha para sentarse en un ribazo cubierto de musgo y mordisquear una raíz parda que sacó de su túnica deshilachada.</p>
<p style="text-align: justify;">—En parte se lo tienen merecido —dijo enfurecida la Ortiga sentándose junto a su nieta—. ¿Cuántas veces os dije que no hicieseis aquelarres por vuestra cuenta? ¿Eh? ¿Cuántas? Un aquelarre es un acto sagrado, no una reunión de jóvenes putitas y mozos salidos que quieren satisfacerse unos a otros. Los aquelarres son para conseguir que la naturaleza entre en nosotros y que nosotros formemos parte de ella. ¿Cuántas veces os lo he dicho?</p>
<p style="text-align: justify;">—Pero, Amama… —protestó la joven.</p>
<p style="text-align: justify;">—Ni pero ni nada. ¿Quién invitó a gente ajena? —Johana quiso replicar pero su abuela continuó—. Sí, ya sé que tú no. Pero eso me da igual. Tú estuviste en varios aquelarres sin mi permiso.</p>
<p style="text-align: justify;">—¡Pero no hicimos nada malo! —gimoteó la joven—. Sólo comimos setas y bebimos infusiones. Y, bueno, ya sabes que nos gusta besarnos y esas cosas con los chicos cuando estamos en trance.</p>
<p style="text-align: justify;">—Claro, claro —dijo Basoa haciendo aspavientos—. Y por casualidad una moza se quedó preñada. ¿Sabes lo que hizo la chica para que su padre no le diese una paliza y la echase de casa? ¿No lo sabes?</p>
<p style="text-align: justify;">—No sabía que una se quedó preñada —Johana negó con la cabeza—. Nadie nos dijo nada.</p>
<p style="text-align: justify;">—Ya —replicó con desdén Basoa—. Pues la moza fue a hablar con su párroco y le dijo que una bruja le obligaba a acudir a los aquelarres. Y que en esos aquelarres la amenazaban con follársela si no renegaba de Dios y la Virgen. Y ella, como era muy santa —dijo con ironía—, se resistió al principio, y por eso quedó preñada. Le contó al párroco que, harta de ser mancillada, claudicó y se arrodilló ante los brujos y brujas y renegó de Dios.</p>
<p style="text-align: justify;">—¡Pero todo eso es mentira! —exclamó indignada Johana—. ¡Nadie obligaba a nadie a ir a los aquelarres!</p>
<p style="text-align: justify;">—Pues el párroco avisó a las autoridades y poco después llegó el inquisidor Juan Valle Alvarado con sus hombres. Por eso se están llevando a la gente para interrogarla. Y por eso estamos viviendo en el monte. ¡Niñatas! ¡Les disteis la excusa perfecta a los inquisidores! Ahora hay que atenerse a las consecuencias. Vamos —le apremió Basoa levantándose del ribazo—, pronto amanecerá y quiero llegar a la cueva cuanto antes.</p>
<p style="text-align: justify;">El resto de camino lo realizaron en silencio; Johana no tenía argumentos para contestar a su abuela. Poco antes de llegar a la cueva, Basoa le dijo a su nieta que se ocultase entre unos castaños y la esperase sin hacer ruido. La anciana se adentró en la espesura y buscó un lugar donde deshacerse de sus ropas. Una vez desnuda, cerró los ojos y se transformó en una lechuza. Nunca hacía esto delante de su nieta. Era un don que se transmitía de generación en generación y sólo unas pocas, y siempre mujeres, lo tenían. Basoa intuía que su nieta poseía el don —por eso la tenía bajo su tutela—, pero habría que esperar a que madurase para comprobarlo.</p>
<p style="text-align: justify;">Alzó el vuelo y se posó en una de las hayas más altas que encontró. Desde allí se deslizó por el cielo, que ya recibía los primeros rayos de sol de la mañana, en dirección a la cueva. Llegó en poco tiempo. Era una forma rápida de viajar, pero la transformación la dejaba agotada y sólo lo hacía cuando era necesario. Siempre que podía, prefería caminar.</p>
<p style="text-align: justify;">El entorno de la cueva estaba desierto. Se posó en un árbol cercano y escudriñó los alrededores. Escuchó a un zorro husmear entre la hojarasca que había bajo ella. El animal hacía excesivo ruido —aún más que el riachuelo que cruzaba la cueva— y parecía dar vueltas sin rumbo fijo. Supuso de quién se trataba. Se lanzó de la rama en la que estaba y se posó frente al animal que, asustado, le enseñó los dientes gruñendo. La Ortiga desplegó las alas y ululó. El zorro retrocedió y se colocó en posición de ataque. Basoa se transformó ante él.</p>
<p style="text-align: justify;">—¡Sancha! —gritó al zorro— ¿Cuánto tiempo llevas con esa forma? Vamos —dijo con voz autoritaria y acercándose al animal—, no seas estúpida. Debes transformarte o el instinto podrá sobre tu razón.</p>
<p style="text-align: justify;">El zorro gimió y se sentó sobre las patas traseras. Basoa se acercó aún más y le dio un manotazo en el hocico.</p>
<p style="text-align: justify;">—¡Te he dicho que cambies, maldita idiota! —le ordenó.</p>
<p style="text-align: justify;">El animal se convulsionó y se trasformó en una mujer de mediana edad y carnes prietas que la miró con ojos atemorizados.</p>
<p style="text-align: justify;">—Basoa… creía que tú… —dijo la mujer jadeando.</p>
<p style="text-align: justify;">—No hables ahora, Sancha. Estoy bien. Y Johana también. Está en el bosque. ¿Queda alguna más?</p>
<p style="text-align: justify;">Sancha negó con la cabeza. Temblaba de frío. Basoa la cubrió con hojas y helechos.</p>
<p style="text-align: justify;">—¿Sabes algo de los otros? —le preguntó con voz suave.</p>
<p style="text-align: justify;">—Los soldados los capturaron  —dijo Sancha con dificultad—. Yo estaba aquí, en la cueva, y pude escapar porque me transformé. He pasado demasiado tiempo siendo zorro, tenía miedo a mostrarme. Basoa, se llevan a cualquiera. Los que apresan cuentan cosas horrendas de otros. De ti dicen que entregas a jóvenes vírgenes al diablo para que las cubra.</p>
<p style="text-align: justify;">—El miedo hace decir muchas cosas, Sancha. De eso se aprovechan esos cabrones. Aquí no estamos a salvo —dijo la Ortiga mirando los alrededores—. La cueva no es segura. Tenemos que subir al monte. ¿Podrás?</p>
<p style="text-align: justify;">—Estoy muy cansada. Necesito dormir.</p>
<p style="text-align: justify;">—Entonces espera aquí —Basoa cubrió con más helechos y ramas a Sancha—. Pero no te duermas, debes estar alerta. Iré en busca de Johana y entre las dos te ayudaremos a subir.</p>
<p style="text-align: justify;">La anciana respiró hondo y cerró los ojos. Una segunda transformación tan seguida iba a dejarla exhausta, pero no había otro remedio. Alzó el vuelo con pesadez y regresó a por su nieta.</p>
<p style="text-align: justify;">Después de ponerse la ropa, Basoa buscó a Johana. La joven no se había movido del lugar en el que la dejó. Sin darle explicaciones le dijo que tenían que ir a la cueva inmediatamente. Johana no replicó y se dispuso a seguir el paso rápido de su abuela, pero le sorprendió ver que los andares de la anciana eran más lentos que de costumbre. Tardaron una hora en llegar a la cueva. El sol ya reinaba sobre los montes y deshacía las nieblas matutinas.</p>
<p style="text-align: justify;">Antes de llegar a la entrada de la cueva oyeron voces masculinas. Reían y jaleaban.</p>
<p style="text-align: justify;">—Amama —susurró Johana—, ¿quién está en la cueva?</p>
<p style="text-align: justify;">Basoa aceleró el paso sin hacer caso a su nieta. Pararon cerca de la cueva y, ocultas en el follaje, vieron a cuatro hombres que acosaban con picas a un zorro. Voceaban y se pasaban un pellejo de vino unos a otros. Basoa agarró la mano de su nieta con tanta fuerza que ésta se quejó.</p>
<p style="text-align: justify;">—¿Qué pasa, Amama? —preguntó asustada la joven.</p>
<p style="text-align: justify;">—Son soldados de la Inquisición, mi niña.</p>
<p style="text-align: justify;">—¡Tenemos que irnos! —exclamó Johana—. Volvamos al monte antes de que nos vean.</p>
<p style="text-align: justify;">—No podemos. Ella es —La Ortiga no sabía como decirlo—… el zorro es Sancha, la comadrona.</p>
<p style="text-align: justify;">La joven la miró sorprendida.</p>
<p style="text-align: justify;">—¿Es posible eso? Había rumores entre las novicias. Decían que tú también podías hacerlo, pero yo no lo creía. ¿Tú también puedes?</p>
<p style="text-align: justify;">—Sí, mi niña. Ya te lo explicaré. Ahora hay que intentar salvar a Sancha.</p>
<p style="text-align: justify;">—¿Por qué no escapa? Siendo zorro puede correr más que ellos. Además, están borrachos.</p>
<p style="text-align: justify;">—Está muy cansada, casi no puede moverse. Se va a transformar en cualquier momento. No debí dejarla sola —se lamentó.</p>
<p style="text-align: justify;">Uno de los hombres azuzó al zorro por la retaguardia y cuando éste se volvió, otro le clavó la punta de la pica en uno de los cuartos traseros. El zorro se revolvió y gimoteó.</p>
<p style="text-align: justify;">—Quédate aquí —le ordenó a Johana—. Y ni te muevas, pase lo que pase.</p>
<p style="text-align: justify;">Antes de que Johana pudiese decir nada, la anciana salió de la espesura, encorvó la espalda y caminó hacia los soldados que, tan concentrados estaban en hostigar al zorro, no se dieron cuenta de su presencia hasta que habló.</p>
<p style="text-align: justify;">—Caballeros, señores —dijo Basoa con voz débil—. No maten a mi zorrito.</p>
<p style="text-align: justify;">Los soldados se pusieron en guardia y desenvainaron las espadas. Uno de ellos, corpulento, barbudo y con una cicatriz en la frente, se acercó a ella. El zorro estaba en el suelo, retorciéndose de dolor.</p>
<p style="text-align: justify;">—¿Quién coño eres, vieja? —dijo el soldado.</p>
<p style="text-align: justify;">Acercó con mano incierta la espada al cuello de la Ortiga. Se tambaleaba.</p>
<p style="text-align: justify;">—No soy nadie, señor. Vivo cerca de aquí, pero no tengo nada. Mi zorrito me trae pequeñas piezas de caza para que yo no muera de hambre. Por favor, no lo maten —suplicó.</p>
<p style="text-align: justify;">—¿Cuál es tu nombre? —preguntó con sequedad el barbudo.</p>
<p style="text-align: justify;">—María, señor —contestó Basoa bajando la cabeza—. A su servicio y al del Santísimo.</p>
<p style="text-align: justify;">—Buscamos brujas —continuó el barbudo—. En concreto a una anciana a la que llaman la Ortiga, o algo así. ¿La conoces? —se arrimó a Basoa y le levantó la cara para mirarla a los ojos. El aliento del soldado olía a vino rancio.</p>
<p style="text-align: justify;">La Ortiga se apartó de él y escupió en el suelo con fuerza. Luego pisó el escupitajo.</p>
<p style="text-align: justify;">—Sí, señor —dijo fingiendo rabia—. La conozco. Esa puta fue la que me dejó sin nada. Me lanzó un conjuro y todas mis ovejas murieron. Espero que la quemen bien quemada —Basoa se santiguó.</p>
<p style="text-align: justify;">—Ya —dijo el soldado—. Así que te llamas María. Un nombre muy común. ¿Y cómo sé que no eres bruja?</p>
<p style="text-align: justify;">—Dicen que las brujas pueden volar, señor —miró al cielo e hizo un gesto de aleteo con las manos—. Si fuese bruja me iría volando y no podrían cogerme.</p>
<p style="text-align: justify;">—Puede —contestó el hombre agarrándola por el brazo—, pero será mejor que se lo cuentes al inquisidor. Él sabrá si mientes o no.</p>
<p style="text-align: justify;">El soldado se volvió a los otros.</p>
<p style="text-align: justify;">—Matad al zorro de una puta vez y llevemos a esta vieja ante don Juan Valle —sentenció.</p>
<p style="text-align: justify;">Uno de ellos atravesó la garganta del animal con su espada. Basoa gritó y el barbudo le dio una bofetada. El zorro comenzó a revolverse en el suelo. Ante la atónita mirada de los soldados se convirtió en una mujer con la garganta desgarrada y una herida en la pierna.</p>
<p style="text-align: justify;">—¡Brujería! —gritaron casi al unísono—. ¡Son brujas!</p>
<p style="text-align: justify;">Dos de los soldados soltaron las armas y salieron huyendo. Basoa aprovechó el momento de desconcierto y, no sin esfuerzo, empujó al soldado de la cicatriz e intentó acercarse a Sancha. El otro soldado que quedaba le cortó el paso y la tiró al suelo de un puñetazo. Entre los dos hombres la sujetaron con fuerza.</p>
<p style="text-align: justify;">—¡Puta! —gritó el compañero del barbudo, un joven pecoso—. ¡Arderás en la hoguera!</p>
<p style="text-align: justify;">Un aullido brotó del bosque. Los hombres se volvieron. Frente a ellos había un lobo de pelaje negro con el lomo cubierto por una túnica que un día pudo ser blanca. Los soldados soltaron a Basoa, se santiguaron y retrocedieron unos pasos. La anciana, desde el suelo, levantó la cabeza y mostró una leve sonrisa.</p>
<p style="text-align: justify;">—Mi niña —dijo al lobo con dulzura—. Sabía que tú podías.</p>
<p style="text-align: justify;">El lobo se acercó a ella y le lamió la herida de la mejilla producida por el puñetazo. Basoa metió las manos en el pelaje del cuello del animal y arrimó la cara a su hocico.</p>
<p style="text-align: justify;">—Mi niña —susurró.</p>
<p style="text-align: justify;">Los soldados, aterrorizados, se refugiaron tras unos árboles. Desde allí vieron cómo la vieja se levantaba, ordenaba al lobo tumbarse y cargaba en su lomo el cadáver de la mujer. La anciana agarró el cuerpo desnudo y caminó junto al lobo en dirección al bosque. Antes de desaparecer entre los árboles la vieja bruja se volvió y gritó a los soldados con voz potente y llena de furia.</p>
<p style="text-align: justify;">—¡No os creerán! Nadie cree a unos borrachos. Pero vigilad vuestros sueños. Puede que algún día os visitemos.</p>
<p style="text-align: justify;">El barbudo sintió que le flaqueaban las piernas. No pudo contenerse y vació sus intestinos en los pantalones. Su compañero cayó de rodillas y vomitó vino y bilis en la hojarasca.</p>
<p style="text-align: justify;">El inquisidor Juan Valle Alvarado tuvo noticias de lo ocurrido. Castigó duramente a los que huyeron e interrogó, no con menos dureza, a los otros dos. Consideró que el vino, junto a los hechos extraños que estaban ocurriendo en la zona, habían enturbiado la razón de los hombres. Despachó el asunto con premura ya que tenía trabajo que hacer. Muchos eran los interrogatorios pendientes y quería acabar cuanto antes para llevar a los condenados al tribunal de Logroño.</p>
<p style="text-align: justify;">Meses más tarde un pastor de la zona vio a un lobo enterrar en el bosque el cadáver de una lechuza. No le dio importancia; pensó que guardaba la lechuza para comérsela cuando escasease la caza. Lo que le extrañó, e hizo que se santiguase repetidas veces, fue ver al lobo arrancar un manojo de ortigas y dejarlas sobre la tierra recién removida.</p>
<ol class="footnotes"><li id="footnote_0_1705" class="footnote">Abuela en vascuence</li></ol>

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		<title>Furia de Titanes</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Jun 2010 12:01:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Káralan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Películas]]></category>

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		<description><![CDATA[Una película sobre ¿mitología griega?, por Kátida Qué puedo decir, me ganaron los efectos especiales del tráiler, y fui a verla en cuanto salió. Por suerte tuve la sangre fría de informarme antes de que no merecía la pena pagar los tres euros más por el 3D y me ahorré los mareos y los planos [...]


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			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Una película sobre ¿mitología griega?,</em> por Kátida</p>
<p style="text-align: justify"><a href="http://www.sikoydenee.com/wp-content/uploads/2010/06/furia_de_titanes4.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-1723" src="http://www.sikoydenee.com/wp-content/uploads/2010/06/furia_de_titanes4-223x300.jpg" alt="" width="223" height="300" /></a>Qué puedo decir, me ganaron los efectos especiales del tráiler, y fui a verla en cuanto salió.  Por suerte tuve la sangre fría de informarme antes de que no merecía la pena pagar los tres euros más por el 3D y me ahorré los mareos y los planos superpuestos de libro de recortables.  Lo de que no me libré fue de aguantar dos horas  de una película muy mala.<br />
Voy a evitar irme a comparaciones con la de 1981, y asimismo dejo de lado el intentar encontrar cualquier clase de parecido con la mitología griega. Podemos resumir en que tenían que poner un nombre a los personajes y han decidido sortearlos entre los dioses y los semidioses clásicos. Si la historia se parecía un poco, bien; si no se parecía, ya se inventaban algo. A veces ni en eso se molestaban.<br />
La historia de Perseo que plantean no se parece en nada a la original. Partimos del cliché del héroe vengando a su familia, que podríamos incluso pasar por alto si los quince primeros minutos en los que nos presentan a los familiares fueran algo más que personajes planos y diálogos resabidos. La poca emoción del momento (y la actuación de Sam Worthington no contribuye a mejorarla), el no transmitir absolutamente nada, hace que la base de la película se tambalee desde el principio. El desarrollo consigue que nos olvidemos del motivo que mueve a Perseo, pues acaban dando más importancia a muchos otros: la salvación de Argos, el sacrificio de Andrómeda, el modo de vencer al Krakken, que llevo todo, por supuesto, a la búsqueda de la Medusa.<br />
Es triste ver como actores como Liam Neeson o Ralph Fiennes quedan deslucidos por un guión tan poco trabajado, doblajes extraños y armaduras excesivamente plateadas. Todo ello consigue sacarte de la película (si es que alguna vez conseguiste meterte) y mirar la pantalla con cara de incredulidad. En ningún momento se molestan en desarrollar los personajes masculinos, que muchas veces no sabes ni de dónde salen, y ni hablemos de los femeninos. Andrómeda podría ser la encarnación del altruismo y el sacrificio, un “personaje excusa” que en ningún momento aporta nada más que razones para que pueda haber más peleas. A Ío he preferido dejarla para el final porque con este personaje me pasa algo curioso: por mucho que le doy vueltas, no consigo explicar su presencia en la película. No tiene ninguna relación con la trama, no tiene ninguna relación con Perseo que se molesten en contarnos… y, sin embargo, le vigila desde que nació y le sigue cuando ya es adulto. Aprovechan el personaje, eso sí, para explicar al espectador los detalles de la mitología que se han inventado,  y cumple el papel de la mujer que tiene que ser salvada por el héroe y de la cual éste se enamora. El final que le han dado no lo reventaré por si a alguien le quedan ganas de ver la película, pero probablemente sea lo más tópico que he visto en mucho tiempo.<br />
Creo que nadie que vaya al cine a ver una película de este estilo espera algo más que luchas, efectos especiales buenos y pasar un rato entretenido. Yo no esperaba otra cosa, pero hasta se hace pesada. Las peleas son pocas y demasiado largas, contra monstruos que parecen sacados de los escenarios de otras películas. Los paisajes otro tanto de lo mismo. Igual que hay otras películas (Avatar, por citar el ejemplo más cercano  y más exagerado) que merecen ser vistas por su calidad visual, a pesar de tener un guión simple y conocido, éste no es el caso de Furia de Titanes. En ningún momento conseguí quitarme de encima la sensación de que me estaban tomando el pelo.</p>


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