Gornavalar nació, como todos los dragones, rodeado de sus hermanos en un nido enorme que sus padres habían construido dentro de una cueva en las estribaciones de una cadena volcánica. Y, aunque fue el último de su camada en romper el cascarón, enseguida se vio que no era un dragón común.

Creció fuerte y sano. Pronto se convirtió en uno de los voladores más veloces de su clan y no era extraño ver que acompañaba a ejemplares de más edad a cacerías nocturnas para llevar comida a los ancianos e impedidos.

En una de esas noches, Gornavalar se alejó del grupo de caza y se adentró en un territorio que los más sabios consideraban vedado y maldito para su raza. Pero la sangre joven y la curiosidad pudieron más que todas las advertencias. El dragón divisó un rebaño de antiliopes enormes dentro de una cerca y pensó que sería buena idea atrapar unos cuantos. No contaba con que aquellos animales pertenecían a un poderoso hechicero que siempre vigilaba sus posesiones.

Tras una lucha casi de igual a igual, y cuando parecía que Gornavalar saldría vencedor, el hechicero lanzó un conjuro que lo dejó inconsciente. Cuando volvió en sí, se encontró transformado en enano.

El dragón creyó enloquecer. Se encontraba encerrado dentro de un cuerpo achaparrado y paticorto. Su alma se sentía atrapada en un recipiente demasiado pequeño. No había ni rastro del hechicero. Tardó dos días en volver, en los cuales descubrió con cierta esperanza que, al menos, aún poseía su fuerza y su capacidad mágica. Pero eso no bastó para que sus congéneres no lo repudiaran y lo obligaran a exiliarse.

Durante treinta años vagó por los confines del mundo con una única obsesión: localizar al hechicero y obligarle a que le devolviera su aspecto. En muchas ocasiones creyó tenerlo cerca, pero cuando al fin dio con él, en un reino enano escondido del resto de la civilización, la guerra que había estallado entre los enanos de aquel lugar y los ogros provocó una tremenda explosión de poder mágico que destruyó gran parte de la caverna donde se asentaba el reino enano y provocó grandes secuelas en los que allí se encontraban.

Gornavalar se despertó tras la explosión aturdido, junto al cadáver de un humano que parecía un hechicero, pero al que no conocía. No sabía dónde estaba y, lo que era más preocupante, ni siquiera sabía quién era él.

 

Así nació Gornon, un enano extraño para los de su raza, con una fuerza sobrenatural, que sabe que su sitio no está con sus congéneres y que lleva casi mil años sintiendo una extraña opresión.