¡Hola a todos!
Mi nombre es Aguis, que en la ancestral lengua de los dragones significa Perla Negra (mi padre me lo puso por el tono oscuro, muy oscuro de mi piel y mi pelo azabache), aunque no soy un dragón… o sí… Bueno, lo cierto es que estoy un tanto confusa en cuanto a lo que soy.Se supone que soy humana aunque la verdad es que no sé de donde procedo realmente ni quiénes fueron las personas que me engendraron. Según “mi padre” un día se despertó con dolor de cabeza y bastante irritado al oír los incesantes lloros de un bebé al pie de su montaña. Por suerte para mí, y por alguna extraña razón que aún hoy no he logrado entender, mi padre se apiadó de mí y, en vez de espachurrar al minúsculo bulto que taladraba sus oídos con sus gritos, me adoptó.
Mi padre es un viejo y enorme dragón azul, ¡el más sabio de todos los dragones!, y yo soy una humana delgada e insignificante, pero mis ojos son del color de las escamas de mi padre y en mi corazón yo también soy un dragón (de hecho he sido educada como tal, ¡conozco todos sus secretos!).Resulta que yo era muy feliz viviendo en mi montaña aunque mi papi comenzaba a pensar que no era nada sano para mí seguir allí, aislada. Hacia semanas que le daba vueltas a esa idea cuando un grupo de hombres llegó a la montaña dispuestos a robar los tesoros del Gran Dragón Azul que nadie había visto en años y que se creía muerto.
¡No podéis imaginar el susto que los ladrones se llevaron! Mi padre los tenía entre sus garras antes incluso de que los estúpidos se dieran cuenta de que aquella inmensa criatura aún respiraba. Y sus caras al verme…
Ahora que lo pienso todo ocurrió por su culpa. Su presencia, tanto mi desconcierto como el de ellos al verme, terminó de decidir a mi padre. Les perdonó la vida e incluso les permitió llevarse cuando pudieran cargar a cambio de que me llevaran con ellos.
“Es necesario que conozcas el mundo —sentenció mi padre—.Tienes que conocer otros lugares y otras razas. ¡No te quiero por aquí en mucho tiempo! ¡Que no me dejas dormir!”.¿Os lo podéis creer? ¡No le dejaba dormir! ¡Por supuesto que me marché! ¡Que no le dejaba dormir! ¡AHHHH! Aún estoy algo enfadada, viejo reptil dormilón…
Me marché de mi hogar y a las primeras de cambio dejé a aquella pandilla de ladrones sin escrúpulos. Y ahora vago en solitario por estas tierras… Bueno, ya muy sola no estoy, ¿a que no?
Pero yo sé que mi papuchi me quiere y, aunque prácticamente me dijo que le molestaba, no iba a dejar que me fuera totalmente indefensa. Cuelga de mi cuello un medallón de plata en forma de dragón, cuyos ojos son dos zafiros brillantes y refulgentes, en el que habita la magia del espíritu. En mi corazón soy un dragón y, cuando invoco el poder del colgante, el magnífico espíritu de un hermoso dragón azul me envuelve. Éste es casi insustancial, casi transparente, y yo permanezco en su interior, protegida y poderosa, pues mi espíritu dragón no tiene nada que envidiar a un dragón de verdad. Así que… ¡como alguien malo, malito, se meta conmigo durante mi viaje le haré cosquillitas con una de mis garras!
