Personajes y tramas

Con pelo azul y cuerpo de infarto marcado con ajustadísimo mono de color naranja, la comandante Ais tiene como prioridad su deber para con la misión. No sólo es guapa, sino más lista que el hambre y valiente como ella sola. Sus tres ayudantes son: el guapo y rubio Chat, su incondicional seguidor; el buenorro aunque entradito en años Roub; y el biólogo (¿?) Zan. Como estamos en plena liberación femenina (1978), Ais es muy independiente… Pero el puntito de mujer objeto sexual no lo ha perdido y al ser la única fémina de la misión, se la rifan. Unos en plan romántico y otros perdiendo las formas completamente.

Roub convence a unos pocos para sublevarse y quedarse en el planeta, de camino violando a alguna que otra primate. Ais y Chat acaban con la insurrección y Roub muere mordido por una serpiente.

El primer experimento en los Andes resulta infructuoso. Zan, el científico que lo mismo sabe de moléculas que de motores, aún no ha perfeccionado la técnica de la mutación. Además, una erupción volcánica acaba con el chiringuito de primates mutantes. Suerte que nos dejan como recuerdo los geoglifos de Nazca.

Van a la Atlántida y se encuentran con la tripulación de la segunda nave gravemente enferma. No tardan en sospechar que el mal ha sido provocado por el científico de esa expedición, Satham: no sólo está envenenando a los humanoides, además tiene secuestrada la tercera nave y ha creado monstruos asesinos a partir de sus experimentos para adueñarse del planeta azul. Liberados unos y castigados otros, Zan consigue, por primera vez, que una pareja de sus primates mutantes sobreviva (el resto se matan unos a otros a garrotazos, que se ve que les gusta).

Rhama, el comandante de la tercera expedición y otro rubio cañón, le tira los tejos a Ais y esta vez la mujer se rinde. Pero el guapo Rhama muere al tratar de salvar a la pareja de primates de los insectoides, unos extraterrestres con forma de insectos gigantes que han acampado en la India y vienen a llevarse toda la clorofila de la Tierra (¿?). Para acabar con ellos, les sigue hasta la Luna, donde los insectoides se refugian con perversos planes y los aniquila muriendo él en la misión.

Satham, al que dábamos por muerto, ataca la Atlántida con sus Titanes (unas mutaciones que le han quedado de la talla XXL). Zan y Ais se ven obligados a regresar. Allí dejaron a la pareja de primates, Adán y Eva, a cargo de Chat y de Ness, un piloto guaperas. Y aquí viene lo bueno: cuando Zan y Ais llegan a la Atlántida, la pareja de primates no sólo ha procreado a lo bestia, sino que han construido una ciudad y una civilización completa (la de la mítica Atlántida). Además, ya no tienen aspecto de simios sino de indios (¿?).

El guionista te lo explica en una frase y se queda tan pancho: el tiempo no pasa de la misma manera para los primates que para los delanos. Ahí queda eso.

Satham consigue atemorizar a los mutantes con sus Titanes e instala la semilla del mal en el planeta azul. Esto explica el nombre del personaje, por si alguien aún no había atado cabos.

El Gran Cerebro (al que hasta entonces yo creía muerto) decide acabar con el experimento, considerando que le ha salido mal porque los mutantes son muy manipulables. Ordena hundir la Atlántida, pero Ais les ha cogido cariño a sus criaturas y, por primera vez, no acata las órdenes. Chat le muestra su apoyo y, de paso, vuelve a confesarle su amor. Ais, que ha pasado rapidito el duelo por Rhama, le dice que sí…

El Gran Cerebro, mosqueado porque no quieren obedecer sus órdenes, manda llamar a Chat y a Ais para que expliquen los motivos de su desobediencia. Ya en Delos, el Gran Cerebro se expresa a través de un ojo enorme capaz de aparecer de pronto en cualquier pared como si de un Gran Hermano se tratase. Decide que lo mejor es acabar con la misión y ordena el hundimiento de la Atlántida sin que Ais pueda hacer nada. La cosa llegará a ser de tal magnitud, que los mutantes se quedarán marcados para toda la vida y temerán a los dioses (es decir, a esos que llegaron del cielo) para siempre.

Chat muere en Delos. Ais sufre muchísimo, pero no pasa nada, porque Ness, el piloto guaperas, se le declara nada más llegar de nuevo a la Tierra. Aunque también muere, así que más les vale a los delanos no acercarse a esta mujer que tiene mal fario. Mientras, algunos humanos a los que Zan les explicó nociones básicas de aeronáutica, se construyen un arca y salieron de la isla ilesos para procrearse por el mundo a pasos agigantados.

Como Satham se ha propuesto transformar la Tierra en un infierno, le van saliendo colaboradores. Azazel instruye a los mutantes en la lucha, los celos, el odio, la discordia, los juegos de azar y las orgías, casi nada. Y Thamiel, una pelirroja de Dalmacia, es experta en lucha y tentaciones varias. Consiguen hacerse con las ciudades de Sodoma y Gomorra hasta que un meteorito acaba con ellas.

En Delos la cosa tan poco está muy fina. Unos robots con pinta de arenques están sustituyendo poco a poco a los delanos. Además, como la raza se extingue, ha dado comienzo la clonación a partir de óvulos que, por cierto, nadie dona, de manera que no se de dónde los sacan. Así es como Ais conoce a su hija a imagen y semejanza, Aistar, quien a partir de ahora la sustituirá. Su hija está destinada a correr la misma suerte que su madre: la de sex-symbol.

En la Tierra, los herederos de Adán y Eva se van emparentando con la tradición judeo-cristiana. Enoch ayuda a los delanos en la Atlántida; Noé sale ileso de la isla en un arca; Lot sobrevive a la destrucción de Sodoma y Gomorra… Y al fin, Moisés libera a los mutantes más desarrollados de las garras de Satham, que se ha hecho con el poder en Egipto, para formar una civilización en condiciones, mientras los delanos prometen regresar.

Conclusiones

No cabe duda, por el tono de esta reseña, que me eché unas buenas risas leyendo el cómic. Malo es, no lo voy a negar. La mala traducción de un guión más que flojo, donde las explicaciones están cogidas con pinzas y la tensión dramática nunca llega a producirse parece ser una mera excusa para desarrollar en viñetas las teorías de Von Däniken.

A mi, el punto de partida me resulta curioso: somos un experimento alienígena que salió mal. Las vueltas de tuerca que le dan a la trama para demostrar que los extraterrestres estaban detrás de nuestra historia pasada son geniales por lo inverosímiles. El tonteo que se traen unos y otros con Ais es desternillante. Y el personaje de Satham me pareció muy logrado.

Por otro lado, a mi la estética de la época me gusta. Tanto tipazo y tanta posturita sexy alegra la vista. Bromas aparte, las viñetas están cuidadas al detalle y hay auténticos planos de cine en muchas de ellas, además de una buena puesta en escena en las de más acción.

Es un cómic para pasar el rato.

Bogusław Polch , ilustrador

Nacido en 1941. Es un artista e ilustrador de novela gráficas polaco. Renunció a sus estudios de arte e hizo su debut a los 17 años en el mundo del cómic. En 1999-2000 fue director de la revista KRONE. Entre otras, ha ilustrado las primeras seis novelas gráficas escritas por Andrzej Sapkowski y Maciej Parowski: Wiedźmin (The Witcher). También se ocupa de la creación y producción de gráfica publicitaria e ilustraciones de libros y de storyboard.

Los lectores y colegas le consideran un experto en los detalles, aunque estos no sean visibles para el lector. Sin embargo, en su última etapa trata de salirse de tanto perfeccionismo. En 2009 fue galardonado con la Medalla de Bronce “Gloria Artis”.

Arnold Mostowicz , guionista 

Nació el 6 de abril de 1914 en Lodz y falleció el 3 de febrero 2002 en Varsovia. Escritor polaco, periodista, médico y divulgador de la ciencia. De origen judío, estudió medicina en Toulouse. Regresó a Polonia poco antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial. Después de ganar la capital los nazis fue llevado a un gueto donde ejerció como médico. Tras la guerra no volvió a la medicina y se dedicó a escribir libros de divulgación científica (biología y OVNI) y a presidir diferentes asociaciones anti holocausto, lo que le valió el reconocimiento mundial.

Fue redactor jefe de Gazeta Krakowska, de la que fue expulsado en 1968 como resultado de la campaña antisemita. En los años 70 y 80 se centró en los cómics basados en la hipótesis de Erich von Däniken, de la que era seguidor.

Las imágenes de este artículo han sido obtenidas de la Website de Erich von Däniken, mercadolibre.com.ar, universal-comics.com y todocoleccion.net.

La información sobrer los creadores ha sido obtenida de Wikipedia y de la web de Erich von Däniken. 

Mitología y fantasía nuestras, por Mir.

Quien piense que la literatura juvenil es una literatura «de inferior calidad»; quien esté convencido de que no se escribe buena fantasía épica dentro de nuestras fronteras o de que esta debe estar basada en las grandes mitologías nórdicas, bien puede asomarse a la trilogía O Brindo de ouro (El Brindo de oro), de Xesús Manuel Marcos, de la cual han sido publicados los dos primeros títulos: A chamada do Brindo y A Táboa da Hospitalidade.

Estamos en la época de los celtas, un tiempo en que las Brujas aún echan maldiciones; las Xidas guardan los nombres y los secretos de la naturaleza, guiando con su sabiduría a los guerreros de las aldeas arxinas de las Tierras Altas; los orives forjan objetos mágicos; y la tierra, compuesta de bosques neblinosos, ríos de corrientes arrolladoras e imponentes montañas, alberga a multitud de seres mágicos en lugares remotos. Una tierra que, descrita con gran belleza y maestría, se convierte, lejos de en mero escenario, en un personaje más —casi diríase en protagonista— de la narración: un entorno tan real y tan fantástico como lo son las regiones gallegas en las que el autor se inspira y las cuales reinventa, en parte gracias a nombres poéticos y sugerentes. Así como reinventa sus seres míticos.

El Brindo, el objeto mágico clave de la trilogía, es un cuerno de oro cuya llamada despierta el valor de los guerreros del pueblo arxina, sometidos desde hace siglos a la maldición de la Bruja de los Broncedos.

A pesar del tiempo transcurrido desde la publicación de A chamada do Brindo, el autor se esfuerza por que recordemos —quienes ya la habíamos leído la primera entrega— y —todos, la conozcamos o no— nos metamos en la historia. El invierno se acerca y promete ser tan duro como el anterior, pues el pueblo arxina aún se está recuperando de la terrible batalla de la Mina de la Toca. Una misteriosa partida de guerreros ha atacado a unos pastores de la aldea de Mogoxe, matándolos o haciéndolos prisioneros y dispersando su ganado. ¿Quiénes son y de dónde han venido? ¿Por qué Selmo, el Guardián del Brindo, no los vio llegar desde la cima del pico de Brío y sopló el cuerno de oro para avisar del peligro? Los habitantes de las aldeas murmuran contra él y desconfían de su juventud. Entretanto, las Xidas —las sabias hechiceras que guían a los arxinas— han conseguido escapar de las mazmorras de la Bruja de los Broncedos y regresan a las aldeas.

Una noche, Toimil, su amigo y compañero alobri de la anterior aventura, llega malherido a la palloza de Selmo y le cuenta una historia inquietante acerca de su difunto padre, el que fuera Guardián antes que él y que dio su vida por salvar la de Selmo. ¿O no?

Tanto como almacenar leña y comida y reconstruir las aldeas para pasar el invierno, urge encontrar nueva mina, para lo cual es imprescindible la presencia de una Xida, de un orive y la del Guardián del Brindo. Selmo —acompañado de Lombán, su lobo albino—, Toimil, la Xida Valiña da Osa y el orive Rendar emprenderán un viaje con este fin, viaje que los llevará a las entrañas de la tierra. Pero en su misión se ocultan mil peligros, y no todos proceden de la malvada Bruja de los Broncedos y sus guerreros del Sur; algunos están más cerca de lo que ellos sospechan…

Como en todo buen relato épico, encontrarán en su camino objetos mágicos y compañeros sabios que los ayuden. Poco a poco, todas las piezas irán encajando…

No faltan, como era de esperar en toda historia épica —fantástica o real—, reyes, batallas, alianzas y traiciones, así como los valores clásicos de la lealtad y de la amistad.

Y, de fondo, en la memoria del joven Selmo, los ojos azules de la hermosa Candela de Abellonenia…

En resumen, una lectura altamente recomendable, no solo para jóvenes. De gran belleza literaria y riqueza de vocabulario, donde se mezclan tradición y fantasía. Recuerda lejanamente a El señor de los anillos y a otras narraciones similares, que resultan entretenidas y sugerentes, aunque quizás pequen de un cierto exceso de acumulación de elementos fantásticos.

Me refiero a un defecto que algunos autores suelen achacar a las obras de fantasía épica, aun a las de mayor calidad: el hecho de que a lo largo de la historia se vayan sucediendo aventuras, acciones y batallas, alternadas con la aparición de multitud de objetos y seres mágicos, de modo que el lector tiene la sensación de que suceden muchas cosas, a veces demasiado deprisa, mientras que el narrador olvida mostrarle el mundo emocional de los personajes, lo que provoca que le resulte difícil identificarse con ellos. Queremos sentir el miedo, el amor, la lealtad, el odio… no solo que nos lo cuenten.

No obstante, esto sucede, en mayor o menor medida, en todos los relatos épicos: cantares de gesta, cuentos tradicionales, películas y comics de acción…

Lo mismo podríamos decir de las sagas. Desde siempre ha sido costumbre suspender la historia, dejando a los héroes en una situación comprometida —y desesperando, por supuesto, a los oyentes-lectores—: cantares de gesta, romances, folletines, novelas por entregas, seriales radiofónicos y televisivos, cómics…  han seguido y siguen esta fórmula de éxito. Pero cuando sabemos que tendremos que esperar unos cuantos años para conocer el desenlace, nosotros, los pobres lectores, gritamos: ¡No hay derecho!.

Desafortunadamente, A Táboa da Hospitalidade aún no ha sido traducida al español, así que os dejamos el enlace al primer volumen: A chamada do Brindo.

El Brindo de oro
Xesús Manuel Marcos

Para comprarlo,   Casa del Libro

Aunque si os atrevéis con el gallego, también podéis adquirirlo:

A Táboa da Hospitalidade
Xesús Manuel Marcos

  • Editorial: Xerais
  • Año de publicación: 2009
  • Páginas: 416
  • Formato: Tapa blanda
  • ISBN: 9788499140643

Para comprarlo,   Casa del Libro

Un botellín, por favor, por Káralan

¿Cuántas series te han sorprendido? ¿Cuántas podrían hacerlo con un argumento tan trillado que es imposible salir a la calle sin topárselo en un kiosco o en el escaparate de una librería?

Chica conoce vampiro, vampiro conoce chica. Vampiro y chica sufren mil dificultades por culpa de sus diferencias. Chica y vampiro se reconcilian y son felices por toda la eternidad… ¿De verdad no te suena? La historia está tan explotada, que las editoriales intentan renovarla con licántropos suaves y zombis perfumados, pero el problema no es la forma, sino el fondo. Cambian los bichejos, pero la historia sigue siendo Romeo y Julieta.

El éxito de True Blood, que parte de un original literario que aporta como diferencia el humor y tramas detectivescas (Harris también escribe policiaco), hay que agradecérselo a un guión que aprovecha lo mejor de las novelas, dándoles un giro dramático sin prescindir del tono divertido, y a una elección de reparto muy afortunada. La ambientación sureña y una dirección austera, que se basa en la calidad y no en el presupuesto, junto a la música de Nathan Barr (hay piezas preciosas en las que una guitarra acústica y un cello te transportan a otro tiempo con melodías tan sencillas como prodigiosas), terminan por convertir True Blood en una de las mejores series de televisión que se han emitid… un momento… ¿Qué me está pasando?

Éste no soy yo… esperad que abra una botella de True Blood… glubglubglub… Vale…

Ahora vamos a hablar de lo que realmente a todos, hombres y mujeres, nos preocupa:

¿Está Anna Paquin lo bastante buena para el papel?

¿Resulta creíble la fascinación que despierta en Bill, Sam, Eric y varios seres sobrenaturales más? No creo que ninguna mujer ponga en duda el atractivo de los varones antes mencionados, pero el de Sookie no está del todo claro… de acuerdo que es un encanto de chavala, pero… ¿Lo suficiente como para enamorar perdidamente a un vampiro de casi doscientos años, que a diferencia de Edward, no tiene las hormonas alteradas por una adolescencia perpetua?

Queda abierto el debate… Y ahora, para no seguir dispersándome, vuelvo con la serie, destacando (la culpa es del True Blood) la belleza de las escenas eróticas, algunas de las cuales llegan a emocionar, y de las ensoñaciones de V de Amy y Jason durante la primera temporada.

También dignas de mención, las alusiones a la integración (racial, sexual) que se hacen sin caer en la demagogia (el personaje de Lafayette, impagable) y de paso a la religión, la política, la violencia… sin dejar de lado la fascinación humana por lo prohibido.

Para quien no la conozca (alguno habrá) True Blood cuenta la historia de una camarera llamada Sookie Stackhouse, que por culpa de su telepatía (a quien no le ha pasado) es incapaz de mantener una relación durante mucho tiempo. La acción transcurre en un pueblo sureño llamado Bon Temps, en un presente alternativo en el cual y gracias a la invención de una sangre sintética casi similar a la humana, se ha producido una masiva “salida del ataúd” de la población vampírica, que ahora lucha por su lugar en la sociedad. Sin embargo, hay un número considerable de ellos que no se adaptan a los nuevos tiempos y siguen considerando a los humanos como simple alimento y objeto de diversión. El enfrentamiento entre ambos grupos (vampiros y humanos que no se toleran entre sí) hará que la sociedad se desprenda poco a poco de su apariencia civilizada, para mostrar un rostro más salvaje e inquietante.

En medio de este caos, Sookie conoce a Bill Compton, un vampiro a quien no puede leer el pensamiento y que desea integrarse en la comunidad. En el vampiro Bill, Sookie encontrará por fin a su media naranja y éste en Sookie, la paz y la inocencia perdidas.

Aquí es donde Capuletos y Montescos entran en juego. Ni los vampiros ni los humanos que forman el entorno de ambos, ven con buenos ojos la unión. Y para colmo, otras razas de noche (con el permiso de Clive Barker) están a punto de seguir el ejemplo de los vampiros y abandonar respectivamente armarios, bosques y perreras para dar la cara.

El título de la serie, True Blood, hace referencia a la marca de sangre sintética que los bares a favor de la integración sirven (a temperatura humana) a la población vampírica. Como contrapartida, un nuevo producto gozará de gran éxito entre la humana… El “V”, sangre de vampiro con efectos afrodisíacos y lisérgicos, que provocará una revolución entre los traficantes y hará que los cazadores se conviertan en presas.

Lo que ahora hace falta, es que el productor Alan Ball sepa cuándo es el momento de dejar de chupar de la idea, para que no le ocurra lo mismo que a la autora de los libros, Charlaine Harris, que alargó la serie (y nos hizo cogerle tirria a la palabra ”muerto” a unos cuantos) hasta convertirla en un Falcon Crest vampírico (para los humanos que no entendáis la referencia, se trata de un culebrón del siglo XX al que estuve tan enganchado como vosotros al V) enredado, repetitivo y muy aburrido. En fin, ya está aquí la tercera temporada…

Yo necesito mi dosis ¿y vosotros?

Verónica era una mujer modelo RE del año 2223. Sus padres habían elegido la modalidad Rubia Estupenda para las tres hijas que habían encargado.

Ella era feliz, pero había algo que enturbiaba su vida. Su total falta de celos era motivo de constantes peleas con su novio.

La joven no entendía por qué tenía que hacer algo tan imposible para ella como montar en cólera cuando él se besaba apasionadamente con otra mujer. Se le veía tan satisfecho, que lo pasaba tan bien, que Verónica solo podía alegrarse por él cada vez que le encontraba en la cama con otra.

Ahora quería darle una sorpresa, y por eso llevaba varios meses ahorrando. Por fin tenía el dinero para que le realizaran una operación de psicoestética.

Había dado muchas vueltas a las clínicas que se anunciaban, y prefería pagar una de fiar, que acabar como algunas personas que salían en los programas de la tele.

En la recepción del centro que había escogido, una mujer joven, modelo Pelirroja Fogosa, se limaba las uñas y le sonreía con unos ojos verdes chisporroteantes. Las paredes blancas y el intenso olor a limpio la relajaron al instante.

─Tengo hora a las doce para un aumento de los celos…

La pelirroja comprobó sus datos en una pantalla virtual.

─Siéntate, no tardarás en entrar.

─¿Qué es ese jaleo?

Verónica tuvo que levantar la voz para hacerse oír por encima del barullo formado en una salita adyacente.

─Son los estudiantes de derecho. Arman más barullo que los de Ciencias Políticas o, desde luego, que los que se van a dedicar a la Banca.

─¿Vienen todos juntos?

La recepcionista puso cara de fastidio.

─Es que hemos lanzado una oferta a grupos para operarse de la sinceridad… ¡Chicos, por favor, que no estáis solos!

El jolgorio disminuyó al instante.

Verónica sonrió. Aquello la convencía de que hacía bien escogiendo aquella clínica. Tantos estudiantes, tan inteligentes, no podían equivocarse.

Al momento sonó un pitido y la recepcionista le indicó en qué despacho la iban a atender. Ella entró con ilusión y recelo.

En la consulta, una mujer RE como ella la recibió con un caluroso apretón de manos. Después, le indicó con un ademán que ocupase un sillón de piel, mientras ella se mantenía en pie y ajustaba unos gráficos en el espacio ante sí.

─Verónica. Vienes por un aumento de celos, ¿verdad?

Asintió sin saber qué más decir. La doctora volvió a tomar la palabra.

─¿Nunca has sentido celos?

─Creo que no…

─¿Hermanos…?

─Dos hermanas, más pequeñas que yo.

Su respuesta fue anotada en el aire con una luz a modo de lápiz.

─¿Qué sentiste cuando nacieron?

Verónica tardó un poco en responder, mientras recordaba, luego se encogió de hombros.

─Alegría, eran muy monas.

El interrogatorio continuó:

─¿Palpitaciones, dolor de estómago, ganas de llorar, de pegarles?

─¡No! ¿Por qué? Me gustaba cuidarlas. Entendía que quisieran mis muñecas, eran preciosas.

Unos datos fueron añadidos a las notas:

─¿Tienes novio?

La miró algo abatida.

─Si, Daniel. Él es el motivo de que esté aquí, le molesta mi falta de celos, le gustan las mujeres posesivas, con más… ya me entiende.

─¿Te ha dado motivos?

─¿Como cuál?

La doctora se apresuró a enumerar:

─Atenciones a otras mujeres, relaciones fuera de la pareja…

Verónica reconoció con énfasis.

─Ya lo creo, un montón, por eso está enfadado conmigo, porque no me molesta nada, ni un poquito siquiera.

La médica hizo desaparecer el archivo delante de sus ojos y se sentó en otro sillón de piel frente a la paciente. Le dedicó una sonrisa profesional y pasó a explicarle.

─Verás, cuando introducimos un rasgo totalmente nuevo en la personalidad de alguien, no tenemos manera de saber con antelación qué cantidad de esa característica será absorbida por el cerebro. ─Ella permaneció atenta a la explicación─. También debo advertirte que hay algunos rasgos de carácter que se asocian a los celos y que pueden hacer su aparición en cuanto te los implantemos. ─Ahora los ojos de la paciente mostraban un interrogante que la doctora se apresuró a disipar─: Quiero decir que no solo sentirás celos, sino también rabia, impotencia, pasión irracional e incluso, sobre todo al principio, ganas de llorar muy frecuentes. Esto último desaparecerá con el tiempo, a medida que crezca tu autodominio.

─No me gustaría cambiar toda mi personalidad, solo quiero sentir unos pocos celos… tener más pasión.

─Parece que tu cerebro es virgen en cuanto a ese sentimiento. Como te he dicho, no podemos saber el alcance que tendrá su implantación. Es posible, incluso, que el efecto sea retroactivo, es decir que todos los celos que deberías haber sentido a lo largo de estos años surjan de repente.

Su mirada de alarma motivó una explicación:

─En los test previos que te hicimos cuando viniste a consultarnos, vimos que tenías una gran resistencia psíquica. Eres una mujer muy centrada.

La joven sonrió satisfecha.

─¿Entonces me pueden operar?

─Si estás dispuesta, sí. Mi deber es hablarte de todos los efectos secundarios que puede acarrear la operación, ya sabes, ponerme seria.

─Casi me han dado ganas de salir corriendo.

La cirujana hizo un mohín simpático antes de añadir.

─Yo de ti no me preocuparía, podrás controlar lo que te suceda. Verás qué bien te sientes y cuánto se alegra tu chico.

Ella suspiró contenta y se prestó a seguir los pasos para ser introducida, mediante hipnosis, en el quirófano.

La operación duró un poco menos de lo habitual, pues los celos tenían su espacio en el cerebro, libre de otros sentimientos que hubiese que sustituir.

Cuando concluyó, Verónica salió a la calle con su nuevo implante, impaciente por mostrárselo a Daniel.

El día transcurrió y las luces de la calle se encendieron.

Ella caminaba relajada hacia su casa. Estaba muy cansada, pero satisfecha.

Esperaba que de un momento a otro le asaltasen las lágrimas de las que había hablado la doctora, pero en su lugar solo había alivio y una gran satisfacción.

La visita a su novio había sido intensa y cargada de pasión, como él tantas veces le había pedido. Sonrió regodeándose en los detalles, mientras se frotaba de forma inconsciente una mancha de sangre en el borde de la manga.

Dobló la esquina y vio su casa de frente. Las luces estaban encendidas. Todos estaban dentro, sus padres y sus hermanas. Una sonrisa, semejante a la fisura de un volcán, apareció en su cara.

Sus hermanas, aquellas putas rastreras por las que se había quedado sin muñecas de niña y sin novios de adulta.

Una llamarada de impaciencia la impulsó a acelerar el paso. No podía contener el deseo de mostrarles, a todos, su nueva personalidad.

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