Sangre en aguas oscuras, por Gatael.

El agua oscura rodea el barco. En la orilla, los árboles extienden sus ramas como fantasmas sin prisa, la humedad impregna los cuerpos y se introduce por la boca, dejando un regusto putrefacto y cálido. Malsano.

De puertas adentro, El Sueño del Fevre es un barco lujoso que desliza sus porcelanas y lámparas rutilantes por el río, siempre acompañado del sonido de su gran pala, que bate el agua incansable.

En sus espejos se multiplican hasta el infinito aquellos privilegiados que han podido pagarse un pasaje. Las telas multicolores, las joyas y los elaborados peinados fijan sus imágenes con la cadencia del río. Bellas mujeres y hombres importantes que exhiben su poder y su seducción sin saber que, entre ellos, hay quien los ve como una fuente de alimentación segura, igual que a un rebaño de ovejas en el umbral del matadero.

En esta novela, Martin vuelve a demostrar que puede conseguir de ti la atracción y rechazo hacia sus personajes al manejar, como el mejor de los constructores, la cal y la arena. Sabe cómo mostrar facetas de los protagonistas y consigue atraparte con su humanidad, en todo lo divino e infernal que ésta conlleva.

El libro es una historia de vampiros en el bien escogido marco del Mississipi. Es fácil imaginarse todo tipo de cosas sórdidas en el escenario de un río enorme, lleno de recovecos oscuros amparados por una vegetación creada para ocultar. En ella, la desesperanza del esclavo ante su destino se vuelve todavía más dura cuando se convierte en terror.

En el Mississipi nadie se salva: señores y esclavos son tomados para el sacrificio como bocados dignos de degustar de forma obscena y cruel.

Dos razas opuestas, dos protagonistas que las representan; en este libro se describe la más difícil de las amistades: entre verdugo y víctima.

Abner Marsh es uno de esos personajes poco atractivos de Martin que se acaban convirtiendo en representantes de virtudes tan obsoletas como el amor propio. En principio no te gusta, incluso te repele (el autor se preocupa de que sea así), pero acabas con la necesidad de adoptarlo para tenerlo cerca.

Joshua York tiene extrañas costumbres nocturnas y representa a una raza sin el mínimo sentimiento humano. Aún así, consigues estar de su parte, acabas humanizándolo y se convierte en un puente entre el bien y el mal; un puente nada sólido, pero tenaz.

Quizás la figura más impresionante sea la del mal, encarnada en Julian. Este personaje es el mal puro, sin florituras, aunque al principio parezca que las tiene todas. Su frialdad cala hasta los huesos entremezclada con las miasmas del río, presentes en toda la novela.

Un frío distinto es el de Billy Vinagre, un personaje importante en la novela pero que no crea conflicto con el lector. Es lo que es: entre él y Julián representan al río y todo lo que tiene de putrefacto e indiferente hacia la especie humana y sus esperanzas.

En definitiva, es una historia de supervivencia de razas, de amistades y de sueños.

Eso sí, al principio el autor demuestra todo lo que sabe de la navegación por los grandes ríos. Describe demasiado bien, para cualquiera que no esté interesado en tan peregrino tema, todo lo que envuelve a los barcos de vapor y su funcionamiento. Vale la pena aguantar aunque se haga pesado, porque no te defrauda. Cuando retoma la acción vuelve a manejarte a su antojo, como si fueses una hoja de otoño que se desliza por las oscuras aguas de un río.

Por último, no puedo dejar de reseñar que quedé gratamente sorprendida al comprobar que la escritora de la saga “Crepúsculo” había leído algo más que el listín de teléfonos de su pueblo. En esta novela se ve la copia directa de varias características de sus vampiros (tranquilos, para Martin no brillan). Eso sí, no hablo de alusiones, directamente son calcadas; es comprensible, para evitar errores copia a un maestro.

Sueño del Fevre
Geroge R.R. Martin

Para comprarlo,   Casa del Libro

Los monstruos que pasean por Bristol (y pagan el alquiler), por Capitana B. Retta

Es muy probable que cualquier comentario sobre Being Human comience como si fuera un chiste. “Esto son un hombre lobo, un vampiro y una fantasma que se van a vivir juntos y…”. No es que esa sea la premisa exacta, y es una presentación repetida hasta la saciedad, pero es como se da a conocer la serie.

En el boom de los vampiros y los hombres lobos idealizados, bronceados y brillantes, encontramos esta serie de la BBC que le da otra vuelta de tuerca a estas sociedades sobrenaturales.

El piloto original de Being Human se emitió hace tres años y estuvo protagonizado por Andrea Riseborough (Devil’s Whore), Guy Flanagan (Party Animals) y Russell Tovey (The History Boys). Más tarde este piloto sería aprobado, el reparto reelegido en su práctica totalidad y la idea derivaría en lo que hoy es esta serie.

Como hemos dicho, la premisa es muy simple. George, hombre lobo; Mitchell, un vampiro; y Annie, una fantasma, comparten casa. La cosa no se detiene ahí. Se las arreglan para armonizar la fantasía con un humor negro muy británico que brilla sobre todo en las escenas centradas en la convivencia, aportando un nuevo punto de vista sobre estas subculturas sobrenaturales.

En principio, el enfoque de la serie es ligeramente distinto al del piloto original. El personaje de Mitchell, interpretado ahora por Aiden Turner, se aleja de la idea de vampiro cínico, misterioso y con clase que desarrollaron. La serie introduce a la comunidad vampírica como algo cercano, que se infiltra en nuestra sociedad sin que seamos capaces de verlo. Hacen también una metáfora interesante entre la adicción a sustancias ilegales y a la sangre, concepto no demasiado original, pero que manejan bien durante toda la serie, tanto a nivel de personajes individuales como de los vampiros como cultura. El resto no varía apenas. George trata de compaginar su maldición con una vida normal, manteniendo su trabajo e incluso buscando iniciar una relación amorosa. Annie (ahora Lenora Crichlow) comienza a investigar sobre las causas de su muerte y la razón que la retiene en el plano terrenal.

Como en tantas otras series británicas, el éxito no radica en los efectos especiales o en un gran presupuesto, sino en un guión excelente y un buen manejo de las historias que proponen.

La primera temporada de Being Human se compone de seis capítulos que, en mi opinión, consiguen un buen balance de drama y comedia, tramas interesantes y personajes redondos con los que empatizar. Sin embargo es en la segunda temporada, aún en curso, cuando considero que por fin comienza a dar muestras de una identidad propia mucho más marcada.

La primera temporada es simple, en el sentido de que hay bandos muy bien diferenciados. Sabemos quiénes son los personajes a los que tenemos que querer y los personajes a los que tenemos que odiar. En la segunda temporada esa línea se emborrona. Los “buenos” hacen cosas despreciables, los “malos” son carismáticos, con momentos de debilidad y momentos de humanidad. Destacan sobre todo personajes secundarios, que dan a la serie un gran número de matices e indican que las cosas no son tan sencillas como buenos y malos (ni siquiera como monstruos y humanos).

En cuanto al reparto, he de admitir que después de los cambios de actores adentrarse en la serie me resultó un poco difícil. La concepción de Mitchell como personaje cambia drásticamente de la interpretación original (por parte de Guy Flanagan) al Mitchell de la serie actual (Aidan Turner). El actor del piloto resulta ser mucho más versátil y sutil. El nuevo Mitchell, sin embargo, es un personaje más cercano, y, aunque en cuanto a actuación el actor no parezca jugar en la misma liga que su predecesor, su interpretación no es para nada desdeñable. Algo similar ocurre con Lenora Crichlow, la actriz que interpreta a Annie en la serie, y Andrea Riseborough, la que la interpretó en el piloto original. Aunque en este caso las diferencias son menos notables puesto que el personaje no es modificado en demasía.

En definitiva, una serie de gran calidad que no os quitará demasiado tiempo en vuestras ajetreadas vidas. Seis episodios de una primera temporada que resulta ligera y asienta las bases de algo con mucho más potencial. Ocho episodios de una segunda temporada aún por terminar; más compleja y desde luego mucho más oscura. Y por último, una tercera temporada encargada para el 2011, por lo cual, si sigue por este camino, doy gracias.

Página oficial de Being human

Piel de barro

Escrito por Carmen Pombero

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Te echaba tanto de menos… Nuestra cama se me hizo inmensa nada más irte. Las mañanas se volvieron vacías y las noches demasiado abarrotadas de recuerdos y tristezas; comer se me hacía tan silencioso que la soledad rasgaba mi filete desangelado, almuerzo tras almuerzo, hasta que ya no pude más. Y lo hice. Te rescaté de tu lecho de fango y, al igual que modeló Yahvé Dios al hombre de la arcilla, reuní uno a uno tus huesos como si recolectase fruta, con cariño, con ternura, para amasarte de nuevo. Pero tú, mi amor, no volviste a la vida. Ni cuando te pinté los ojos de azul marino y los coloretes escarlata; ni cuando te besé en los labios de barro y te vestí la cabeza desnuda con tu sombrero favorito. Hasta esta noche, cariño mío, que he sentido tus pies fríos bajo las sábanas y entonces, mi vida, he sabido que habías vuelto… Te he mirado, aún sin poder creer que mi sueño se hubiese cumplido y con tu sonrisa, esa que me regalabas cada mañana, me has dicho: “Si, mi amor, ya estamos juntos de nuevo”.

Ya ha salido la lista de los candidatos para el III Premio Internacional de las Editoriales Electrónicas.

La lista la podéis consultar en el siguiente enlace: http://premiointernacional.blogspot.com

Cuando se den a conocer los ganadores, nos haremos eco de la noticia.

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